domingo, 23 de febrero de 2014

Coche nuevo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 febrero 2014
Coche nuevo
-¿Por fin  has estrenado el coche?
-Sí, es su primer viaje, que lo de antes fueron andaduras. En la autopista, lo puse a ciento cuarenta y tan tranquilo. Aunque está en el rodaje, quería marcha. Va mejor corriendo que si lo llevas del ramal diciéndole “so”.
-¿Qué quieres decir?
-A las caballerías se les dice “arre” cuando quieres que anden y “so” cuando les mandas parar. Su vocabulario es escaso, pero esas palabras las entienden. “Arre, burra” y el animal, alegre, se pone a correr; “so, mula”, y se detiene. Por eso, si el motor le permite ir a doscientos, agradece la velocidad.
-¿No sería mejor en los coches limitar la velocidad? ¿No permitir que pasaran de cien por hora?
-Yo lo pensé como tú, pero creo que habría los mismos accidentes. El coche puede ser de la velocidad que quieras y el conductor de la que deba. Si es novato, que vaya despacio; si experto a más velocidad. Pero que sea él el que decida.
-Es que hay tantos accidentes…
-La culpa no es del coche. Si este hablara diría: “Cómo no te la vas a pegar si conduces beodo? ¿Cómo vas a doscientos si no sabes ir a cien? ¿Cómo hablas por el móvil conduciendo? La culpa de los accidentes, Antón, es de quien conduce..
-Es que hay peligros por parte del coche: el reventón de una rueda, bloqueo de la dirección, el freno que no funciona…; por parte del conductor: sufrir un desmayo, ir a más velocidad que te marca la autopista, hablar por el móvil…;  por parte de otro: tú puedes conducir con los cinco sentidos puestos en lo que haces, pero no podrás evitar que un animal se cruce en tu camino o que otro coche  se estrelle contigo.
-Ante este peligro solo cabe rezar a San Cristóbal, patrón de los conductores. 
-Es que puedes ir por el monte, se cruza un ciervo y ¿qué haces? Con suerte te paras a dos metros, pero puede ocurrir que un volantazo te lleve al precipicio. Mi amigo dice que ante tantos peligros, prefiere los taxis y los autobuses, ¿tú qué dices?
-Que lleva razón, pero es tan bonito conducir… En la vida hay que correr riesgos. El que juega al fútbol podía decir lo mismo: “Me puedo romper una pierna”. El que vuela en avión: “¿Y si se estrella?”. La vida está llena de peligros y a nosotros toca lidiar. ¿Por qué tenía que librarse el coche?”.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 22 de febrero de 2014

El paro.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 febrero 2014
Fragmento
-El gran problema que tenemos en España, Damián, es el paro: miles y millones de personas sin tener a dónde ir a trabajar.
-Es que si las minas no dan carbón, Modesto, ¿qué hacen los mineros picando en ellas?; si una empresa no produce como antes, ¿tendrá que reducir plantilla?; Si con máquinas se obtienen mejores resultados y a menor coste, ¿qué puede hacerse sino despedir obreros?
-Ese es el gran problema nacional, Damián, que no hay trabajo.
-¿Y qué puede hacerse con tantos parados?
-Hay que buscar una solución que no sea buscar trabajo donde no lo hay. ¿Cómo va a dar trabajo a gruistas una empresa, si no hay obras que pidan las grúas? ¿Cómo va a dar trabajo una empresa a quienes se ocupaban en examinar la calidad de los materiales en las obras, si no hay quien construya una casa o simplemente haga un remiendo? ¿Cómo va a dar trabajo a un pintor, si no no hay nada que pintar? ¿Cómo…? Lo que hay que ver es cómo ocupar a los parados en otras necesidades.
-Verdaderamente las máquinas, Damián, fueron una revolución: de pronto aparecieron y ocuparon puestos de trabajo que antes ocupaban los hombres.
-Vamos a ver, ¿cómo siguen trabajando los hombres por no dejarlos sin trabajo donde no hacen falta? ¿Se va a prescindir de las máquinas si hacen en menos tiempo y mejor lo que antes hacían los hombres? Lo sensato será sentarse a dialogar en una mesa y ver lo que procede sin que haya perjuicio para nadie. Si antes había un campanero en cada iglesia y ahora una máquina lo sustituye, ¿qué se puede hacer con el campanero sino darle otra ocupación en la iglesia para que siga con el sueldo?
-De sacristán, por ejemplo.
-Los Bancos creo que fueron los primeros en tener que reducir plantillas, porque las calculadoras rompieron moldes y sobraba personal. ¿Quién podía competir con los ordenadores nuevos? Nadie se explicaba que una máquina hiciera cuentas con tal rapidez ni que se llevara un libro  con su Debe y su Haber por cada cliente; pero el hecho es que estaba allí, aunque no lo creyeran. Había que despedir a empleados.
-¿Y cómo lo resolvieron, Damián?
-Los fueron jubilando con edades impensadas antes: a los cincuenta a sus casas. En las demás empresas se podía hacer lo mismo: a jubilarse pronto y a dejar puestos libres a los jóvenes.
-¿Y si aún así sobraba gente?
-Pues que se bajara a los cuarenta, Modesto, la edad de la jubilación. El caso era reducir el paro. Los tiempos nuevos demandan medidas nuevas. Y donde no se pueda, a desdoblar. Me refiero a la enseñanza por ejemplo: un profesor de mañana y otro de tarde.
-A lo mejor, Damián, así faltaba gente.
-Yo tendría en mente lo que haría un padre en su casa con familia numerosa. Lo último sería dar trabajo a la mitad y la otra mitad que no comiera. Sería más lógico y natural repartir entre todos lo que hubiera en tiempos de bonanza como en tiempos de penuria.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 21 de febrero de 2014

Metralla. Viajes. Defraudar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 febrero 2014
Fragmentos

METRALLA
            En las relaciones humanas debemos ser muy prudentes. Sobre todo en el hablar. Debemos ser cautos en lo que decimos. Nuestras palabras pueden ser  metralla que se vuelva contra nosotros, aprovechadas por otros para injuriarnos o destruirnos. Por eso, cuánto vale la prudencia en el decir.

            La vida está complicada, los ánimos exaltados, los nervios a flor de piel. Vivimos peligrosamente juntos. Es fácil rozar con los demás. En el encuentro surgirá la palabra, el grito, la ofensa, si no se pasa a la acción. Los nervios quedan sueltos y las pasiones descontroladas.

            Yo diría que debemos salir de casa con cuidado de no decir nada  innecesario. Con suma cautela de no ofender a nadie. Con prudencia. Respetando los territorios que no sean nuestros. En la vida es importante saber no pasar de ciertos límites.

VIAJES

            Hace tiempo, años, me dí cuenta de la importancia de los viajes para los jóvenes. Entonces se viajaba menos. Había menos medios, menos interés quizás. Pensé que el viaje era necesario en su formación, como una escuela viva para conocer mejor la sociedad. Lo escribiría en alguna parte. Ir un joven solo a otra población a comprar algo, a visitar a un amigo, o simplemente a ir y regresar, implicaba salir del campo magnético de la familia, vivir por su cuenta.

A la vuelta de los años, la gente ha comprendido, como yo entonces, que viajar es formativo. Tan corriente es hoy viajar que nadie ya repara en que los adolescentes vayan y vuelvan de un lugar a otro. Hay coches, trenes, barcos, aviones, que cumplen diariamente la función de trasladar a las personas. Los que viven en la costa van al interior; los del centro van a las playas; los de España visitan Francia; los de Londres, París. El mundo ya ha perdido las distancias, y la gente viaja por placer unas veces, por saber otras, pero no cesa de viajar. En grupos o solos. Hombres o mujeres. Viajar por España hoy, por Europa o por el mundo, es como cambiar de habitación en la propia casa.

DEFRAUDAR

-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!
-Y lo que no se dice, Antón. Cada casa tiene su problema con la dichosa crisis, que nos ha caído del cielo como una maldición.
-En cambio, he sabido que en Bancos suizos o “Paraísos fiscales”, hay cuentas millonarias de españoles. ¿Por qué se llevarían allí el dinero?
-Es claro: por defraudar a la Hacienda pública. Y en esa lista hay nombres tan conocidos como…
-Como quiénes…
-Mejor no decirlos, Antón.
-Sería bueno que se conocieran.
-¿Qué quieres, otra Guerra? No, déjalo así. Que haya paz aunque sepamos quiénes son corruptos, y con su pan se lo coman. Mejor será no caer en provocaciones y no ver, viendo, hasta que el horizonte se despeje, que no hay mal que cien años dure. Ya Jesús dijo: “Si te dan en una mejilla, pon la otra”. Y en este caso equivale a: “Si te va mal, aguanta; pero no te rebeles”. Vivimos en momentos críticos: o se rompe el dique y todo se va al traste, o se aguanta con más paciencia que Job, comiéndose la rabia, hasta que se vaya la nube que se cierne sobre nosotros.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 19 de febrero de 2014

Diplomacia. Voluntad. Dominarse.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 febrero 2014, miércoles, San Julián
Fragmentos:

Diplomacia
            En la vida hay que ser diplomáticos. La diplomacia en las relaciones humanas no es servilismo ni hipocresía. Es, más bien, el lubricante que mejora el rodamiento. Las personas diplomáticas quedan bien ante los demás. Pero ese quedar bien es fruto de una mente despierta, de prever las situaciones y de afrontarlas con tacto.
El hombre diplomático jamás se enfrenta airado a su enemigo. Sabe sonreír,   no pierde la calma, ni muestra sus intenciones. Quizás esté la clave de la diplomacia en esconder con siete llaves el yo íntimo, mostrando serenidad, alegría, aplomo, aunque esté lejos de sentirlos.

Voluntad
            Un hábito se crea con la repetición de actos. Si la actividad es agradable, el hábito no cuesta; si lo que hacemos desagrada, el hábito es más difícil de adquirir. Lo importante es guiarnos por la razón. Que ésta nos marque lo que debemos hacer, y luego ser inflexibles en su cumplimiento.
Escribir algo cada día crea hábito. Escuchar un curso de otro idioma, lo mismo. Si con ayuda de la voluntad cumplimos lo ordenado por la razón, nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos y, en definitiva, seremos felices. 
El hábito es constructivo si nuestros actos están conformes con la razón; en caso contrario, el hábito que se crea es negativo, como beber, fumar o jugar. El hábito de escribir es bueno. Pienso en Amiel, descubierto por Marañón. Cuántos ratos agradables pasaría con su diario, cuántos momentos felices.    

Dominarse
La gente se altera fácilmente, pierde los estribos, y grita. Es cosa de los nervios.  Qué importante es amarrar con fuerza las bridas de nuestras pasiones, ser dueños de nosotros mismos, saber dominarse. A veces cuesta, pero ganar es vencer. Guerra, pues, a perder los estribos.
            En los colegios tenía que enseñarse comportamiento social. Había de enseñarse a dominar los nervios desde pequeños. Saber reportarse, sonreír siempre, no perder los estribos, es de capital importancia en las relaciones humanas.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 18 de febrero de 2014

Adolescentes.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 febrero 2014, martes
ADOLESCENTES
Difícil trance para los niños y niñas es su adolescencia, su pubertad: Sueños, fabulaciones, tristezas, complejos… Mundo revuelto, confuso, complicado, el suyo. Es cuando más necesitan a sus padres.
Los padres que logran ser confidentes de sus hijos o de sus hijas, en los que encuentran sinceridad, son el mejor bálsamo o solución a sus problemas.
Los adolescentes necesitan de un amigo, de un compañero leal, de un consejero. Necesitan comprensión a sus tristezas, a sus amores, a sus preguntas.
El padre o la madre que grita al hijo adolescente, no puede ser amigo suyo, ni, menos su confidente. No lo ha comprendido. Este niño y esta niña cruzan un momento difícil de su vida que  y necesita, que suplica ayuda.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 17 de febrero de 2014

Yo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 febrero 2014, lunes, S. Silvino
YO
Yo pienso, yo escribo, pero ¿dónde me encuentro? Qué palabra tan corta y tan misteriosa. Cada persona tiene su yo diferente. ¿Cómo piensan?, ¿cómo sienten?, ¿cómo son? Yo existo, qué duda cabe. Veo que hay cosas fuera de mí, a mi alrededor; y dentro siento latir mi corazón, siento que respiro, que tengo huesos, músculos, venas... ¿Pero dónde estoy para ver, para sentir? En los pies seguro que no; en las manos tampoco; en la cabeza, sí, estoy en mi cabeza. Siento que se encuentro arriba, que reside en esa parte de mi cuerpo.
Pero, vamos a ver, yo siento también que pienso; yo pienso, yo siento. Yo me doy cuenta de que estoy aquí pensando, entre cosas, escribiendo. Y sé lo que hice ayer y antes de ayer. ¿Dónde estoy yo pensando que pienso?, ¿en la maraña de mi cerebro?; ¿desde dónde veo yo que ayer pensé y que lo haré mañana y que lo hago hoy?, ¿dónde está ese yo?
Pero, ¿a quién busca?, ¿es acaso otro yo dentro de mí? Si yo me busco es que ese yo primero existe aparte del otro yo que es buscado. Resulta, pues, que en mí hay tres yoes distintos. Uno superior, juez de mis actos; otro, ayudado por la voluntad, que busca hacer el bien; y un tercero, más íntimo, que encuentra dificultades para manifestarse como quisiera, como a él le gustaría.  Que en mí van tres, no tengo duda: dos que discuten y otro que juzga, dije ya en otra ocasión.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

sábado, 15 de febrero de 2014

Sorpresas.

Litesofia –entre literatura y filosofía-, 15 febrero 2014, sábado, S. Faustino
Sorpresas  -fragmento-
            Cada día es una hoja en blanco que tenemos que vivir. Hay que pasarlo para conocerlo. Pensamos que no va a traer nada nuevo, desconocido, pero nunca sabremos lo que tiene reservado en algún rincón, en un segundo determinado, hasta que no lo pasemos, hasta que  no lo veamos con perspectiva de  pasado.
Puede haber noticias agradables inesperadas, como eventos desagradables impensados: La vida es complicada en su aparente simplicidad, y cada acontecimiento tiene relación con hechos para nosotros desconocidos. Luego ocurren cosas que no nos explicamos, y, sin embargo, vemos a posteriori que por una serie lógica de imbricaciones de todo tipo, no han podido ser de otro modo.
            Es curioso, y hasta agradable, pensar que la vida nos reserva sorpresas; que vivimos pendientes de sucesos insospechados; que esperamos algo nuevo cada día, que vivimos esperando siempre una sorpresa. Aceptar como inevitable, tanto lo bueno como lo malo, no es mala filosofía. Es hasta divertido y consolador.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia