lunes, 27 de enero de 2014

Juntar dinero.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 enero 2014, lunes
Fragmento

-Oí el otro día, Samuel, que un escritor tenía más de treinta doctorados,
-¿Cómo va a tener alguien tantos doctorados, Julián? No haría más que presentarse a tribunales.
-Hay personas para todo, Samuel. A unos les da por juntar dinero y a otros por estudiar.
-Los hay raros en la fauna humana, Javier. ¿Y para qué querrían tanto dinero? Serían enfermos de avaricia, porque no me explico que habiendo necesidad en otros países, pudieran vivir tranquilos.
-¿Dices en otros países? En el suyo propio. Y no tenían que buscar mucho; en su misma calle se encuentran. Si observaran verían que miran los contenedores por si encontraban algo que llevarse a la boca. Entre diez o doce de estos enfermos de avaricia, tienen más que el resto de los mortales del país.
-Yo tenía la solución para esos ricos, Samuel.
-¿Qué harías, Julián?
-Cerrar por ley sus cuentas del Banco y dejarlos más limpios que una patena. Un sueldo para comer, y se acabó lo que se daba.
-Pero si lo ganaron trabajando…
-¿Quién gana trabajando ese dinero, Samuel? No hay derecho a que unos no coman y otros guarden riquezas millonarias que heredaron de un pariente filipino. En los Títulos está justificado, si no perjudican a nadie: con su pan se lo coman; otros coleccionan estampas, sellos o monedas;  pero juntar quintales de oro en un Banco de Australia habiendo niños hambrientos, hasta ahí podíamos llegar.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 26 de enero de 2014

El cine.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 enero 2014, domingo
Fragmentos
            El cine estaba lleno de niños y de padres. Era una venta disfrazada. Si quieres, una venta refinada.
Antes, los libreros exponían sus artículos en escaparates. Luego abordaron al cliente en su casa, en el hotel, en la oficina. Hasta fueron a los colegios, con obsequio incluido a los maestros.
Lo de ayer era más: un ambiente cómodo -el cine-, un público seleccionado –padres y niños-, y una película con mensaje:  "El niño es lo primero".
Y, ¡zas!, en el momento justo, luces en la sala y a ofrecer la mercancía. Señoritas elegantes abordaban a los papás con libros para vender y hojas para firmar.  
El cine se convirtió en un supermercado, donde los clientes, aturdidos, diría que hipnotizados, compraban libros.
……………….
            ¿Maestro con título? Sí, pero, sobre todo, con paciencia y amor. ¿Qué buscamos con el niño? Que sepa leer. Pues paciencia y amor. "Mamá". "Repite". “Mamá”. "Ahora yo: Mamá". "Dí conmigo": “Mamá”. "Yo primero: mamá". "Ahora te toca a ti". "Vamos a leer. Yo primero y tú después, como si fueras el eco: Mi pelota”, “mi pelota". “Mi pelota bota”. “Aquí dice que mi pelota bota”. Ríen los dos. "Vamos a dejarlo; mañana más".
……………….
            La atmósfera es un mar de aire. Nosotros vivimos en el fondo de ese mar. Y construimos casas pegadas a las rocas. No podemos construir fuera; sólo  en lo más profundo. Miramos hacia arriba. “¿Qué habrá más allá? Somos como peces que quisieran saber qué hay fuera del agua. En el intento perecerían.   

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 23 de enero de 2014

Aporía 2.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 enero 2014, jueves, S.Ildefonso
Aporías –A mi querido amigo Francisco Rubio

Murcia, las diez, en mi camarín. He vuelto a leer lo que escribí ayer sobre el tiempo. Quienes me hayan leído, habrán pensado que he perdido el juicio. Y es que hablar del tiempo se las trae. ¿Me quieres decir si no es para pensar que ayer dijera que el presente no existe? ¿Qué lo veo como una puerta por donde pasa el futuro?; ¿donde se juntan futuro con pasado?

Una línea no es un punto, ni una superficie; menos un cuerpo, con tres dimensiones. Una línea es solo longitudinal. Es la puerta por donde cruza lo que viene para ser pasado en adelante. Esa raya, que sería el presente, no tiene más dimensión que largura. Cuanto llega se convierte en pasado, en pretérito. En esa línea angostísima, estrechísima, que sirve de paso, estaría el presente.
Sin solución de continuidad, la vida que nos lleva pasa del futuro al pasado sin advertir el presente. Cierra los ojos y mira el planeta Tierra, que gira alrededor del Sol. ¿Ves algo más que futuro por llegar o que pasado que ya fue? ¿Hay en su camino un punto, solo un punto, que pueda ser presente? Si se detuviera, la Tierra se destruía.

Y ahora me pregunto: Si no hay presente, si el futuro no es todavía y el pasado se perdió por obsoleto y arcaico, ¿qué nos queda? ¿Será lo que vemos un sueño como dijo Calderón? ¿Será real lo que ven los sentidos o será pura ilusión? Yo sueño que escalé en Sierra Nevada, ¿es acaso real porque lo soñara?

De pronto vi la solución. Me vi en medio de una masa humana, formando parte de la vida que nos llevaba como en romería. Todo se transformaba en presente, para poder contemplar lentamente las bellezas que se mostraban a nuestra vista, para meditar sobre las mismas.

Pensé en un tren a mucha velocidad. Los viajeros dentro del convoy hablaban y veían pausadamente cuanto les rodeaba; y hasta miraban al exterior cuajado de estrellas y de mares, sin pensar en pasados ni futuros. Como el viajero del planeta, todo lo miraban en presente, en el momento que vivían.

¿Cabían las dos postura? Me detuve a pensar de nuevo. Vi que de dos maneras diferentes, y hasta opuestas, cabía enfocar el problema. Si yo me encontraba como observador objetivo de la vida, como el que la ve pasar  desde un balcón, era de una forma. Si yo estaba dentro, formaba parte de la misma, se veía de otra. Desde fuera veía la vida sin presente. Formando parte de ella, no había futuro ni pasado.

      Francisco Tomás Ortuño, Murcia


miércoles, 22 de enero de 2014

Aporía.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 enero 2014
Fragmento

Murcia, las nueve, en mi camarín. La vida ha vuelto a la normalidad de siempre. Fui a Inacua temprano, desayuné a la vuelta, etc., etc.. Los días que pasé fuera pasaron, y ahora a recordar momentos vividos… y a esperar acontecimientos nuevos.

Si te fijas, todo se reduce a recordar lo que pasó y a esperar lo que venga. No hay más. El presente es tan efímero, que para mí no existe. ¿Cómo hay quien dice que todo es presente? Yo no veo más que futuro o por llegar, y pasado o que fue. La vida no se detiene a descansar en el presente: apenas llega lo que viene, se marcha.

En lo pasado tiene que haber memoria para recordar que fue, que existió. El futuro, lo que no ha llegado aún y viene de camino, puede perderse, cambiarse o combinarse y dar lugar a otra cosa. Tú esperas a Juan y a lo mejor no llega por diversas circunstancias. Pero si llega se fija, se afianza, se asegura para siempre como era cuando cruzó el presente. Lo pasado no puede cambiar.

Las nueve campanadas me llegan del reloj de la torre. Cuando yo oigo las nueve campanadas, es que ya sonaron en el reloj de la torre. Si el sonido corre trescientos cuarenta metros cada segundo y la torre está de mí doscientos metros, resulta que cuando yo escucho las nueve campanadas han pasado cuarenta y dos centésimas de segundo; o sea, que son las nueve horas y cuarenta y dos centésimas de segundo.

-Pero ¿qué cálculos haces, si cuando lo dices han pasado otras centésimas más de tiempo? No puedes nunca saber la hora exacta si te guías por el reloj de la torre de la iglesia de San Antolín. Cuando tú oyes sus campanadas, allí ya es otra hora.

-¿Qué no será distinto en el avión que lleva a mi hijo a Panamá o que lo trae? Si me fuera posible oír aquí, en Murcia, la hora que suena en Panamá, ¡cuántos cálculos tendría que hacer para saber la hora panameña! Tendría que saber a qué velocidad iba el avión y si iba en una dirección o en otra. Porque si me acercaba a las campanas de Panamá que daban la hora, tendría que restar camino, y lo contrario si venía a España.

Aporía es la dificultad lógica que ofrece un problema. Ya conoces las de Zenón…

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de enero de 2014

Libertad.

  1. LIBERTAD
    Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 enero 2014, martes, Sta, Inés
    Libertad
                El mundo de los niños es singular. No tratarlo como tal es forzar su naturaleza infantil.. Cuando en la escuela hay silencio absoluto, impuesto por el maestro, pienso que los muelles están tensos, prestos a saltar. El silencio conseguido con el ¡chist! a cada instante, o la amenaza del castigo, habla de disciplina artificial; lo opuesto al silencio que nace del trabajo, de la misma quietud creadora.
                Si a los niños les mandas que estén calladoss, ya se obtiene un silencio artificial. Si les ordenas que estén sentados, o leyendo un libro, ya estás creando otro silencio artificial. El niño no puede estarse como le digamos los mayores. Su naturaleza se rebela. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural y deformante.
                Dejemos libre al niño, que esté sentado o de pie, que juegue o que lea, solo o acompañado; veremos que pronto se ocupa en algo, pero en algo escogido por él mismo. Entonces se produce un silencio de taller, otro silencio. Esta es la disciplina que ha de buscarse, la que nace de la libertad y se desarrolla libremente, sin miedos ni tensiones.
                                                                                      Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 20 de enero de 2014

Reposo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 enero 2014, lunes
            Por el sueño podemos conocer la salud de una persona. Cuando se duerme mal, algo no va bien. Nadie puede vivir sin dormir. Es el descanso del organismo, del cerebro. Así de simple. Cuando dormimos bien nos mostramos alegres. Cuando nos sentimos irritados, crispados, coléricos, puede ser que estemos faltos de un sueño reparador.
A muchos que gritan o se excitan sin motivo aparente, yo les diría en confianza: "¡Vete a dormir!". Y es que el cuerpo debe segregar alguna hormona traviesa que enferma, y necesita del sueño para librarse de ella.
            Niños que duermen, niños felices; mayores que no duermen, mayores preocupados. El sueño guarda, sin duda, relación estrecha con la salud de la persona: forma parte de la misma como el comer o el respirar. Es el cuerpo como una máquina: después de cierto tiempo de trabajo, necesita reposar; de lo contrario, su mecanismo se resiente.
Unas máquinas necesitan menos horas de reposo que otras. A las personas les ocurre igual: Seguir sus ritmos de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente y lo más rentable. No cabe sino seguirlas según vayan pidiendo. Ni exigir más de lo que puedan dar ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado.
            Según esta idea, que coincide con los ritmos biológicos, cada persona es distinta de las demás. Y cada persona debe ir por la vida a su ritmo. De lo contrario puede forzar su funcionamiento, puede estar perjudicándola o destruyéndola poco a poco.
¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en nuestras manos? ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué se destruye nuestro cuerpo? ¿No será que desde muy temprano le hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: Contratos de trabajo, no horarios por igual para todos los trabajadores.
El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera acoplar los ritmos personales a los trabajos a realizar. Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y este punto es tan importante que bien puede valer la pena de considerarlo en serio.

                                                                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 16 de enero de 2014

Razón.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 enero 2014, jueves, San Fulgencio
Fragmentos
Razón
            La razón debe ser nuestra guía. Si hay desacuerdo entre la razón y los sentimientos, no dudemos en hacer lo que nos dicte la primera.
La razón marca caminos; sea ella nuestra mejor consejera. Por ella el hombre se diferencia de los demás animales.
Contra avaricia, lujuria, ira, soberbia y demás pecados capitales, debe imponerse la razón, ayudada por la voluntad. Aunque vencer sea difícil, heroico
muchas veces, en el triunfo está la felicidad.

            Día otoñal habemus. Mas lo de menos es que sea fresco o que fuera caluroso. Lo importante es que es un día irrepetible.  Un día que pasará a la historia como una estrella fugaz.
¿No causa pavor pensarlo? Un día que se perderá para siempre en el camino, en el polvo de los espacios. Un día, con vida de un día, que nos ha correspondido a nosotros, solo a nosotros, a los que somos  aquí y ahora.
Saludémoslo con alegría, hagámosle grata su vida corta para que tenga el mejor recuerdo. Un día, tan importante para él sus veinticuatro horas, y que dependa de nosotros su felicidad.
¿Hemos pensado que nosotros, todos, cada uno, somos también, como los días, únicos e irrepetibles en el tiempo? 

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia