miércoles, 22 de enero de 2014

Aporía.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 enero 2014
Fragmento

Murcia, las nueve, en mi camarín. La vida ha vuelto a la normalidad de siempre. Fui a Inacua temprano, desayuné a la vuelta, etc., etc.. Los días que pasé fuera pasaron, y ahora a recordar momentos vividos… y a esperar acontecimientos nuevos.

Si te fijas, todo se reduce a recordar lo que pasó y a esperar lo que venga. No hay más. El presente es tan efímero, que para mí no existe. ¿Cómo hay quien dice que todo es presente? Yo no veo más que futuro o por llegar, y pasado o que fue. La vida no se detiene a descansar en el presente: apenas llega lo que viene, se marcha.

En lo pasado tiene que haber memoria para recordar que fue, que existió. El futuro, lo que no ha llegado aún y viene de camino, puede perderse, cambiarse o combinarse y dar lugar a otra cosa. Tú esperas a Juan y a lo mejor no llega por diversas circunstancias. Pero si llega se fija, se afianza, se asegura para siempre como era cuando cruzó el presente. Lo pasado no puede cambiar.

Las nueve campanadas me llegan del reloj de la torre. Cuando yo oigo las nueve campanadas, es que ya sonaron en el reloj de la torre. Si el sonido corre trescientos cuarenta metros cada segundo y la torre está de mí doscientos metros, resulta que cuando yo escucho las nueve campanadas han pasado cuarenta y dos centésimas de segundo; o sea, que son las nueve horas y cuarenta y dos centésimas de segundo.

-Pero ¿qué cálculos haces, si cuando lo dices han pasado otras centésimas más de tiempo? No puedes nunca saber la hora exacta si te guías por el reloj de la torre de la iglesia de San Antolín. Cuando tú oyes sus campanadas, allí ya es otra hora.

-¿Qué no será distinto en el avión que lleva a mi hijo a Panamá o que lo trae? Si me fuera posible oír aquí, en Murcia, la hora que suena en Panamá, ¡cuántos cálculos tendría que hacer para saber la hora panameña! Tendría que saber a qué velocidad iba el avión y si iba en una dirección o en otra. Porque si me acercaba a las campanas de Panamá que daban la hora, tendría que restar camino, y lo contrario si venía a España.

Aporía es la dificultad lógica que ofrece un problema. Ya conoces las de Zenón…

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de enero de 2014

Libertad.

  1. LIBERTAD
    Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 enero 2014, martes, Sta, Inés
    Libertad
                El mundo de los niños es singular. No tratarlo como tal es forzar su naturaleza infantil.. Cuando en la escuela hay silencio absoluto, impuesto por el maestro, pienso que los muelles están tensos, prestos a saltar. El silencio conseguido con el ¡chist! a cada instante, o la amenaza del castigo, habla de disciplina artificial; lo opuesto al silencio que nace del trabajo, de la misma quietud creadora.
                Si a los niños les mandas que estén calladoss, ya se obtiene un silencio artificial. Si les ordenas que estén sentados, o leyendo un libro, ya estás creando otro silencio artificial. El niño no puede estarse como le digamos los mayores. Su naturaleza se rebela. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural y deformante.
                Dejemos libre al niño, que esté sentado o de pie, que juegue o que lea, solo o acompañado; veremos que pronto se ocupa en algo, pero en algo escogido por él mismo. Entonces se produce un silencio de taller, otro silencio. Esta es la disciplina que ha de buscarse, la que nace de la libertad y se desarrolla libremente, sin miedos ni tensiones.
                                                                                      Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 20 de enero de 2014

Reposo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 enero 2014, lunes
            Por el sueño podemos conocer la salud de una persona. Cuando se duerme mal, algo no va bien. Nadie puede vivir sin dormir. Es el descanso del organismo, del cerebro. Así de simple. Cuando dormimos bien nos mostramos alegres. Cuando nos sentimos irritados, crispados, coléricos, puede ser que estemos faltos de un sueño reparador.
A muchos que gritan o se excitan sin motivo aparente, yo les diría en confianza: "¡Vete a dormir!". Y es que el cuerpo debe segregar alguna hormona traviesa que enferma, y necesita del sueño para librarse de ella.
            Niños que duermen, niños felices; mayores que no duermen, mayores preocupados. El sueño guarda, sin duda, relación estrecha con la salud de la persona: forma parte de la misma como el comer o el respirar. Es el cuerpo como una máquina: después de cierto tiempo de trabajo, necesita reposar; de lo contrario, su mecanismo se resiente.
Unas máquinas necesitan menos horas de reposo que otras. A las personas les ocurre igual: Seguir sus ritmos de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente y lo más rentable. No cabe sino seguirlas según vayan pidiendo. Ni exigir más de lo que puedan dar ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado.
            Según esta idea, que coincide con los ritmos biológicos, cada persona es distinta de las demás. Y cada persona debe ir por la vida a su ritmo. De lo contrario puede forzar su funcionamiento, puede estar perjudicándola o destruyéndola poco a poco.
¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en nuestras manos? ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué se destruye nuestro cuerpo? ¿No será que desde muy temprano le hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: Contratos de trabajo, no horarios por igual para todos los trabajadores.
El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera acoplar los ritmos personales a los trabajos a realizar. Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y este punto es tan importante que bien puede valer la pena de considerarlo en serio.

                                                                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 16 de enero de 2014

Razón.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 enero 2014, jueves, San Fulgencio
Fragmentos
Razón
            La razón debe ser nuestra guía. Si hay desacuerdo entre la razón y los sentimientos, no dudemos en hacer lo que nos dicte la primera.
La razón marca caminos; sea ella nuestra mejor consejera. Por ella el hombre se diferencia de los demás animales.
Contra avaricia, lujuria, ira, soberbia y demás pecados capitales, debe imponerse la razón, ayudada por la voluntad. Aunque vencer sea difícil, heroico
muchas veces, en el triunfo está la felicidad.

            Día otoñal habemus. Mas lo de menos es que sea fresco o que fuera caluroso. Lo importante es que es un día irrepetible.  Un día que pasará a la historia como una estrella fugaz.
¿No causa pavor pensarlo? Un día que se perderá para siempre en el camino, en el polvo de los espacios. Un día, con vida de un día, que nos ha correspondido a nosotros, solo a nosotros, a los que somos  aquí y ahora.
Saludémoslo con alegría, hagámosle grata su vida corta para que tenga el mejor recuerdo. Un día, tan importante para él sus veinticuatro horas, y que dependa de nosotros su felicidad.
¿Hemos pensado que nosotros, todos, cada uno, somos también, como los días, únicos e irrepetibles en el tiempo? 

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 15 de enero de 2014

Casualidades.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 enero 2014, miércoles, S. Cosme
Casualidades

Murcia, las ocho, en mi retiro. Voy a mi Taco Calendario, que me ayuda a empezar cuando las ideas duermen. “La imaginación es el ojo del alma”, dice su Pensamiento.
-Yo escribí ayer sobre las ideas en mi Soflama. Decía que van en la cabeza y salen como los pájaros de la jaula, si se les abre la puerta; como los toros de los toriles. Y decía que a veces escribes de un tema y te surge otro sobre la marcha. Era la “inspiración”, que llegaba cuando no la esperabas.
-Cuántas obras de la literatura nacerían así, de pronto, cuando el autor no pensaba escribir.
-¿Casualidad?
-Llámalo como quieras, pero nació sin ningún mérito: tropezó en su discurso, reparó en ella, la levantó y la siguió cuando echó a andar de nuevo. ¿Hubiera sido algo la idea sin el atento escritor que salió en su ayuda? No, ella hubiera seguido su camino y se hubiera perdido por la intrincada selva del cerebro.
-¿Mérito del autor? Tampoco. La idea iba en él, pero verla no fue crearla; vestirla no fue producirla. Podía haberla presentado a alguien que no sabía de su existencia: “Te presento a un amigo que nos conocimos ayer”. “¡Hola!, ¿pero es hijo tuyo?”. “No, qué va; lo saqué del maremágnum de lianas, bejucos, enredaderas y matas del bosque cerebral. Pero hijo no es: yo no lo he creado, él existía en mí sin saberlo yo.
-Sin él, yo no sería –protesta el ser rescatado-, él me ha alumbrado. Yo andaba perdido y él me ha sacado a la luz, me ha alumbrado.
-Pero yo no he sido su creador, él existía en mí. ¿Fue acaso Colón el creador de América? El continente existía cuando Colón dio con él y con sus gentes. ¿No sería vanidad desmedida por su parte  pensar que había creado las tierras que encontró? Y yo lo mismo: si encuentro casualmente el germen de una novela, no puedo decir que la creo. Cervantes un día topó con don Quijote, que deambulaba por su cabeza, reparó en él, lo siguió y contó luego lo que le vio hacer. ¿Quién creó a quién? Ninguno sin el otro se hubiera distinguido. Uno, que ya existía, nació por el otro, que lo descubrió; y este no lo hubiera rescatado de no haber existido antes.

-Complicado lo que traes hoy a tu Litesofía. Pienso que quieres transmitir que nadie ha inventado los libros que llevan su nombre pomposamente en el frontispicio.
-Exacto. No hubieran existido si antes no hubieran estado en la cabeza del que los sacó de su mundo.
-O sea que son fruto de la casualidad.
-Tú lo has dicho, tanto como nosotros al nacer. Si yo existo es porque mis padres se conocieron. ¿No es casualidad que entre tantos millones de hombres y mujeres se conocieran ellos para que yo naciera? ¿Buscaban ellos que yo, Yo, naciera? No, nací por casualidad. Mis padres no fueron mis creadores; quizás mis rescatadores de otro mundo que existía, donde yo estaba. Y el cerebro es copia de ese misterioso mundo donde existimos potencialmente y alguien por casualidad nos rescata.
-Vale, vale ya, Jenaro, que te pareces a Platón. ¿Qué dice la hoja del Taco?
-Interesante. Frases de éxito: muchas gracias, por favor, buenos días, te quiero, te felicito… Son oportunas y de efecto inmediato.
-Hasta mañana.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 14 de enero de 2014

Ideas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 enero 2014, martes, San Félix
Ideas
La inspiración revolotea sobre nosotros; mejor, sobre el mundo cerebral, donde se mueven las ideas.
Escribir significa salir de caza para apresar ideas; mirar profundamente nuestro entorno, observar con pasión  acciones cotidianas.
Las ideas surgen, cuando menos se espera, de entre los recovecos de la mente, por el ejercicio a que está sometido el espíritu.
A veces, escribiendo sobre un tema, se da con otro que buscábamos tiempo ha sin encontrarlo, y  se ofrece generosamente. 
El trabajo tiene su recompensa, y el premio del trabajo mental, qué duda cabe, es la inspiración.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 13 de enero de 2014

Petos sin camisa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 Enero 2.014, Domingo



Petos sin camisa



-Murcia, las nueve, aquí de nuevo; el cielo quiere llover.

-Lo dijo ayer el sustituto de Brasero.

-¿Y dónde está Brasero?

-Estará constipado o de vacaciones.

-Las vacaciones acabaron, Julián; debe de ser que ha cogido la baja por enfermedad; hay epidemia de gripe en varias regiones de España.

-¿Y no se libran “los del tiempo”?

-¿Qué tendrá que ver la velocidad con el tocino, Julián? Una cosa es decir si va a llover mañana y otra coger un constipado.

-Sí, pero sabiendo que va a hacer frío o que va a llover, podía quedarse en casa.

-Que no, hombre… Si coge el virus, a guardar cama y que se vaya pronto, ya sea Brasero, Urdangarín, el Rey o Méndez el sindicalista. Todos pueden sufrir el ataque del invisible.

-Claro, estos bichos juegan con ventaja, como no se ven, se cuelan por donde quieren. Yo si pudiera hacía un pacto con ellos.

-¿De qué pacto hablas?

-Como hoy, por lo visto, lo que se piensa puede hacerse, daría a estos virus lo que pidieran si atacaban solo a los malos; si fueran aliados del arcángel San Miguel en su lucha contra el demonio: “¡Atacad esa fortaleza!”, y ellos, a una, que atacaran al individuo.

-¿Piensas en alguien en particular?

-Como has nombrado a Méndez, pensaba en don Cándido, que ya está bien de gastar en langostinos los dineros de Cursos que no se dan. “¡Ahí van cinco millones de euros para formar a los trabajadores!”. Y luego va y se los gasta en relojes y francachelas.

-Pero igual su compañero Toxo: “Diez millones para los obreros pobres de Andalucía”. Y el cara se los gasta en Cruceros por el  Caribe con la señora.

-Pues anda que el yerno real pidiendo para Empresas fantasmas en nombre de su Majestad el Rey y luego gastando en amueblar sus chalés de Mallorca… A esos sí que debería atacar la gripe y no dejarlos salir de casa.

-Pero hasta no haber pagado el último langostino. Nada de cinco años de cárcel y a la calle Tú devuelves lo gastado que no era tuyo o te pudres en la trena.



-Japón, como sabes, es un país modélico, donde antes es el colectivo que el individuo. Así Tokio y otras grandes ciudades, son un modelo de limpieza, orden y seguridad. En Alemania fue lo mismo siempre. Se rehízo pronto de las dos grandes guerras, habiéndolas perdido, porque los ciudadanos tenían conciencia de Patria y trabajaban horas sin cobrar por levantar el país. Pero en España, si no te ven te acuestas, antes que trabajar por otro.

-Y si puedes, a gastar lo que no es tuyo.

-Esto viene de largo, Julián. Ya en los tiempos de Cervantes y la Santa de Ávila, en el Siglo de Oro que llamamos, usaban los caballeros petos, cuellos y puños sin camisa por engañar, presumir y aparentar que se tenía lo que no se tenía.

-La novela picaresca es un retrato de la sociedad que había.

-Y eso de que el sol no se ponía en los dominios de Felipe II, ¿no sería otra fanfarronada?

-Hombre, no desbarres, cada cosa en su sitio. No vas a dudar que el descubrimiento de América fue una gesta española.

-¿No era genovés su descubridor?

-Es broma, Julián: España es así y debemos estar orgullosos de ser españoles. Es el carácter que recibimos cuando Dios nos hizo.

                                                                                    Francisco Tomás Ortuño, Murcia