lunes, 2 de diciembre de 2013

A ordeño y a vareo.

Litesofía –entre literatura y filosofía, 1 diciembre 2.013
Para mis “Diálogos con Benedicto XVI”

Santana de Jumilla, las diez, en el salón. Día “horríbilis” fuera, que aquí, con brasero, que se lo digan a mi gata Sara, que encima de la mesa camilla duerme boca arriba lo larga que es.
Mamá y yo cogimos ayer la oliva de cuatro oliveras; hoy, tras el desayuno, queríamos seguir, pero el viento no nos deja. Oí un refrán en la tele, creo que al hombre del tiempo, que dice: “La oliva, en noviembre, debe estar cogida”, o algo así. Por eso las prisas. Pero tendrá que esperar. Además, que son en total doce oliveras y dos, por lo que sea, no han dado aceituna ni para muestra.
-¿La lleváis a una almazara?
-Eso haremos cuando la cojamos; no toda, que siempre quedará alguna en el árbol. Se esconden entre las hojas y cuando repasas siempre ves más; crees que ya no quedan, vuelves y ves de nuevo. Es curioso.
Leí en el libro de Agricultura de Magisterio, hace ya muchos años, que la oliva se recogía de dos maneras: a ordeño y a vareo. Igual han inventado otras formas nuevas de hacerlo. A ordeño es coger la aceituna a mano, como hemos hecho nosotros, que se van echando en un capazo. Como tienen un peciolo largo, a veces se cogen racimos con cuatro o cinco olivas a la vez. Si se hace la operación con las dos manos, parece que ordeñas una vaca. ¿Vendrá el nombre de la recogida por el parecido? A vareo es dando golpes a las ramas del olivo con una vara. La oliva entonces cae al suelo, donde se han colocado antes esteras.
-Pobres árboles. Cuando llega el tiempo de la recogida, se dirán unos a otros: “A ver si tenemos suerte este año y no nos cogen a varazo limpio, como si hubiéramos hecho algo malo”. Pero, ya digo, a lo mejor han inventado otro modo de coger la oliva. Que ahora vendimian con máquinas, y fíjate lo que será cortar racimos de uvas sin el hocete tradicional.
-A todo llega el progreso humano: calculadoras, ordenadores, móvil…,  y en el campo los tractores para labrar y las máquinas para recoger las cosechas. No me extrañaría que en el olivar haya otra forma de recoger la aceituna. Sobre todo por el vareo, que sin merecerse nada, se castigue a las olivas de ese modo.
-Confidencialmente, te lo voy a decir, Benedicto: Muchas olivas tienen gusano dentro.
-¿Cómo? ¿Qué me dices?
-Sí, sí, hay plagas de bichos que viven chupando sus jugos. Como el fruto no puede defenderse, “aquí estoy para lo que quieras hacerme”.
-Pero, entonces, ¿qué aceite queda para la almazara?
-A muchas llegan gusanos en vez de olivas, no se lo digas a nadie, Benedicto. Allí fue Troya. Allí mueren Sansón y los filñisteos. Claro que buena parte de la cosecha va al mercado para su venta. Por eso yo prefiero ir al Mercado de Verónicas, que tengo enfrente de casa, y comprar un kilo de gordas aceitunas, que esas se libraron de los palos y de los bichos chupópteros. Por lo que la suerte de la oliva es no haber nacido, no haber sido pudiendo ser, porque el viento se llevó la flor antes de devenir en fruto.
-No seas catastrofista: no valoras la vida, Francisco.
-Es que nacer para que vengan los gusanos a comerte en vida y no poder salir corriendo…
-Todos no tienen esa mala suerte.
-Y a los que tienen suerte, que vengan a cogerte con una vara hasta despegarte de las ubres de su madre…
-Puedes librarte de la vara y ser una mano delicada la que te arranque del árbol.
-Y te lleve al molino a triturarte entre piedras para que te salga la sangre…
-No todas, no todas, que otras van al mercado.
-Pero a muchas antes les sacan los huesos, una tortura.
-No a todas, que muchas quedan enteras.
-Con suerte en las aduanas, el final es siempre triturarte entre los dientes de una boca ansiosa por devorarte. Poco más o menos, como todos los seres que vienen al mundo: nacen para sufrir y en el mejor de los casos para acabar muriendo, siendo pasto de los gusanos.
-No desbarres, Francisco: el hombre tiene alma y nace para gozar del Cielo.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 28 de noviembre de 2013

Reglas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Noviembre 2.013, S. Honesto, jueves
Reglas

Pienso en mi querida y maltrecha Gramática. ¿Por qué no se toma en serio? Parece la hermana pobre de las ciencias, a la que nadie quiere. “¡Tú te callas cuando los mayores hablan!”, parece oír a todas horas.

¿Por qué se escribe, por ejemplo, “partisteis” con acento ortográfico y no se le cae la cara de vergüenza al que lo escribe? ¿O “partiésemos” sin tilde? ¿Acaso la primera no es palabra llana acabada en “s”, como puedan ser “listos” o “tontos”, y estas no se acentúan? ¿Acaso la segunda no es palabra esdrújula, como médico o Cáceres, y todas las esdrújulas deben llevar tilde? Yo me indigno ante semejante descortesía. 

Pienso si la propia Real Academia no tendrá su parte de culpa cambiando las Reglas cuando se le antoja. “Ahora así y luego de otra forma porque yo lo mando”. ¿Querrán sus sesudos miembros que nos fijemos más en su trabajo y piensen que diciendo que la disyuntiva “o”, hasta ayer con acento entre números para no confundirla con otra cifra (3 ó 4), ahora irá sin tilde?

Yo mismo he escrito más arriba: “y estas no se acentúan”; como siempre al pronombre “estas” le ponía tilde para distinguirlo del adjetivo, ya dudo de ponerlo como siempre o como ordena la Real Casa.

Palabras nuevas se introducen y palabras desusadas o arcaísmos que vayan fuera, pero las Reglas que se mantengan como están si no hay razones que lo justifiquen. No quieran cambiar España por Hespaña porque en latín era Hispania; ni huevo por uevo porque su origen fue “óvum”. Si entonces se hizo mal, no queramos enmendarlo un siglo después, cuando nadie se lo cuestiona.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Impresiones.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 oviembre 2.013, miércoles
Impresiones
El usted en el trato con las personas es una barrera que impide el acercamiento, la hermandad. Ciertas palabras restan libertad en las relaciones humanas.
Es el caso de papa o papá. El niño dice lo que oye de pequeño. Cuando va siendo mayor quiere cambiar por un papá tímido delante de otros. “¿Qué debo decir?”, se pregunta: “¿papa o papá?”. A veces opta por callar.  
Debía de enseñarse desde que se nace a decir lo que proceda de mayor. Evitaríamos situaciones embarazosas luego, y hasta problemas afectivos.
Con los nombres de las personas lo mismo. De pequeños llamamos al niño Cuco,  Quico, Dani o Milu, y de mayor persiste. Se debía de pensar con más seriedad en estos aspectos, que llegan a influir no sólo en la manera de ser y de actuar, sino que engendran dudas y equívocos.
Hay que pensar que el niño forma su lenguaje en sus primeros años, o meses, o días de la vida. Lo que oye por primera vez le impresiona de tal manera que ya no podrá cambiar. El chino hablaría   español si al nacer lo colocaran en una familia de españoles. 
El niño se programa de pequeño. Las primeras impresiones son decisivas en su vida posterior. Por eso, cambiar el nombre cuando se es mayor no es fácil, ni prudente.
El usted entre personas, como digo arriba, crea barreras y distancias más sólidas de lo que parece. Cuando dos personas se hablan de usted, quiere decirse que no permiten a la otra acercarse a su terreno personal. Lo admito entre desconocidos, quizás, o en los negocios, tal vez. Pero no lo tolero entre los miembros de la familia.
¿Y en los Colegios, Institutos y Universidades? Un profesor no deja de ser un amigo que tiene la ciencia que debe enseñar. Eso no le autoriza a ser adorado con el usted de sus alumnos. Nadie como los profesores y alumnos para llegar a un acuerdo el primer día para tutearse.
La relación entre ambos debe ser de franca amistad y confianza. No es más en ese terreno el profesor que enseña que el discípulo que aprende. Son personas que adquieren el compromiso social de dar unos lo que han adquirido antes y otros de recibirlo. Ya digo: es una relación abierta, amistosa, confiada y alegre, la que debe existir en los centros de enseñanza, si en los Centros reina la normalidad debida y es aceptada por todos, claro.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 26 de noviembre de 2013

Gangrenas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 Noviembre 2.013, martes, S. Conrado
Gangrenas
El cuerpo es un modelo de democracia: Si duele el estómago, el resto se resiente; lo mismo si es un pie o una muela. Un todo que funciona al unísono.. ¿Qué es el Universo? Muchos elementos, astros, que trabajan por el bien del conjunto. Si lo más mínimo fuera por libre, el sincronismo se rompería.
La familia, si te fijas, es también, como el cuerpo, como el universo, un ejemplo de vida comunitaria, donde si algo falla, el conjunto se deteriora. Si la familia no funciona, se nota pronto por su falta de alegría. Hay por desgracia familias tristes –tristes familias-, que necesitan de una revisión.
Las familias tienen sus gangrenas que van poco a poco minando su salud. Si no se curan a tiempo puede llegar su destrucción. Gangrenas pueden ser celos, envidias, rencores, avaricias. Cuando aparece el mal, deben todos acudir a poner  remedio.
Hay veces que es difícil superar una situación adversa.  Cuando un miembro de la familia, por ejemplo, actúa por sistema en contra de la unidad grupal,  debido a imponderables –temperamento, humor, enfermedad-, hay que aceptarlo, aun cuando perjudique.
Ya viene de lejos la disputa: Caín mató a su hermano. ¿Cómo encajarían el golpe Adán y Eva? O sea, que las luchas fratricidas han existido siempre. No veo mejor solución en estos casos que aceptar los hechos como inevitables, y tratar de curarlos con amor. Debe haber siempre caridad más que crueldad y sevicia.
                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia


lunes, 25 de noviembre de 2013

Acoplamientos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Noviembre 2.013
Acoplamientos
 Sin duda que mi amigo añora los tiempos de su juventud. Como él muchos. La juventud se echa de menos siempre, cierto; pero es que,  si fue tan atractiva como mandar en campamentos y desfilar con boina roja y camisa azul, se recuerda aún más si cabe.
Ayer me hablaba con calor de aquellos años. ¿Cómo no, amigo mío? 
El hombre no está preparado para ir cambiando de lugar, de profesión o ambiente. Lo ideal es seguir donde se nace, donde se crece. Por eso, quizás –habría que estudiarse mejor esta suposición-, antes se vivía con más sosiego, con menos infartos y enfermedades nerviosas. Las prisas, los cambios constantes, nos someten a tensiones difíciles de aguantar.
No es un vulgar cambio de chaqueta; más bien un difícil acoplamiento a la nueva situación. Unos no sólo no han sucumbido con el hundimiento de su época y de su ideario político, sino que han sabido destacar en la oposición.  Otros no. Recuerdan su pasado con nostalgia y no viven el presente. ¡Qué de recuerdos en el desván de su memoria!
¿La vida manda en el hombre o al revés? Yo veo que los cambios sociales dependen de nosotros: sin hombres no habría vida social. Sin embargo, observo que nos vemos arrastrados por ese  vendaval, que no sabemos cómo nació pero que nos arrolla. Nos vemos envueltos en la barahúnda, y sufrimos las consecuencias de situaciones que nos son ajenas.
Los niños viven bien lo nuevo –es lo suyo- y ni aceptan ni comprenden otro modo de ser; pero los mayores, apenas si pueden con las formas que se presentan nuevas. No es que lo vean mal, no; sino que no soportan el cambio,  no pueden adaptarse a situaciones tan diferentes. Los desborda. Hay personas que –quizás aparentemente- se hacen con la nueva situación sin deterioro; pero los más, como mi amigo, se quedan en los recuerdos de sus años mozos.
                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia


viernes, 22 de noviembre de 2013

Conjeturas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Noviembre 2.013
Conjeturas
Hasta no hace mucho tiempo, los niños no iban de viaje de estudios con los compañeros de Colegio. Mas era fácil adivinar que llegarían estos viajes. Siempre sabrían mejor lo que era un pantano o un río viéndolos que con explicaciones en el aula, aparte lo que conllevaría el viaje para estos niños de relación, de diálogo, de compartir, de conocer a otras personas.
Lo mismo ocurría con las piscinas y las playas. Por entonces, se echaban de menos estos lugares de reunión que hay ahora. Se intuía que llegaría el momento en que la gente se lanzara en tromba al agua limpia y vigilada de lugares concurridos. ¿Cómo iba a ser normal ir a charcas de aguas estancadas? Por lógica se adivinaba que estas situaciones tenían que cambiar.
En las personas es fácil saber lo que sigue a cada momento: su ciclo vital nos es archiconocido. Pero de la Humanidad, o río humano, conocemos solo el presente y no del todo. Ni sabemos cómo fue durante millones de años ni podemos conocer un futuro que no se ha visto. Como  un niño que se viera solo en el mundo: ni sabría cómo vino a la jungla, ni menos lo que aún estaba por llegar.
La humanidad, como grupo, se pierde en conjeturas y misterios. Con todo, por hechos recientes nos atrevemos a pronosticar el futuro. Como quien ve una piedra lanzada y enfrente un cristal y prevé, décimas de segundos antes, que la piedra va a alcanzarlo y a romperlo en añicos. Esta es la ciencia que llamamos Prospectiva: Conocer lo que va a ocurrir por hechos imaginables casi evidentes.
¿Serían los profetas grandes prospectivistas, Isaías, Ezequiel, Joel, Amós y tantos otros, de quienes cuenta la historia que profetizaron hechos que ocurrieron en la vida del pueblo de Israel? ¿Personas con razonamiento muy desarrollado que  enfebrecidos por un deseo, a la vista de injusticias e iniquidades, soñaran con un  caudillo que los librara de la esclavitud? 

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 21 de noviembre de 2013

Arboleja.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Noviembre 2.013
Arboleja
Ayer estuve en la Arboleja. Fui unos kilómetros en coche por la hermosa huerta que une -o que separa- a Murcia del villorrio. -“Dende Murcia a la Arboleja” se titula un libro de poemas panochos; su autor conocería bien este camino para cantarlo en sus versos-.
Para saber lo que es la huerta de Murcia, nada mejor que ir a la Arboleja. ¡Qué delicia será vivir allí, entre huertos repletos de naranjos! Las viviendas son más chalés que casas de labranza.
¿Quién iba a pensar hace unos años que en las puertas de estas casas, habría indefectiblemente un coche? Las mulas desaparecieron, los carros, los arados... Vinieron los tractores a sustituirlos, los coches, la televisión.
Ver estas barracas huertanas, alegra el corazón; no lo deprime como antes. Los tiempos son otros.  A mí me daban envidia ayer estos huertanos y sus tierras, lejos del mundanal, ideales para una cura de nervios, como un sanatorio.
Sin querer, me acordé de Santana, en Jumilla, cerca del convento. Veía ciertas similitudes, con lo dispar del paisaje. En los dos ambientes encontraba silencio,  naturaleza abierta con estallidos de sol.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia