martes, 19 de noviembre de 2013

Ascética.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Noviembre 2.013, martes
 
Ascética
 
Las personas se dividen en dos clases: buenas y malas, amables o perversas. Las buenas o amables no pueden ser malas; las perversas se reparten, a su vez, entre las que consiguen ser buenas por méritos propios –luchan, se vencen- y las que no pueden, o no lo intentan siquiera.
 
Las buenas son así desde que existen, y hagan lo que hagan serán como son; no pueden ser de otro modo. No hacen mal a nadie, no piensan mal; sólo pasan por el mundo haciendo bien sin proponérselo. 
 
La mística y la ascética.
 
¿Tienen mérito las acciones de estas personas? El valor está en aquellos que se esfuerzan por ser mejores y lo consiguen; en los que luchan contra natura. Ahí está el gran merecimiento.
 
Los virtuosos y los malvados viven juntos. A los primeros no les supone esfuerzo obrar bien; a los otros sí. La lucha de la sociedad debe estar en conseguir que los que nacieron torcidos tengan un objetivo atrayente, fascinante, que les haga ser de modo diferente.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 18 de noviembre de 2013

La ignorancia no exime de culpa.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 Noviembre 2.013
De mis “Diálogos con Benedicto XVI”  -fragmento-

Murcia, las ocho, en mi escritorio. Frío y lluvioso fuera, como dijo el meteorólogo Brasero ayer.
-Vaya apellido para anunciar el frío.
-Es verdad, debía de tener dos nombres: uno para anunciar el calor y otro para pronosticar el frío: Brasero y Congelador, por ejemplo.
-Deja las bromas, Francisco, ¿cómo va a tener dos nombres?
-Le vendrían que ni pintado, como sus vaticinios: si con barbas, San Antón; y sin ellas, la Purísima Concepción. ¿No observas que en el mapa reparte lluvias y soles a capricho? Si acierta, bien; si no acierta, sería al vecino.
-Vaya, estás bromista hoy.
-Es que llamarse Brasero para anunciar el frío…, ¿tú qué piensas, Benedicto?
-Que nada tiene que ver una cosa con la otra. ¿No decís por Jumilla que las culpas de Ontur no las debe pagar Albatana? Pues lo mismo: el tiempo es el tiempo y el patronímico es otra cosa. Deja quietos los nombres y escucha lo que proclaman.
-Pero sin tener nada que ver, situaciones puntuales debían de tener su excepción. Hay nombres que se contradicen al mensaje que quieren dar.
-A ver, dime un ejemplo, Francisco.
-Pienso en el cura que haya tenido la poca suerte de apellidarse Ladrón. Supongamos que explica en la catequesis: “El séptimo Mandamiento de la Ley de Dios es no hurtar; no queráis lo que no es vuestro, hermanos”. Y alguno le dice: “¿Y eso cómo se consigue, señor Ladrón?”. ¿No podía apellidarse mejor Honrado o Justo?

-Bueno, bueno, cambiemos de asunto. ¿Qué has hecho esta mañana?
-Con mi gimnasia podal estuve viendo a Jiménez Losantos en su programa “La mañana de Federico”.
-¿Y qué decía este hombre?
-A mí me encanta, ¿qué quieres que te diga? Llama al pan pan y al vino vino. Es el azote de los corruptos y no tiene pelos en la lengua.
-¿Cómo va a tener pelos en la lengua?
-Quiero decir que lo que otros callan por prudencia, miedo o interés, él lo dice bien alto.
-¿Por ejemplo?
-Todo; Federico es como un periódico que hubo, llamado “El Caso”, donde solo sacaban trapos sucios ocurridos, episodios inmundos.
-¿Y hoy qué tocaba?
-Los excarcelados de turno. Acusaba a Gallardón de mandar a los presos a sus casas, sin tener en cuenta que un etarra volverá a las andadas y un violador tornará a trangredir la ley.
-Sí, claro, pero ¿no decías, Francisco, que los hombres no son malos sino enfermos? ¿Qué hacen entonces los presos en la cárcel? En eso veo que no estás de acuerdo con tu admirado delator de iniquidades.
-Y lo pienso, Benedicto: estos presos no son malos, son enfermos. Pero como tales y peligrosos deben estar aparte. ¿Qué hacían antes con los leprosos? Los ponían donde nadie los pudiera ver, donde no pudieran contagiar. Y a los pedófilos, por ejemplo, a los violadores en general, hay que amarrarlos bien y no dejarlos sueltos como a personas normales. Y no sería lo mismo, aunque se pareciera terminológicamente que estar en la cárcel.
-Muy difícil, Francisco, llevar a cabo tu programa doctrinal. En la sociedad tiene que haber una Ley y el que la incumpla, infrinja o transgreda deberá pagarlo de algún modo: con encierro, separación o castigo.
-Sin merecerse nada.
-El juez solo quiere pruebas objetivas: “¿Has incumplido la ley? Debes pagarlo y punto pelota”.
Pero si no sabía o no podía…
-La ignorancia no exime de culpa; y si no podía, Dios le juzgará.
-Ay, Benedicto, aquí en la Tierra, ¿qué justicia tenemos? Veo que hay lagunas en el Código Civil y Penal: no se tiene en cuenta la íntima, la verdadera realidad del pensamiento humano, a veces desconocido por la misma persona que lo ejecuta. Si yo cometo un crimen pasional porque un viento malo me ha transformado en una bestia, ¿soy culpable de mi acción? Si contra mi voluntad cometo un asesinato, ¿soy reo de culpa?
-Todo lo humano es imperfecto, Francisco.
-Vamos a dejarlo por hoy, Benedicto…   


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 16 de noviembre de 2013

Chauvinismo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 Noviembre 2.013
Chauvinismo
He leído otra vez “Historias Nacionales” de Alarcón –Pedro Antonio-. Están en el libro núm. 1072 de la Colección Austral. Según confiesa el mismo autor, escribió estos relatos cuando tenía veinte años. Teniendo en cuenta que nació en 1833 –en Guadix, Granada-, dichas historias vieron la luz por la década de los cincuenta del siglo XX.
Se ve en dichas historias a un Alarcón joven, apasionado, romántico y realista a la vez, así como destellos claros del narrador extraordinario que se revelara en su “Diario de un testigo en la guerra de África”.
Lo que cuenta -que no vivió, por cierto- de la Guerra de la Independencia, hará poca gracia a los franceses que lo lean. En “El carbonero alcalde”, por ejemplo, los lepezeños –gentilicio de la villa de Lapeza, en Guadix- quedan como buenos, y los seguidores del general Rodino como bestias despiadadas.
Creo que se pasa en la pintura de los hechos, aunque hay que reconocer que es de efecto lo que dice. Psicológicamente se ve una obra de juventud, pero con visos de madurez. A los franceses les gustará poco que se disponga a los paisanos de Manuel Atienza, el alcalde, contra ellos, de la forma que lo hace.
Particularmente me reservo la opinión que esta postura patriótica -¿chauvinismo?- me merece; pero diré que esta clase de lecturas tiene la virtud, poco recomendable, de encender odios y crear enemistades durante siglos entre las personas, de recordar acciones pasadas que deberían olvidarse.
                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia


viernes, 15 de noviembre de 2013

Museo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 Noviembre 2.013
Museo
 
La visita a un Museo es siempre gratificante. Y más si es un Museo de Bellas Artes: lugar regio, majestuoso, serio, pletórico de cuadros notables. En los Museos se respira de otro modo. En ellos se siente el arte, aunque uno sea profano en la materia.
 
Estuve en una estancia donde había colgados del techo cientos de cuadros por restaurar. El sistema era ingenioso y práctico: rieles horizontales paralelos de donde penden cuadros como hojas de libros para ser observados. Incontables. Para estar viendo cuadros años enteros.
 
Los Museos, como este de Murcia, deben tener restauradores fijos. ¿Cómo es posible que se amontonen tantas obras sin nadie que las atienda? Cada pintura requiere un tratamiento distinto: unas que cuarteadas, otras con agujeros, otras que exigen limpieza o un barniz protector. Es obligación de autoridades y pueblo en general velar por este patrimonio cultural que ha recibido.
 
Un Museo es como una biblioteca. Cada libro es el amigo amable dispuesto a contarnos algo, a enseñarnos, sin nada a cambio, cuando mejor nos venga. “Ya me he cansado, te dejo donde estabas”. Y él, agradecido siempre, como perro faldero, sonríe y agradece la atención.
 
En el Museo ocurre lo mismo: cada cuadro es como un libro. Nos dice del arte de su autor, de los inefables gozos del artista; nos habla de una época, de un estilo. Cada obra es, por decirlo de algún modo, como un nacimiento, que se ofreció de por vida a ser contemplada, rogando que la cuiden para servir a más personas.

                                                        Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 14 de noviembre de 2013

Huesos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 Noviembre 2.013
Huesos
Jueves fresco y húmedo. Murcia es propensa a gotas y artritismos. Hay mucha gente con dolores musculares; con esqueletos averiados. Casas que se hunden. Porque, dime tú, si se cae el esqueleto, ¿qué van a hacer las partes blandas? Es como si se llevan la escalera cuando estás subido en ella.
Murcia es traidora con los huesos. “Me duele la columna”, se oye decir. “A mí las rodillas”. “A mí los hombros”. Y es que es implacable: cuando la toma con uno, no lo deja ya ni a sol ni a sombra, ni en primavera ni en verano. Ay, Murcia, Murcia, eres  hermosa y sin entrañas;  como las sirenas: atraes y luego pegas sin piedad.
“Este médico hace milagros”, se dice. Pero el milagro no llega. Los pies son cada vez más torpes, más lentos, y el mal de huesos, como la carcoma en los muebles, sigue su proceso irreversible, su destrucción despiadada.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Puentes.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Noviembre 2.013, miércoles, San Leandro Puentes
Hasta hace bien poco, si un jueves era festivo, había un puente fenomenal en Colegios, Institutos y otros Centros docentes. Ya de lejos se vislumbraba la fecha como de conflicto laboral.  Aunque fuera día lectivo, los Centros decidían no abrir. Así de sencillo.
Hasta deliberaban los Profesores sobre qué hacer el viernes siguiente. Había reuniones con Alumnos Delegados de Curso, y acordaban que no hubiera Clase.
En el Conservatorio, lo mismo. Tras reuniones y acuerdos, había consenso: “Viernes puente: No hay más que hablar”. De miércoles a lunes todos en casa. Un fin de semana para ir al monte o a la playa.
Este hecho ponía de manifiesto una cosa: que faltaba interés por parte de alumnos y de profesores. Faltaba ética profesional. Faltaba amor por la enseñanza.
Y si faltaba ilusión, la obra educativa carecía de base. Sin ilusión por enseñar ni por aprender, faltaba alegría educativa, entrega necesaria para obtener buenos frutos.                                                                                                                                

                                            Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 12 de noviembre de 2013

Arrebujados.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 Noviembre 2.013, San Renato Arrebujados
El uno de noviembre, día de Todos los Santos, como ahora, la gente iba con flores a los cementerios. Para nosotros, los niños, este día era pavoroso. Sentíamos miedo como si en cada habitación de nuestra casa fuéramos a encontrar a un desaparecido. Nos hacían creer que los muertos salían este día de sus tumbas.
Recuerdo con pena los años pasados esta noche arrebujados bajo las mantas, sin poder dormir, contando las horas para ver la luz del nuevo día. “¡Ya amanece!”, decíamos más sosegados. ¡Qué tranquilidad nos traía el alba mañanera, como si con ella se esfumaran los temidos espíritus!
Madrugábamos para ir a Misa –eran tres Misas seguidas las que había que oír-; nos gustaba asistir a estas Misas largas temprano, no tanto por aliviar a los muertos con ellas, según nos explicaban, cuanto por salir pronto de la tenebrosa casa.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia