martes, 28 de mayo de 2013

Sara.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Mayo 2.013, San Emilio
            SARA
            Ahora que se habla tanto de abortos, me acuerdo de mi gata cuando tenía gatitos. No salía del leñero donde la poníamos con su cría. Los cachorrillos, blancos y negros, crecían por momentos. Ella, satisfecha, les dejaba mamar cuanto quisieran. No pasaba por cabeza humana que fuera a hacerles daño a sus hijos. Jugaba con ellos, les dejaba jugar entre sí, pero estaba pendiente siempre de que nadie les hiciera mal o de que alguien pudiera quitárselos. El instinto animal era tan fuerte como la inteligencia que le faltaba.
            Sara no tenía un gato que mirara por ella. La pobre se tenía que valer por sí sola. Los gatos machos cumplían su función de engendrar y se perdían. Las hembras, con la semilla en el cuerpo, llevaban su cruz y su ventura sin compañía. Tenía que buscar sola su alimento, que estar sola en el parto, y hasta defender a sus crías cuando llegaban, de posibles depredadores. El padre no aparecía. Los gatos machos no son padres; sólo inseminadores circunstanciales, pero padres, como ellas madres, no lo son. Mi gata Sara engendraba nuevas vidas en solitario con sudores de muerte. Era su sino, por lo visto.
            En la especie humana, el sentido de la maternidad es distinto. El hombre y la mujer se eligen con el oculto y recóndito deseo de crear vida. Ambos se sienten comprometidos en el largo peregrinaje de la procreación y educación de sus hijos. El varón procura a la mujer compañía, defensa y alimento entre otras atenciones. Ya no es "ahí te quedas y que tengas suerte". Es otra forma de obrar, de hacer, de ser padre, en suma.  Comparte la maternidad.
            En el mundo animal, el oficio de madre lo asume solo la hembra. Pero, en los seres humanos, el varón colabora de tal manera en criar a los hijos, que bien puede adquirir el título de segunda madre. Así que en los abortos que, por desgracia, se producen cada día, yo me pregunto: “Dónde están los padres que no defienden a sus hijos como les corresponde?”.    
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 27 de mayo de 2013

Daudet.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 mayo 2.013
            DAUDET
Estoy leyendo un libro que mi hija me compró un día allende la frontera pirenaica, "Lettres de mon moulin", de Alfonso Daudet, célebre novelista francés como bien sabes, del siglo XIX.
            Daudet nació en Nimes, y pronto fue a París, donde, por lo visto, pasó más hambre que el perro de un ciego, que suele decirse. La necesidad le hizo aguzar el ingenio y escribir novelas y cuentos que fueron muy celebrados. Disfrutó en vida de fama, cosa que no todos consiguen, así como de placeres sin cuento. A su muerte fue muy llorado, y su nombre quedó en la historia como personaje de leyenda.
            La pregunta que yo me hago es si Daudet hubiera escrito sus obras si no hubiera pasado necesidad. ¿Fue su ingenio o fue el hambre quien le llevó a crear sus dramas inmortales? ¿O acaso los dos? Porque sin talento no hubiera escrito, y sin necesidad tal vez se hubiera abandonado. ¿O fue el Destino quien hizo que se unieran ingenio y necesidad para escribir sus libros?
¿Tuvo algún mérito Daudet? Que esa es otra. ¿Fue propiamente el creador de sus cuentos, de sus historias, o fue más bien el instrumento de que se valió el Destino para dejarnos sus obras? Puestas así las cosas, llego al más radical de los fatalismos.  Todos los escritores darían lo que estuviera en sus manos por encontrar motivos interesantes que narrar.
Cervantes encontró a su personaje aventurero; Daudet tropezó con un molino abandonado desde el que escribió sus famosas cartas. -Ce sont les lapins qui ont été étonnés... Depuis si longtemps qu'ils voyaient la porte fermée, les murs..." Creo sinceramente que el que escribe topa un día con su tema, asunto o argumento inmortal. Como el estudioso de la Física que un día descubre una ley que le hace famoso.
            El escritor es algo así como el cazador o el pescador. Provisto de rifle y cartuchos o de caña y anzuelo, deportivamente, sin desesperos, cuando menos se cata salta una buena pieza... si ha de saltar. Si no es de saltar, ni con anzuelo de oro, ni con escopeta de platino y piedras preciosas incrustadas. Si el escritor es corto de ingenio, vivirá soñando con piezas de alto calado en sus pescas o cacerías, pero lo más seguro es que no conciba nada fulgurante que lo sobrepase en el tiempo.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 25 de mayo de 2013

Cela.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Mayo 2.013, Sábado, San Beda el Venerable
CELA
            "No se preocupe, Señora, diré que he sido yo". La frase se aplica a Cela, don Camilo, que, a este paso, va a ser otro Quevedo –don Francisco: “Su Majestad escoja”, “¿A qué puerta llama su Majestad que no le respondan?”, etc., etc.
Se cuenta que estaba en una reunión solemne, grave, distinguida, y tuvo ganas de ventosear. Como eso don Camilo, por lo visto, se lo encontraba fácil, hizo un ruido descomunal, tan fuerte que la concurrencia se quedó mirando a donde él estaba.
Entonces don Camilo, ni corto ni perezoso, sin inmutarse, miró a la dama que tenía a su lado y, con voz sonora, soltó la inclemente frase: "No se preocupe, Señora, diré que he sido yo". ¿Te imaginas el sofoco de la susodicha dama?
  Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 24 de mayo de 2013

Músicas.


          Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 Mayo 2.013
            MUSICAS
Los jóvenes y la música forman un solo cuerpo. ¿Qué sería hoy de la música sin jóvenes, o qué sería de los jóvenes sin la música? Orquestas actúan en terrazas y salas de fiesta; cientos de grupos pululan por el ancho mundo. En la cresta de la fama hay menos, y en llegar a esos puestos de privilegio, está la ilusión de los que viven de la canción.
            Los jóvenes de hoy no han conocido el mundo sin música. Desde los Beatles a Julio Iglesias y otros divos por el estilo, siempre han escuchado ruido, guitarras y canciones por todas partes. La música los ha formado y conformado..
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Aznar.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Mayo 2.013, jueves
Fragmento

-Ayer encendí la tele y estaba hablando Aznar, presidente que fue de España hace unos años.
-Y que dejó de serlo por el golpe del “Once Eme”. ¿Y qué decía ahora?
-Unos periodistas le preguntaban por el futuro de España: “¿Qué va a pasar, don José María? ¿Cómo ve la crisis que tenemos? ¿Usted qué medidas tomaría si fuera Presidente? ¿Se va a separar Cataluña?”. Y él, como un oráculo, decía que la situación era mala pero que él cuando fue Presidente dio trabajo y no hubo sobres con sobresueldos.
-Querría nadar y guardar la ropa.
-Pero entre líneas se dejaba ver a un Aznar deseoso de volver a la Política. “Pues mire usted…”, repetía con sonrisa que trataba de esconder, “yo creo que con mayoría absoluta se podía hacer más de lo que estamos viendo”. Y los periodistas, pillos ellos, seguían hurgando en las heridas y haciendo comparaciones. “Pues, mire usted, si me llamaran…, ¿quién sabe? Pero les toca a ellos dar el paso, no a mí”. Y en sus ojillos se traslucía el amor al cargo que tuvo.

Por los años finales del pasado siglo, yo dediqué muchos ratos a la Política. Fruto de ellos fue mi libro: “PP o PSOE, tú decides”. Con fecha 17 de octubre del 1.994, página 64, escribí: “Catalanismo.- En Barcelona no quieren hablar en castellano. En el País Vasco, tres cuartos de lo mismo. En el fondo, lo que no quieren es ser españoles. Para ellos su país es su país y basta, y su lengua el catalán o el vasco. Si pudieran tenían fronteras con el resto de España. ¿Qué nos importan los aragoneses, los andaluces o los extremeños?...”.

En la página 207 del mismo libro, se lee: “Murcia con Aznar:
-¿Has visto, Ana, qué recibimiento en Murcia? Más de 20.000 personas, qué éxito, Murcia es nuestra.
-Era impresionante ver tantas banderas y escuchar: “¡Aznar, Aznar, Presidente, Presidente!”. En la vida había visto nada igual.
-No pensaba decírte, Ana, lo que sentí allí. Dios me quiere para Presidente de todos los españoles. No sé cómo explicarte lo que me pasó: tuve la corazonada, la certeza, de que Dios me lo decía. Fue como una luz, como un relámpago. En medio de las aclamaciones, con la plaza llena hasta los topes, vi una luz que me lo decía. Siento escalofrío al recordarlo.
-Que sueñas con la Moncloa, querido…

Y ahora, a los veinte años, veo que todo sigue lo mismo, un Aznar soñando con ser Presidente y creyendo ser la solución a los problemas económicos y sociales de España. Pero… agua pasada no mueve molino, señor Aznar, la vida es irreversible y su turno ya pasó.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Ortopedia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Mayo 2.013. Sta. Rita de Casia
ORTOPEDIA
            La protagonista era una joven como tú. En un accidente pierde el habla y todo recuerdo del pasado. Hasta le amputan una pierna por debajo de la rodilla. Poco a poco recupera la memoria, el habla y la habilidad para desenvolverse con una pierna ortopédica. Luego viene la moraleja, la segunda parte de la película. La chica se enamora de un joven apuesto y hace horas extra de recuperación sin que nadie se entere. Se da cuenta de que es su problema y que a ella toca resolver. Tanto empeño pone que llega a manejar su pierna ortopédica como si fuera propia, hasta el extremo de que monta a caballo, en bici, corre y juega sin que nadie adivine que es coja.
El médico le enseñó muy pronto que debía asumir su defecto con entereza: "Debes decirlo cuanto antes a tus nuevos amigos, como si tal cosa, y no esperar a que lo descubran ellos; así verás quién te acepta por ti; quien no te reciba por un trozo menos de pierna, no vale la pena en tu vida". Con estas ideas va por el mundo, y a las primeras llantinas y desilusiones siguen momentos de logros y de alegrías. Se casa y vive feliz. Tan feliz que quiere hacer felices a los demás como ella, y con tal fin se coloca en un Centro de mutilados para ayudarles a insertarse en la sociedad. Nadie mejor que ella para infundirles valor, alegría y ganas de vivir. Cuando les habla por vez primera no se creen que es coja. "Qué fácil habla el sano con el enfermo", dijo uno. Entonces le descubrió su tocón de madera y le hizo tocar para que se convenciera.
            Cuántos en la vida real pueden aprender de esta película que nuestros males, con buena voluntad, se pueden vencer; y que, en último extremo, aceptar la voluntad de quien dirige nuestra vida es lo mejor para nosotros. Que no debemos rebelarnos ante pequeños contratiempos, que el Señor, quizás, los pone para hacernos bien. Mi filosofía es la siguiente: "Esto creo que es bueno y lucho por alcanzarlo; si no lo consigo debo alegrarme: no era lo mejor para mi". Leí una vez un cuento sencillo pero profundo del uruguayo José Enrique Rodó: Un niño juega con un búcaro a sacar notas de música dándole con el dedo; luego lo llena de arena y el vaso compacto ya no suena como antes. El niño, que debía tener alma de filósofo, piensa un momento y, en lugar de romper la vasija que antes le proporcionaba bellos sonidos, coloca una flor de tallo largo en forma de maceta o pensil, y la pasea orgulloso por la casa como un trofeo conseguido en un combate colosal.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de mayo de 2013

Casualidad.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Mayo 2.013, martes
            CASUALIDAD
            La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya un amigo tuyo por su cuenta, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes a un señor que pasa dónde hay un museo, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el destino que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud. "¡Qué casualidad!", decimos cuando topamos con la solución de algo. "¡Qué casualidad, tocarme la lotería!".
            Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí,  que nos sacude con violencia, y que no podemos comprender.
            La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno. Juega a ofrecerse y a ocultarse. El hombre sabe que es un hecho cierto, que lo ha experimentado, pero se le escapa como el humo. No es materia de disección y análisis. Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma, aunque sepamos que existe. Yo pienso en alguien y en seguida me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona y que esa persona se encontrara allí.
            Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia