jueves, 11 de abril de 2013

Indios.


           INDIOS
            Quedan pocos indios en América. Poquísimos. En Florida vive la familia de los Semínolas desde que su jefe Osceola fue hecho prisionero. De vez en cuando dejan sus tierras pantanosas para enfrentarse a sus rivales. Los pocos indios o amerindios que van quedando tienen razones de sobra para no querer a los rostros pálidos, que un día entraron a saco en sus dominios.
            Hay una especie de cuentecillo que los pieles rojas conocen sin excepción: "El blanco llegó y dijo al indio: "déjame un lado que me siente". El indio dejó al extranjero sitio donde sentarse. "Un poco más", le pidió cuando llegó otro blanco. "Otro poco".
             Cuando el indio cayó del asiento, dijo el blanco: "Ahora el tronco es nuestro". Los sioux, mohicanos, apaches y demás pieles rojas fueron dominados y expulsados de su territorio. Toro Sentado, Osceola, Trueno Rojo y muchos más, que lucharon por su libertad, se vieron impotentes ante las chaquetas azules invasoras. 
              Francisco Tomás Ortuño, Murcia.  

miércoles, 10 de abril de 2013

Sonríe.


Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 10 Abril 2.013
            SABIOS
            El hombre estudioso llega primero a donde quedaron los demás. Luego sigue en solitario. El sabio es el que sabe un poco más de una cosa que todos, el que avanza en un terreno, el que descubre algo que antes no se conocía. El hombre que se queda en lo que saben los demás, no pasa a la historia. Puede ser un prodigio de memoria, de voluntad, de trabajo; pero se queda en eso si no aporta nada nuevo a la ciencia.

            SONRIE
            Guarda tus rencores, guárdalos bien; nadie debe verlos: Muestra sólo amor en tu mirada.
Quiere a los demás: sé sólo amor. Ve por la vida con cara de fiesta, con risa de niño.
Vive haciendo bien. Que no pase día sin hacer feliz a alguien: Una sonrisa, una palabra, un obsequio.
            La gente vive hosca, ensimismada; pasa sin ver. Va a lo suyo y no es feliz; sólo se ve a sí misma: Yo, yo, yo.
Cada persona es una isla. No vive hacia fuera, mirando a los que pasan por su lado. Piensa que nadie le quiere; que no se le atiende como se merece.
            Lucha con tu egoísmo. Sal de ti. Llega a los que buscan compañía. Dales tu amistad sin pedirles nada a cambio: Da sin pedir.
Que tu vida sea un camino de rosas para los otros. Las espinas las guardas para ti, sin pregonarlo: Enciende en los demás una esperanza.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 9 de abril de 2013

De reyes y de reinas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 Abril 2.013
De reyes y de reinas

Murcia, martes, las once. El otro día hablé del Motín de Esquilache  y no me digas por qué. Bueno, sí, creo que hablaba de Floridablanca y de Godoy, de la época de Carlos IV. Y esta mañana, pensando en las horas bajas de la Casa Real, repasaba otras épocas de la realeza española.
Veía que siempre hemos estado gobernados por extranjeros. Si te fijas, hasta el siglo V dominaron los romanos aquí. Del siglo V al siglo VIII -409 a 711-, estuvieron los visigodos –Ataúlfo, Sigerico…-. Luego los árabes –la Reconquista: batalla de Guadalete, don Rodrigo, don Pelayo, Covadonga…, hasta los Reyes Católicos con la conquista de Granada, en 1.492-.
Los siglos XVI – XVII, los Austrias –Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II. Este fue llamado el Hechizado: ni era rey ni era hombre; era una figura que llamaban rey por llamarle algo. No dejó descendencia y fue lo mejor que hizo.
Y desde entonces hasta hoy la Casa de Borbón, de origen francés por los cuatro costados:

Felipe V era nieto de Luis XIV, el cual desde Francia quiso mandar en el país vecino.
Fernando VIhijo de Felipe V y de su primera esposa Mª Luisa de Saboya. “Tanto el monarca como su esposa eran de limitada inteligencia, con rasgos de anormalidad mental y extrañas obsesiones”.
Carlos III heredó la corona de España en 1.759, a la muerte de su hermanastro Fernando: Motín de Esquilache, expulsión de los jesuitas, fracaso en su intento de recuperar Gibraltar, pactos de familia, infructuosos siempre, etc., etc.
Carlos IV, 1.788 a 1.808, hijo de Carlos III y de Mª Amalia de Sajonia. “Tenía un carácter abúlico y benévolo alterado por  estallidos de ira”. Godoy, amante de la reina, fue el verdadero rey de España.
Fernando VII, hijo de Carlos IV, reinó en España de 1.808 a 1.833. “Era de aspecto horrible, tenía una voz que daba miedo y era tonto de remate”, según la madre de su esposa Mª Antonia de Nápoles
-vaya con las suegras-. Derogó la ley Sálica para que gobernara su hija.
Isabel II, reina de 1.833 a 1.868, hija de Fernando VII y de María Cristina de Borbón. Las guerras entre don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, e Isabel II, se llamaron Guerras Carlistas. Isabel fue proclamada mayor de edad en 1.843, tras la caída de Espartero. Casó con su primo Francisco de Asís de Borbón, pero tuvo muchos amantes. Le ocurrió como a Sarita, que falleció ayer, que tuvo cuatro maridos, pero muchos amigos más.
Con la Revolución de 1.868, tuvo que abandonar España, sin que nadie intentara defenderla. La Revolución se hizo contra “la raza espúrea de los Borbones y su total desinterés por la nación”. Se instaló en Francia y abdicó sus derechos en su hijo Alfonso -1.870-. Aún vivió treinta años en París mantenida por una cuantiosa subvención del gobierno español.
Alfonso XII reinó en España de 1.875 a 1.885. Casó dos veces: la primera con su prima María de las Mercedes, que falleció a los pocos meses. La segunda con María Cristina de Absburgo Lorena. De este matrimonio nacería su hijo póstumo Alfonso XIII.
Alfonso XIII, fue rey de España de 1.886 a 1.931. Durante su minoría de edad –la más larga de la historia de España- tuvo lugar la guerra con los Estados Unidos de América, y se firmó el Tratado de París -1.898-, que supuso la liquidación del imperio colonial español.
En 1.902 alcanza su mayoría de edad y jura la Constitución. Contrajo matrimonio con Victoria Eugenia de Battemberg, princesa británica, sufriendo un atentado en su boda del que salieron ilesos ambos monarcas.
La dictadura de Primo de Ribera -1.923 a 1.930- fue un paréntesis de tranquilidad en el continuo malestar de los conflictos laborales. Las elecciones del 31 dieron una gran mayoría republicana y Alfonso XIII abandonó el país “para evitar un baño de sangre”, aunque hubo quien pensó que no era solo por eso. Murió en Roma habiendo abdicado antes en su hijo don Juan.
Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, no llegó a reinar por el Golpe de Estado de Franco en 1.936.
Juan Carlos nació en Roma -1.938-, hijo de don Juan y Mª de las Mercedes. Contrajo matrimonio con Sofía de Grecia, con la que tuvo tres hijos –Elena, Cristina y Felipe-. Sucedió a Franco y fue proclamado Rey en 1.975. Hoy sigue ocupando el trono –ya por poco tiempo, creo-. Su hijo Felipe espera con Letizia que le pase el testigo.
Tres siglos de historia con la Casa de Borbón que, como digo, viene de Francia. Podíamos contar muchas cosas de cada rey y de su reinado, pero lo dejo aquí para otro momento.

Francisco Tomás Ortuño,
Doctor por la Universidad de Murcia

domingo, 7 de abril de 2013

Adán y Eva.


Litesofía -entre literatura y filosofía-, 6 abril 2.013 

Murcia, las ocho. Las fiestas tocan a su fin, Adalberto, y creo que la gente lo agradece.
-Yo pienso que no, Agapito. Si el tiempo acompañara…
-Hasta de lo bueno se cansa uno, Adalberto: en la variedad está el gusto. ¿Te imaginas que tuvieras que pasar la vida acostado, por mucho que la cama te gustara? No verías las maravillas que ofrece el mundo viajando por mar, por aire o por la misma tierra.
-Pues yo creo que muchos con los Huertos del Malecón, no se iban de Murcia. Entre trabajar fuera y no hacer nada aquí, preferirían quedarse.
-Pronto querrían salir del ambiente festivo para ocuparse en algo.
-No me convences, Agapito. Creo que la gente prefiere no hacer nada a trabajar.
-Tal vez los abúlicos. El hombre no se conforma con vivir como una planta, sin moverse. Quiere hacer cosas, ir, venir, crear… no sé, trabajar, producir…
-Sigo creyendo que la mayoría prefiere vivir sin esfuerzos.
-No entiendes la psicología humana, Adalberto. Hasta pienso, fíjate bien, Agapito, hasta pienso que Adán y Eva se aburrían tanto en el Paraíso, donde estaban, que fueron ellos los que llamaron a Satanás:
-¡Sácanos de aquí, por favor! -le dirían.
-¿Es que no estáis bien sin tener que trabajar, sin ocuparos de la comida y sin enfermedades? –contestaría el Diablo sorprendido.
-Es insufrible, tú no sabes lo aburrido que es tenerlo todo a pedir de boca y para siempre. No, por favor, sácanos de aquí.
-Eso que dices, Agapito, es nuevo, jamás otro lo había dicho ni pensado. Me gusta la idea. ¿Y qué les dijo el demonio?
-¿Preferís seguir aquí con todas las necesidades cubiertas hasta el fin de los tiempos o gozar del mundo que puedo mostraros?
Adán miró a Eva y Eva miró a Adán. Así permanecieron un momento hasta que Adán habló por los dos:
-Queremos hacer cosas por nosotros, aunque nos equivoquemos, queremos ser de otra forma.
El Demonio se quedó pensativo antes de responder:
-Que nadie diga luego que os he engañado. Habéis sido vosotros los que me lo habéis pedido, ¿vale?
-Sí, sí -se aprsuraron-, por favor, Lucifer, ¿qué hemos de hacer para salir de este estado de bienestar eterno?
-Venid conmigo –les dijo-. Y les enseñó los encantos del mundo, siendo compañeros en adelante.
Un día Dios los echó de menos y los llamó:
-Adán, Eva, ¿dónde estáis?
Volvieron a donde Dios los llamaba:
-¿Nos llamáis, Señor?
-¿No os dije que no salierais de este jardín que preparé con esmero para vosotros?
Esta vez fue Eva la que le respondió:
-Señor, como humanos, queríamos probar otras cosas. No podíamos soportar la soledad que padecíamos.
Y siguió Adán:
-Queríamos conseguir por nosotros y nuestro trabajo y probar lo que el mundo ofrecía. Todo no era comer y dormir. Era asfixiante el Paraíso que nos diste.
-¡Os engañó Satanás, maldito sea! –gritó como nunca le habían oído gritar-. ¡Os dijo que podíais ser como yo!, ¿verdad?
-No, no, te equivocas, Señor, no vino él, lo llamamos nosotros.
-¿Cómo? ¿Qué estáis diciendo?
-Fue así, que no aguantábamos más sin tener nada que hacer. No fue él quien nos llamó; fuimos nosotros que le suplicamos que nos sacara, que nos enseñara el mundo y si era preciso el pecado.
-¿Habéis dicho el pecado? Eso es propio de Satanás.
-Otro mundo donde poder elegir y equivocarnos.
El Señor quedó pensativo un instante. Luego siguió más sereno:
-¿Acaso me equivoqué?
-Eres poderoso creando –siguió Eva-, pero creemos que te has equivocado dándonos una vida sin esfuerzos, cuando queremos decidir por nosotros y equivocarnos si es preciso.
Dios soltó una lágrima por primera vez que le resbaló por la mejilla. Al fin dijo:
-Os hice libres pero erré en el procedimiento. Ha tenido que ser el Demonio quien tuviera que enseñaros a ser verdaderamente hombres.

viernes, 5 de abril de 2013

Venus.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 Abril 2.013

            VENUS
            Por la noche en verano miramos el cielo con un telescopio, y comprobamos que Venus lleva consigo siempre unos puntos brillantes que le acompañan.
-Esa constelación es Casiopea.
-¿A cuántos años luz está la estrella polar?
Lo que más nos preocupa es saber si hay otros mundos habitados. Lo cual nos parece poco probable, ya que, solo la luna, tan próxima a nosotros, tiene una temperatura de ciento cincuenta grados bajo cero por las noches y más de cien grados sobre cero por el día.
            ¿Qué habrá más allá del universo? Por grande que sea, habrá un finis terrae. Y más allá... ¿la nada? ¿Es posible que el universo flote sobre la nada? Tan incomprensible como el misterio de la Trinidad. ¿Qué hay más allá de todo? En la ciencia del cielo casi todo está por decir todavía.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia 

jueves, 4 de abril de 2013

Idus de marzo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 abril 2.013, Jueves

Murcia, las siete y media de la mañana, en mi galería. ¿Quién me iba a decir que habiendo ido a la piscina volvería sin bañarme? Pues ha ocurrido.  Hoy era día de baño a todos los efectos, y ya sin nietos y sin hijos en la casa, me levanté a la hora de otros días que voy a Inacua y emprendí el paseo matutino.

Vi los Huertos “El Perejil”, “El Azahar” y otros que me cogían al paso, con fotos grandes de las Reinas de la Huerta de este año; crucé el paseo del Malecón –algunos iban de paseo; otros charlaban parados junto a los huertos-; pasé al aparcamiento de coches, con muchos huecos por llenar; cogí la hipotenusa, que siempre es menor que la suma de los catetos en un triángulo rectángulo; llegué a las instalaciones de Inacua y vi que otros con mochilas a la espalda se volvían. Con todo llegué arriba y leí en sendos carteles: “Debido al Campeonato Nacional de Natación, permanecerán cerradas las piscinas a los usuarios los días cuatro, cinco y seis de esta semana. Perdonen las molestias”, o algo parecido. Sin detenerme, emprendí la vuelta por donde mismo había ido: Pasé de nuevo el puente y crucé la zona de aparcamiento por su hipotenusa.

Pitágoras en su día –iba yo pensando- se fijó en que el cuadrado de la hipotenusa en un triángulo rectángulo es igual que la suma de  los cuadrados de los catetos. ¿Cómo llegaría Pitágoras a semejante conclusión? Tú y yo estaríamos yendo a la piscina un año, dos años o diez, siempre pasando por la hipotenusa del triángulo y no lo habríamos descubierto. Era obvio que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta; no hubiéramos pasado de esa evidencia. ¿Cómo pensaría Pitágoras que siendo menor un lado que la suma de los otros dos, los cuadrados de ambos menores sumaban lo mismo que el cuadrado del mayor?

No le doy la importancia que tienen otros descubrimientos como el de Galileo por ejemplo cuando dijo que la Tierra se movía –E pur si muove-; o el que vio que una calculadora podía sumar, restar, multiplicar y dividir enteros y decimales en menos de un segundo. Pero el griego sería observador y algún día mediría los lados y vería con sorpresa -¡Eureka!, diría también como Arquímedes en la bañera (1)-, que la suma de los cuadrados de los catetos era exactamente igual al cuadrado del lado más largo. Mediría como yo hago con esta hoja de papel: 0´59, 0´82 y hallaría sus cuadrados obteniendo 0´34 y 0´67. La suma vería sorprendido que daba lo mismo que la hipotenusa 0´10 al cuadrado.

(1) El principio que lleva su nombre lo descubrió porque el rey Hierón de Siracusa, mandó a un orfebre fabricarle una corona de oro. Y luego, sospechando que había mezclado plata y que no era oro todo lo que relucía, preguntó a Arquímedes si podía descubrir el presunto fraude. Estudiaba Arquímedes el problema cuando se dio cuenta en el baño que su cuerpo perdía peso en el agua.

Mi amigo Francisco Soler Visiedo me ha mandado un recorte de periódico con un escrito suyo publicado: “Idus de Marzo”. Tuvo que ser sin duda buen estudiante Paco Soler, y sigue gozando con sus disquisiciones, observaciones y rectificaciones a escritos que ve en algún lugar.
Dice que su artículo periodístico es a propósito de otro de Luis María Ansón sobre “Urbi et orbi” de locutores de radio. Ansón tuvo que ser otro ejemplar de estudiante brillante en sus años de carrera.
“No estoy de acuerdo –dice Soler Visiedo- con el género masculino que le ha dado en español a la palabra “idus” A mí me enseñaron que era femenino, tanto en latín como en español. Yo en mi Gramática tengo a “idus” en femenino: Acus, manus, tribus e idus, como calendae y nonae. Idus no puede ser del género masculino, a no ser que le hagan una operación de cambio de sexo como esas que hace gratis la Junta de Andalucía”. Muy bien, amigo Paco Soler.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 3 de abril de 2013

Impotencia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 Abril 2.013
            IMPOTENCIA
            El conejo se resistía a morir, y yo golpe que te pego en su cabeza. Hasta que, por fin, sucumbió. Lo compramos a la vecina, y ya saltaba el pobre protestando de su venta, de cambiarlo de dueño sin más. Como un toro bravo, como un potro salvaje, se comportaba cuando lo metí en el coche. Sus ojos, muy abiertos, miraban airados, llorando de rabia su impotencia.
Cuando lo cogí de las patas para sacrificarlo, su indignación subió de punto, y en qué me vi para reducirlo. No había forma. Levantaba la cabeza, se retorcía. No había visto un animal que más se resistiera a morir. El golpe que le apliqué en la nuca con el puño cerrado fue mortal de necesidad. Aun así y todo, se removía enfurecido, creo que ya muerto, durante bastante rato.
            Ya no quiero matar otro animal. ¿Por qué este abuso de fuerza con seres que no se pueden defender? Es inhumano. Con la lidia de los toros, la escena se repite. La bestia brama dolorida, con ojos suplicantes, hasta morir.
            La muerte del cerdo era una fiesta en las casas. El cuento del burro que envidiaba su suerte hasta que lo vio morir, me hizo meditar ya de pequeño. Que unos matarifes entraran por la noche a sacarlo de su sueño para acuchillarlo, me horrorizaba.
            En el hombre nada justifica que mate. En el caso de ciertos animales, tecnificar su muerte para que no sufra, es lo menos que cabe hacer. Lo de matar, como yo este verano, a porrazo limpio, hiere la más basta, grosera y burda sensibilidad. Me avergonzaré de mí mismo por esta acción toda mi vida.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia