viernes, 5 de abril de 2013

Venus.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 Abril 2.013

            VENUS
            Por la noche en verano miramos el cielo con un telescopio, y comprobamos que Venus lleva consigo siempre unos puntos brillantes que le acompañan.
-Esa constelación es Casiopea.
-¿A cuántos años luz está la estrella polar?
Lo que más nos preocupa es saber si hay otros mundos habitados. Lo cual nos parece poco probable, ya que, solo la luna, tan próxima a nosotros, tiene una temperatura de ciento cincuenta grados bajo cero por las noches y más de cien grados sobre cero por el día.
            ¿Qué habrá más allá del universo? Por grande que sea, habrá un finis terrae. Y más allá... ¿la nada? ¿Es posible que el universo flote sobre la nada? Tan incomprensible como el misterio de la Trinidad. ¿Qué hay más allá de todo? En la ciencia del cielo casi todo está por decir todavía.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia 

jueves, 4 de abril de 2013

Idus de marzo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 abril 2.013, Jueves

Murcia, las siete y media de la mañana, en mi galería. ¿Quién me iba a decir que habiendo ido a la piscina volvería sin bañarme? Pues ha ocurrido.  Hoy era día de baño a todos los efectos, y ya sin nietos y sin hijos en la casa, me levanté a la hora de otros días que voy a Inacua y emprendí el paseo matutino.

Vi los Huertos “El Perejil”, “El Azahar” y otros que me cogían al paso, con fotos grandes de las Reinas de la Huerta de este año; crucé el paseo del Malecón –algunos iban de paseo; otros charlaban parados junto a los huertos-; pasé al aparcamiento de coches, con muchos huecos por llenar; cogí la hipotenusa, que siempre es menor que la suma de los catetos en un triángulo rectángulo; llegué a las instalaciones de Inacua y vi que otros con mochilas a la espalda se volvían. Con todo llegué arriba y leí en sendos carteles: “Debido al Campeonato Nacional de Natación, permanecerán cerradas las piscinas a los usuarios los días cuatro, cinco y seis de esta semana. Perdonen las molestias”, o algo parecido. Sin detenerme, emprendí la vuelta por donde mismo había ido: Pasé de nuevo el puente y crucé la zona de aparcamiento por su hipotenusa.

Pitágoras en su día –iba yo pensando- se fijó en que el cuadrado de la hipotenusa en un triángulo rectángulo es igual que la suma de  los cuadrados de los catetos. ¿Cómo llegaría Pitágoras a semejante conclusión? Tú y yo estaríamos yendo a la piscina un año, dos años o diez, siempre pasando por la hipotenusa del triángulo y no lo habríamos descubierto. Era obvio que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta; no hubiéramos pasado de esa evidencia. ¿Cómo pensaría Pitágoras que siendo menor un lado que la suma de los otros dos, los cuadrados de ambos menores sumaban lo mismo que el cuadrado del mayor?

No le doy la importancia que tienen otros descubrimientos como el de Galileo por ejemplo cuando dijo que la Tierra se movía –E pur si muove-; o el que vio que una calculadora podía sumar, restar, multiplicar y dividir enteros y decimales en menos de un segundo. Pero el griego sería observador y algún día mediría los lados y vería con sorpresa -¡Eureka!, diría también como Arquímedes en la bañera (1)-, que la suma de los cuadrados de los catetos era exactamente igual al cuadrado del lado más largo. Mediría como yo hago con esta hoja de papel: 0´59, 0´82 y hallaría sus cuadrados obteniendo 0´34 y 0´67. La suma vería sorprendido que daba lo mismo que la hipotenusa 0´10 al cuadrado.

(1) El principio que lleva su nombre lo descubrió porque el rey Hierón de Siracusa, mandó a un orfebre fabricarle una corona de oro. Y luego, sospechando que había mezclado plata y que no era oro todo lo que relucía, preguntó a Arquímedes si podía descubrir el presunto fraude. Estudiaba Arquímedes el problema cuando se dio cuenta en el baño que su cuerpo perdía peso en el agua.

Mi amigo Francisco Soler Visiedo me ha mandado un recorte de periódico con un escrito suyo publicado: “Idus de Marzo”. Tuvo que ser sin duda buen estudiante Paco Soler, y sigue gozando con sus disquisiciones, observaciones y rectificaciones a escritos que ve en algún lugar.
Dice que su artículo periodístico es a propósito de otro de Luis María Ansón sobre “Urbi et orbi” de locutores de radio. Ansón tuvo que ser otro ejemplar de estudiante brillante en sus años de carrera.
“No estoy de acuerdo –dice Soler Visiedo- con el género masculino que le ha dado en español a la palabra “idus” A mí me enseñaron que era femenino, tanto en latín como en español. Yo en mi Gramática tengo a “idus” en femenino: Acus, manus, tribus e idus, como calendae y nonae. Idus no puede ser del género masculino, a no ser que le hagan una operación de cambio de sexo como esas que hace gratis la Junta de Andalucía”. Muy bien, amigo Paco Soler.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 3 de abril de 2013

Impotencia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 3 Abril 2.013
            IMPOTENCIA
            El conejo se resistía a morir, y yo golpe que te pego en su cabeza. Hasta que, por fin, sucumbió. Lo compramos a la vecina, y ya saltaba el pobre protestando de su venta, de cambiarlo de dueño sin más. Como un toro bravo, como un potro salvaje, se comportaba cuando lo metí en el coche. Sus ojos, muy abiertos, miraban airados, llorando de rabia su impotencia.
Cuando lo cogí de las patas para sacrificarlo, su indignación subió de punto, y en qué me vi para reducirlo. No había forma. Levantaba la cabeza, se retorcía. No había visto un animal que más se resistiera a morir. El golpe que le apliqué en la nuca con el puño cerrado fue mortal de necesidad. Aun así y todo, se removía enfurecido, creo que ya muerto, durante bastante rato.
            Ya no quiero matar otro animal. ¿Por qué este abuso de fuerza con seres que no se pueden defender? Es inhumano. Con la lidia de los toros, la escena se repite. La bestia brama dolorida, con ojos suplicantes, hasta morir.
            La muerte del cerdo era una fiesta en las casas. El cuento del burro que envidiaba su suerte hasta que lo vio morir, me hizo meditar ya de pequeño. Que unos matarifes entraran por la noche a sacarlo de su sueño para acuchillarlo, me horrorizaba.
            En el hombre nada justifica que mate. En el caso de ciertos animales, tecnificar su muerte para que no sufra, es lo menos que cabe hacer. Lo de matar, como yo este verano, a porrazo limpio, hiere la más basta, grosera y burda sensibilidad. Me avergonzaré de mí mismo por esta acción toda mi vida.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 1 de abril de 2013

Alcaldes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 Abril 2.013
            ALCALDES –fragmento-
            En la terraza tomamos el café. La noche era espléndida. A mi derecha estaba Dorita, concejala del ayuntamiento. Le dije pronto, en un aparte, en broma y en serio, que para mí los partidos políticos más que resolver problemas los creaban; que lo mejor sería encontrar a la persona reconocida por su bondad, por su inteligencia y por su amor al pueblo, para que fuera alcalde.
Su respuesta fue rápida, tajante, como preparada; diría que ya la había utilizado: "¡No se encuentra a la persona íntegra!; cuando crees que alguien es cabal, arañas la superficie y ves que no es así". "Quizás", seguí yo un tanto desconcertado. Sus ojos, a través de unas gafas oscuras, me seguían mirando, y pronto, con el pretexto de tener otros asuntos, nos abandonó. Yo hubiera seguido hablando con ella. Fue la nuestra una conversación cortada, sin sobremesa.
La mujer inteligente y diplomática, hace lo propio: corta justo cuando quedan ganas de seguir. Así su recuerdo es más grato y su retorno más deseado. Es la clave de la coquetería femenina.
            Que no hay personas íntegras, cabales, perfectas, ¿qué duda cabe? Pero dentro de nuestras limitaciones humanas, la persona que demuestra real querer y real saber,  hará más que muchas medianías. No cuenta tanto el número de opinantes como la calidad de sus entendederas.
Le hubiera dicho a Dorita, si seguimos, que no estaba de acuerdo con su teoría. Dos nadas hacen una nada; y cien nadas son menos que una mitad. Si la persona elegida para alcalde es esa mitad, ya vale por todos los que no le igualan.
            Ay, Dorita, ¿cómo te diría yo que tú me pareces la mujer idónea para dirigir el pueblo? Sí, tú, mujer lista, que estás de vuelta de muchas cosas y afrontas con entereza otras de más calado. Yo te daba a ti, mañana mismo, el mando del Ayuntamiento, Dorita. Pero a ti sola. Estoy seguro que sabrías llegar al corazón de tus paisanos. Convéncete, Dorita, la discusión acalorada, encontrada, es poco efectiva. No sale la luz de estas reuniones.      En las asambleas de Ayuntamiento -plenos o permanentes- sobran ediles a mogollón.
En los Colegios e Institutos, pasa lo mismo. Es para mí el fracaso del nuevo sistema escolar. Cuando un Consejo de Centro, formado como sabes por padres, alumnos, profesores, personal no docente y representantes de ayuntamiento, se sientan a deliberar sobre programaciones y evaluación de resultados, fíjate bien, Dorita, cuando esto ocurre, se ha roto la paz y la eficacia en los centros educativos. No se va a las reuniones con la mejor voluntad; hay siempre otros intereses escondidos y bajos que llevan a enzarzarse en estériles discusiones.
Francisco Tomás Ortuño

domingo, 31 de marzo de 2013

Galaxias. Piropos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 31 Marzo 2.013, San Amós
            GALAXIAS
            El pino es precioso, con su gama de verdes jugando con el sol. ¿Has reparado en que el pino es como otro universo?: Cada piña es una galaxia compuesta por otros mundos en su interior. La Tierra, un piñón diminuto perdido en el boscaje de una piña, quiere saber qué hay más allá de su contorno. ¡Qué difícil no marearse con estas elucubraciones espaciales! Más allá del universo una nada sin fin, sin tiempo y sin espacio.

            PIROPOS
            Los pinos de Santa Ana se saben admirados y queridos. "¡Qué pinos tan hermosos, qué lugar tan acogedor!". ¿Serán así porque se saben amados? En los animales hay pruebas evidentes de que nuestro cariño se les transmite y les hace sentirse alegres; y que nuestros reproches y desprecios, por el contrario, los aflige. ¿Por qué no pensar que a las plantas "se les alegra el corazón si son piropeadas y se ajan si se las maltrata?
Gertrudis Gómez de Avellaneda, cubana del siglo pasado, dedica una poesía  a una higuera que tiene, retorcida y fea: "En mi huerto hay ciruelos hermosos, más de cien árboles bellos; cuando paso cerca de la higuera, exclamo para que me oiga: “Es la higuera el más bello de todos los árboles de mi huerto". Y sigue la poetisa: "Por la noche dormirá feliz pensando que le dijeron hermosa".
            Qué bonito pensar que una planta nos oye y se alegra con nuestros requiebros. Una vez le preguntaron a un horticultor qué hacía para criar siempre las mejores hortalizas del contorno, y, sonriendo, contestó: "Porque les hablo y les hago saber que las quiero". Pero hoy parece que las pruebas llegan a la evidencia. Personas estudiosas han hecho experimentos con plantas y parece fuera de toda duda que se mustian o se esponjan según los sentimientos hacia ellas de sus dueños.
¿No conoces el caso? Había dos plantas en una habitación. Un joven entra y destroza una de ellas -la arranca de raíz y la pisa sin compasión-. Luego el dueño conectó a la planta que queda un polígrafo -aparato que se utiliza con las personas para detectar su estado de ánimo, como miedo, tranquilidad, etc.- Fueron pasando hasta seis personas a la habitación; cuando entró el autor del estropicio, la aguja del polígrafo, sin vacilar, saltó convulsionada. 
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 30 de marzo de 2013

Lágrimas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Marzo 2.013
            LAGRIMAS –fragmento-
            Hay un recuerdo de mi infancia que ha permanecido en mí nítido, diáfano, sobre otros, con el paso del tiempo. Temprano, mis padres, no sé por qué, me mandaron a dormir.  En la cama, con los ojos abiertos y un nudo en la garganta, escuchaba a otros niños como yo, jugar en la calle. Sus gritos y sus risas me herían profundamente. Aquellas lágrimas eran, quizás, las primeras que derramaba de mayor. Cruzaba, sin duda, de la infancia a la adultez.
            Pedro Antonio de Alarcón recuerda lo mismo de una Nochebuena con sus padres. Es un momento crucial, trascendente, de niño que deplora el mundo que se va y teme al mundo que le aguarda. Es un segundo de angustia en la vida de la infancia. El primer destello de filosofía que aparece en nosotros. Alarcón lloró aquella noche escuchando: "La nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos para no volver jamás". Yo lo hice escuchando a otros niños. Lo recuerdo con precisión: sentí angustia, miedo y muchas ganas de llorar, sin comprender los motivos.  
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 29 de marzo de 2013

Instantáneas.


       INSTANTANEAS

           El paso de "La última cena de Jesús con los apóstoles", en la procesión del Viernes Santo, me hace recordar el mercado de mi pueblo.  Los martes en Jumilla marcan hitos en las vacaciones estivales. Cada martes, mi visita al mercado con el coche es obligada. Una, dos, tres, diez veces y el verano fuera. Permanecer dentro del coche viendo a la gente que entra y sale, mientras que mi mujer hace la compra, es una fiesta para mí. Cómo se retratan todos y cada uno delante de mi coche, en una instantánea rápida y fugaz, en un revuelo de colmena. La gente, atolondrada, discurre presurosa por mi lado sin reparar en mí. Con avidez la observo, la analizo, la estudio profundamente. Después de varios martes, termino por conocerlos y hasta por saber cómo se comportan: "Este espera, como yo, a su mujer", "este viene sólo por melones", "aquél sólo mira la mercancía, pero no compra nada". Es curioso comprobar que las personas se comportan siempre igual en el mercado: Hay mujeres que gustan de pararse con la primera conocida que ve; las hay que muestran orgullosas lo que han comprado; las hay que llevan a una chiquilla para que lleve el carrito; las hay que compran mucho y las hay que compran poco.

            El mercado es la despensa del pueblo. De cada casa viene un emisario por su ración. Suele ser la mujer la encargada de este menester. Hortalizas, carnes, pescados, quesos y demás, se reparten desigualmente según economías familiares. Con qué premura acuden las mujeres a la compra y con qué satisfacción se marchan.

            Saber cómo se ha surtido la despensa común es también interesante. Es un milagro que las personas se movilicen tan temprano para tener dispuesto el mercado cada mañana. ¿Quién trajo el pescado y de dónde?, ¿quién prepara las carnes y cómo?, ¿de dónde vinieron frutas tan exquisitas? Bello espectáculo el que ofrece el mercado cada martes a quien mira más allá de lo que ve.

            Cada martes, la plaza del mercado es igual que la sociedad convulsa. Como un panal de abejas son las personas que acuden por su ración alimentaria. Unas van y otras vuelven; unas entran y otras salen; direcciones opuestas; encuentros inesperados. Pronto la paz renace, la fluidez retorna, el discurrir presuroso cesa. La plaza se disuelve en un mar de silencios.

            Hermosa estampa la que ofrece cada martes el mercado. Yo quisiera que en los pueblos cada día fuera martes, y que cada familia tuviera en abundancia su ración asegurada. Yo quisiera que en el mundo, todos tuvieran esa ración asegurada de alimento. Que sin excepción, hubiera siempre ese mercado bien abastecido donde cada cual pudiera encontrar lo necesario para subsistir.

            ¿Qué ocurre en algunas ciudades -puntos negros en la geografía- donde no hay que llevar a casa?, ¿donde el hambre es norma para la mayoría?, ¿qué ocurre en ciertos países que no conocen lo que es un mercado?

            La gran familia humana. Todos debemos ser como una gran familia. Ni blancos ni negros ni amarillos. Todos hijos de la misma tierra, hermanos del mismo sol. Todos uno mismo. En tanto no haya sólo una familia y una mesa, el hombre no habrá alcanzado su plenitud. Hay que llegar a esa gran mesa común, en la que todos encontremos esa ración indispensable para subsistir. El mercado es una fiesta cada martes; pero hace pensar que ni todos van a él ni todos se llevan lo mismo.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia