lunes, 25 de febrero de 2013

Viernes.


Litesofía -entre "lite" y "filo"-, 25 febrero 2.013
VIERNES
            ¿Por qué gustan los viernes?, ¿por qué los lunes no agradan? Por el trabajo, sin duda. Los lunes tienen obra por delante; los viernes, descanso. Cuando hay un día festivo en medio de semana, ésta es más simpática. ¿Y por qué? Por lo mismo: la gente no trabaja a gusto. Hay que ver los lunes con ilusión, como se ven los viernes. Cuando convirtamos los lunes en días alegres, habremos cambiado la sociedad.
            -¿Y cómo realizar el milagro?
            -Haciendo amenos los trabajos.
            -¿Cómo?
            -Dando a cada cual el suyo.
            -¡Ah!
            -Cuando el hombre vaya al trabajo como va a una fiesta, cuando le sea tan grato que no lo cambie por nada del mundo, será otro, rendirá más, se sentirá infinitamente mejor.     
            El problema del trabajo está por revisar. Estarás conmigo en que así no debe seguir: unos trabajan y otros no; unos trabajan mucho y otros nada; unos en tareas duras y otros en faenas suaves. El reparto del trabajo es de lo más injusto que tenemos. Hay que revisar sus estructuras, hay que humanizar el trabajo, repartirlo mejor, racionalizarlo. Cuando el trabajo sea para todos liviano como pluma y grato como caricia, los lunes serán San Lunes, como hoy los viernes, y no antipáticos y aburridos por no decir odiosos.

domingo, 24 de febrero de 2013

Músicas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 febrero 2.013, Domingo
A mi hijo, Francisco-Amós TOMÁS PASTOR
            Fragmento
MUSICAS
            Escucho música clásica: “Danza eslava número uno en Re mayor”. A los jóvenes les agrada más otro tipo de música. Prefieren canciones de ritmo trepidante. El niño se educa musicalmente oyendo música. La casa alegre que es la escuela, no debe estar ayuna de música. Los niños deberían entrar con música al Colegio, salir escuchando música y hasta trabajar con ella.
            Si queremos que el niño ame la música clásica, que la goce y la prefiera, nada mejor que dársela a oír, y, poco a poco, como un aire perfumado, se irá adentrando en su espíritu. Si a esto añadimos nombres de compositores, los niños conocerán luego obras que escuchen ocasionalmente.
            Es una triste realidad que, hasta hace bien poco, no se estudiaba la Música. Ni se enseñaba en la Escuela ni se aprendía en el Instituto. Los niños y menos niños apenas sabían quién es Beethoven, Schumann o Verdi, ni distinguían una sonata de una zarzuela.
La música debe promocionarse y ocupar el puesto eminente, grandioso, que le corresponde. Que no se sepa quién es Falla o Bretón, dice poco de un sistema educativo. Que no guste Albéniz es síntoma de enfermedad educativa.

sábado, 23 de febrero de 2013

Escuelas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 febrero 13, San Policarpo
A mi hija Lina Mª TOMÁS PASTOR, DOCTORA EN PEDAGOGÍA
            
               ESCUELAS

            Yo no sé hasta qué punto habrá sido bueno que la escuela dejara de ser la escuela que tuvimos siempre: Maestro y niños. Maestro que enseña y niños que aprenden y se relacionan con otros niños. No parece ya escuela; parece más un instituto, con tantos profesores y tantas aulas.
            Al niño no hay que dar lo que nos parezca sino lo que corresponde a sus pocos años. Hay que volver a la escuela con calor de escuela, donde el maestro es sólo maestro y el niño sólo niño de escuela. Luego vendrán otras exigencias y otras obligaciones.
La escuela para enseñar las materias instrumentales, para que el niño conviva con otros niños, para que aprenda de todo, sin exámenes ni distinciones. La escuela debe volver a ser escuela. Maestro y niños. Maestro de todo y niños de todos. Comunidad viva. Luego vendrá el instituto con varias aulas, varios profesores y aparatos sofisticados.
            Cuando se pensó que haciendo tres escuelas de otras tres próximas, y poniendo en una a los mayores, en otra a los medianos y en la tercera a los pequeños, empezó a romperse. Tuvo que ser un listillo el que pensara: "¡Eureka!, ¡ya está!, ¿cómo no se ha visto antes?".  
Primero fue separar a los niños por edades; luego por conocimientos; después por inteligencias; más tarde por combinaciones de unos y otros. Ya estaba la escuela convencional rota. "Mejor Colegios con muchas aulas y muchos profesores. Aquí los niños de cuatro años, aquí los de cinco, en esta los de seis, los de siete...".
"Vamos a colocar aquí a los niños de nivel mental normal, aquí a los que no dan la talla, aquí a los listos". "Pero, ¿qué ocurre que no funciona tampoco?”. Enseguida se rompe la igualdad conseguida".
Habla otro: "Tiene que haber muchos controles y suspender a quien no consiga superar las pruebas. Esto es: promocionar. Esa es la palabra. Hay que promocionar a los que superen los controles con sus pruebas correspondientes. Los demás a repetir”.  
Y los sabios, alrededor de una mesa grande, con humeantes cafés, piensan en su contribución sin igual a la ciencia, mientras que los niños van de aquí para allá, cargados de libros, sin comprender a qué van a la escuela ni qué significa lo que oyen  de enseñanza, deberes, evaluaciones, promociones, repeticiones y gaitas.
            La escuela tiene que volver atrás y ser otra vez un lugar ameno, con color y calor de niños, con amor y pura simplicidad.

viernes, 22 de febrero de 2013

Engolado. Fósforo. Distantes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 febrero 2.013
Fragmentos

            ENGOLADO
            Las personas inteligentes tienen el sentido del humor muy desarrollado: Igual  hablan por su engolado señor de palabras altisonantes cuando procede, que por el otro menos rimbombante cuando es necesario. Hablar siempre grave y solemne, es haber aniquilado al más simpático yo que todos tenemos.

            FÓSFORO
            La medicina avanza que es un primor. Es como un servicio de albañilería, fontanería, carpintería, electricidad, etc., superespecializado. La casa -nuestro cuerpo- envejece; llega un momento en que hay peligro de desplome. Acude al médico. Hay que mantenerlo; hay que apuntalar. "¿La vista?", lentes para ver mejor; "¿dientes?", piezas de repuesto; "¿sordera?", audífonos que amplifican el sonido; "¿calvicie?", trasplante de cabello: "¿arrugas?", cirugía estética; "¿agotamiento?", calcio; "¿amnesia?", fósforo; "¿amputaciones?", ortopedia; "¿pulmón que no va?” , trasplante…
Me recuerda a la mujer que en su noche de bodas, ya a solas con el marido, se desprende de un ojo postizo, que coloca en el armario; de los dientes, que pone en el armario; de la peluca, que lleva al armario; de una pierna, de un brazo. El hombre, que sigue atento el desguace, permanece inmóvil, sin articular palabra. Ya la mujer, encamada, le dice: "¿No te acuestas, querido?". Y él le responde: "Es que no sé dónde hacerlo, si en la cama o en el armario".
            La medicina no devuelve la juventud, el vigor de los veinte años, la ilusión de la mocedad. Sólo apuntala, como en las casas viejas, con piezas de pacotilla.

            DISTANTES
            Los niños se buscan y juegan unos con otros. Los mayores vivimos cerca y lejos, con ellos pero aparte. El mundo de los niños está próximo y distante del nuestro.  En otra órbita.
            El niño recorre en pocos años la historia de la humanidad; el adulto ha llegado. Así que, entre un niño y un adulto hay siglos de distancia. Y esto a veces no se tiene en cuenta, y se trata al pequeño como si fuera mayor. Los padres, los maestros, los adultos en general, deben saber que los niños no comprenden sus problemas ni tienen por qué vivirlos.
            Cuando observo que participan de nuestro sofisticado mundo de mayores, creo que se comete con ellos la mayor de las injusticias. Ellos deben obrar en niño, vivir en niño, ver cosas de niños y hacer cosas de niños. Pero, por abuso de autoridad o de fuerza, la sociedad está montada por mayores y a la medida de los mayores, y quiere que los pequeños vivan bien en él aunque no puedan. 
            Me imagino que a los hombres del paleolítico les hubiera ocurrido lo mismo si los transplantan a una gran ciudad de las nuestras. Aquellos rudos seres de piel y carne cruda, de cuevas y hachas de piedra, se hubieran asfixiado con nuestra  avanzada tecnología. "Que aprendan pronto, que vivan más". Tremenda equivocación. "No por mucho madrugar, amanece más temprano", dice el refrán. Querer para los niños cosas de adultos es no comprenderlos y no quererlos. Al niño, juegos, lecturas, dichos y hechos de niños.
            ¿Qué piensan los niños?, ¿cómo piensan? Todos lo fuimos antes, pero pasó tan deprisa la edad, como un meteoro, que apenas lo recordamos. El adulto lleva una marcha lenta porque ha llegado; va al paso de la humanidad, lento paso de paquidermo, lento caminar de carreta. Pero el niño vuela, corre vertiginosamente. En pocos años recorre siglos de vida; a mil por segundo. ¿Cómo piensan los niños? ¿Cómo pueden pensar? ¿Puede darse mayor milagro? Su vida es un disparo, un pistoletazo hasta llegar arriba, con los mayores. Fisiológicamente, mentalmente. Un milagro cada niño en su desarrollo. Si pudiéramos entrar en ellos un instante, sería  venerar por siempre sus vidas fugitivas.
            Escribir para niños no es tarea fácil; mejor, empresa ardua y arriesgada. Llegar al niño con acierto, pura casualidad. El escritor se expone a pasarse o a no llegar con su disparo. Lo mejor, quizás, sea ofrecer, pura y simplemente mostrar como en un escaparate, donde él recoja lo que deba. Darle "porque es lo suyo" me parece demasiada presunción por nuestra parte.

jueves, 21 de febrero de 2013

Fotos. Dramas.


Litesofía –entre “lite” y “Filo”-, 21 febrero 2.013
            Fragmentos
FOTOS
            Las fotos, en el fondo, buscan detener el tiempo. ¿Lo consiguen? No y sí: el tiempo continúa su marcha; pero, en parte, ese instante queda detenido para verlo a placer, más tarde. Las fotos nos ofrecen dos aspectos: uno, recordar hechos, lugares visitados; otro más triste: ver a los hijos cuando crecían hace sólo unos años. Las fotos tienen en cualquier caso la virtud de recordar el paso inexorable de los días.

            DRAMAS
            La mujer tiene dos fechas difíciles, ¿habías reparado en ello?: cuando empieza a ser mujer y cuando va dejando de serlo. La primera es motivo de regocijo; la segunda de preocupación. Las crisis espirituales son frecuentes en ambos casos.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Hastío.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 febrero 2.013
Fragmento
HASTIO
            Para leer hay que llevar un orden. Leer por leer, lo que venga a mano, es tener un estómago poco delicado. Es tanto como comer sin mirar lo que llevamos a la boca. Con un libro nuevo, lo primero es conocer al autor, época, tendencia, libros publicados, etc.; luego ver lo que nos cuenta y sacar nuestras propias conclusiones. Se dice que todo libro tiene algo bueno; pero los hay que abundan en lo malo, y no compensa lo bueno que ofrecen con lo malo que dan. De aquí que toda prevención a la hora de leer un libro sea poca.
            Cuando un libro nos entusiasma hasta el fin; cuando nos hace ser mejores, el libro es bueno, sin duda. Pero ocurre a veces que deseamos pasar hojas sin leer por acabar pronto, y no nos enteramos del mensaje. Así, el hastío nos invade y el desprecio por los libros nos acomete. Los buenos escritores, más que de una época son de todo tiempo; lo que dicen puede aplicarse a la humanidad; sus obras son clásicas, de siempre. Por desgracia, son los menos.
            ¿Surgen estas obras de la madurez de su autor o son el fruto casual que nace cuando no se espera? Pienso que las obras geniales se deben bastante al azar. Un relámpago, un fuego, un pensamiento febril, pueden alumbrar el felicísimo parto, cuando menos se espera.

martes, 19 de febrero de 2013

Correlaciones y miedos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 febrero 2.013
            CORRELACIONES  Y MIEDOS
            Los exámenes no dicen toda la verdad. Yo presencié el siguiente caso, y doy fe de que ocurrió así: Un joven esperaba su turno para examinarse ante un tribunal compuesto por tres señores serios, mudos, impenetrables. "Me sé todo el programa menos la lección treinta y dos, que trata de las correlaciones; no tendré tan mala suerte", nos dijo a varios que esperábamos turno como él. Lo llaman en su momento, saca una bola para desarrollar el tema y... ¡justo lo que estás pensando!: lección treinta y dos. Dio media vuelta y salió por donde había entrado. ¿No podía ser al revés: saberse sólo una y tener la suerte de sacar esa bola?

En otra ocasión, un compañero se puso blanco y no decía nada ante los miembros del tribunal. "¿Se encuentra mal?", le preguntaron. No hubo respuesta. "Tráigale un vaso con agua", dijeron al conserje. Se bebió el agua de un trago. Seguía blanco como el papel. Pasaron unos minutos más. "Se le ha agotado el tiempo", le indicaron amablemente. El examinando se levantó descompuesto, y se dirigió hacia un armario que había cerca. Lo tuvieron que acompañar para alcanzar la puerta.