martes, 24 de junio de 2014

Isán, el nómada.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 junio 2014, martes, San Juan

Fragmento
Yo vi la procesión del Corpus entre la Plaza del Cardenal Belluga y la Gran Vía. Cerca había un Monumento con la Custodia, ante la que se  inclinaban los procesionistas, con el Señor Obispo, en señal de respeto y pleitesía. Justo enfrente cantaba una Coral de jóvenes cantoras dirigidas por su Director.
A la vuelta, me detuve en el Plano de San Francisco, donde se monta un Mercadillo los domingos con toda clase de objetos: relojes, monedas, cuadros… Compré un libro sobre Reflexología, que, según el vendedor, era la ciencia que curaba los  dolores del cuerpo con masajes en los pies.
Ya los chinos, siguió mi informante, supieron antes de Jesucristo, que los órganos del cuerpo están relacionados unos con otros, y que en los pies se encuentran sus terminaciones nerviosas. Con un buen masaje  en los mismos se podía aliviar el dolor de cualquier parte del cuerpo. “Por probar que no quede”, me dije. Y compré el ejemplar.
Me dirigía a casa cuando vi en el parque del Malecón un banco con sombra y me senté a ojear el libro que había comprado. Un libro nuevo me pide a gritos que lo examine. A ti te pasará lo mismo. En el banco con sombra había un joven sentado. “¡Hola!”, saludé. Y hablamos.
Me dijo que era marroquí, pero que vivía en Málaga. Hablaba español perfectamente. Tenía veinticinco años. Dijo saber inglés y francés. ¿Cómo aprenden tantos idiomas los extranjeros y a nosotros nos cuesta tanto superar el nuestro? Los rumanos, rusos o magrebíes no se conforman con su idioma y aprenden otros con suma facilidad.
-“What is your name?”, le pregunté. Y enseguida me dijo en inglés que se llamaba Isán y que su madre estaba separada. Cuando su padre se casó con otra mujer –puede hacerlo hasta con cuatro si las puede mantener- ella decidió salir de casa con su hijo.
-Más tarde, mi madre se volvió a casar con otro musulmán y tuvo más hijos. “Entonces fui yo quien no quiso seguir en la misma casa con mis hermanastros”, dijo. Y se fue a vivir su vida como Alá lo encaminara.
Ahora él se hablaba con una chica de Casablanca, que había conocido, pero que lo tenía difícil ya que ni tenía oficio ni casa donde vivir. Pensé en la difícil situación de estos jóvenes nómadas que tienen que vivir con un maná incierto y que duermen en los bancos de los parques. Le di diez euros para que comiera y me despedí. “¡Adiós, Isán, y suerte!”, le dije. 

                          Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 23 de junio de 2014

Tú no hagas ruido.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 junio 2014

Fragmento

Murcia, las ocho menos cuarto, en mi despacho o camarín. Comienza su andadura el nuevo verano, Filiberto. Más relevos a la vista. ¡Vaya serie de cambios que llevamos!
-Es verdad, Roberto, faltaba la estación; que si el Rey, que si el Papa… “Renovarse o morir”, que dice el adagio.

-“Nadie se baña dos veces en las mismas aguas”, dijo ya Heráclito. O sea, que todo cambia constantemente, todo fluye y pasa para que su puesto lo ocupe otro.

-No quería ser tan drástico, Filiberto, aunque vea que Heráclito tenía razón, que ni un breve segundo se detiene. Yo hablaba de los cambios esporádicos, ocasionales, que se ofrecen en la vida: a la primavera sigue el verano; al rey Juan Carlos, su hijo Felipe; al Papa Benedicto, el Papa Francisco; al campeón mundial de fútbol, otro campeón…

-Pero tantos cambios juntos pocas veces se dan, Roberto.
-Estos fenómenos, con perspectiva, deben anunciar algo, Filiberto. Como preparados para un milenio nuevo. Que entre los cambios entra el milenio, Roberto, no te quepa duda, como la aparición del móvil y el internet.

-Cierto, que ha sido un cambio fenomenal. ¿En qué se parece el siglo pasado al nuevo, Filiberto? La Iglesia se renueva; el Rey cambia; ahora el verano… Como si la Tierra se sacudiera para dejar lo caduco y empezara de nuevo.

-Tú lo has dicho, Roberto, como si de un camaleón se tratara. Tú no hagas ruido, Roberto, que pasemos desapercibidos más tiempo aquí, que lo que vemos no estaba previsto para nosotros. A ver si duramos un poco más y eso que tenemos. Pocos han tenido la suerte de conocer lo pasado y el presente Ni los hijos vieron el pasado reciente ni los padres han visto el presente. No hagas ruido que no reparen en nosotros, Roberto. Aunque somos de otra época, lo gozamos como preparado para nosotros. Tú no hagas ruido.

Francisco Tomás Ortuño

Doctor por la Universidad de Murcia  

sábado, 21 de junio de 2014

Dias pasados.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 junio 2014, Verano, San Eliseo
Fragmentos de días pasados
¡Vaya mañana de Reyes!, Eulogio. Que si el Palacio Real, que si la Zarzuela, que si Letizia, que si Felipe, que si Sofía… Discurso del Presidente del Congreso, discurso de Felipe VI, Rey de España desde hoy, aplausos, desfiles militares… Desde las nueve y media sin parar.
 
 -Sofía y Leonor, las hijas de don Felipe, siguieron la ceremonia al lado de sus padres, como si fueran mayores. Parecían las Meninas de Velázquez.
 
 -O sea, que la proclamación del nuevo Rey fue un éxito.
 
 -La Reina saliente, doña Sofía, entre tantos Presidentes, Diputados y Senadores, era la mujer más feliz del mundo.
A su lado estaba una de sus hijas. Yo la llamo “La llorona” desde que la vi llorar en los Juegos Olímpicos de Barcelona, y su hermano, el Príncipe Felipe entonces, llevaba la Bandera. 
-Si vas a llorar no vayas -le dijo su padre-. Y ella le contestó:
-No lo puedo remediar, papi; haré lo que pueda, pero no respondo.
 
La familia estaba incompleta: faltaban nietos, faltaban yernos, hasta faltaba una hija y el mismo Rey don Juan Carlos.
Dijo que por no restar protagonismo a su hijo, pero yo creo que fue por no llorar él también, que con la edad las emociones están a flor de piel.
-No me extraña, con tantos recuerdos y tantos aplausos, a cualquiera…. No por ser de la realeza se tienen menos sentimientos.

-No me vengas con máximas, Saturio. 
-Los humanos, al fin, todos somos iguales: con los hijos vienen alegrías y penas, y con los años, achaques.

Francisco Tomás Ortuño

viernes, 20 de junio de 2014

Ortopedias.

 Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 junio 2014, san Viernes

Ortopedias

La protagonista era una joven como tú. En un accidente pierde el habla y todo recuerdo del pasado. Hasta le amputan una pierna por debajo de la rodilla. Poco a poco recupera la memoria, el habla y la habilidad para desenvolverse con una pierna ortopédica. Luego viene la moraleja, la segunda parte de la película. La chica se enamora de un joven apuesto y hace horas extra de recuperación sin que nadie se entere. Se da cuenta de que es su problema y que a ella toca resolver. Tanto empeño pone que llega a manejar su pierna ortopédica como si fuera propia, hasta el extremo de que monta a caballo, en bici, corre y juega sin que nadie adivine que es coja.

El médico le enseña muy pronto que debe asumir su defecto con entereza: "Debes decirlo cuanto antes a tus nuevos amigos, como si tal cosa, y no esperar a que lo descubran ellos; así verás quién te acepta por ti; quien no te reciba por un trozo menos de pierna, no vale la pena en tu vida". Con estas ideas va por el mundo, y a las primeras llantinas y desilusiones siguen momentos de logros y de alegrías. Se casa y vive feliz. Tan feliz que quiere hacer felices a los demás como ella, y con tal fin se coloca en un Centro de mutilados para ayudarles a insertarse en la sociedad. Nadie mejor que ella para infundirles valor, alegría y ganas de vivir. Cuando les habla por vez primera no se creen que es coja. "Qué fácil habla el sano con el enfermo", dijo uno. Entonces le descubrió su tocón de madera y le hizo tocar para que se convenciera.

            Cuántos en la vida real pueden aprender de esta película que nuestros males, con buena voluntad, se pueden vencer; y que, en último extremo, aceptar la voluntad de quien dirige nuestra vida es lo mejor para nosotros. Que no debemos rebelarnos ante pequeños contratiempos, que el Señor, quizás, los pone para hacernos bien. Mi filosofía es la siguiente: "Esto creo que es bueno y lucho por alcanzarlo; si no lo consigo debo alegrarme: no era lo mejor para mi". Leí una vez un cuento sencillo pero profundo del uruguayo José Enrique Rodó: Un niño juega con un búcaro a sacar notas de música dándole con el dedo; luego lo llena de arena y el vaso compacto ya no suena como antes. El niño, que debía tener alma de filósofo, piensa un momento y, en lugar de romper la vasija que antes le proporcionaba bellos sonidos, coloca una flor de tallo largo y la pasea orgulloso por la casa como un trofeo conseguido en un combate colosal.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia


jueves, 19 de junio de 2014

Casualidades.

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 19 junio 2014,  jueves,  San Romualdo
           
Casualidades

La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya aparte un paisano tuyo, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes  algo a un señor que pasa, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el hado, el albur, el destino,  que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud.  "¡Qué casualidad, que me haya tocado la lotería!".

            Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí,  que nos sacude con violencia, y que no llegamos a comprender.

            La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno.  El hombre sabe que  lo ha experimentado, pero lo desborda.  Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma. Yo pienso en alguien y, en seguida, me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona que se encontraba allí.

            Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera aún de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 18 de junio de 2014

Relevos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 junio 2014, miércles
Relevos

El día último de cada mes es para mí un día de despedida. No sé si a ti te pasa lo mismo, pero en esa fecha veo a un amigo que se marcha. Igual me ocurre con los años. El último de diciembre es un día triste para mí. Iba a decir que cada día por la noche es otro amigo que me deja.

¿Reparamos en estos compañeros? Un día tiene entidad propia, no es nunca como el vecino, es él y sólo él, no hay dos iguales. Pero a fuerza de vivir con ellos, los confundimos. Sí, cada veinticuatro horas hay un real relevo, un nuevo invitado.  Llega y quedamos indiferentes, sin despedir al que se va ni darle la bienvenida al que llega.

Podríamos decir luego: "El veinte de enero me ocurrió tal cosa". Es una referencia para fijar nuestros hechos cotidianos, nuestra historia personal. Los días son como armarios para guardar nuestras acciones. ¿Se servirá Dios luego de ellos para ver nuestro paso por la tierra? "Este vacío, este vacío, este sucio, este sin nada de valor". ¿Mirará el Señor estos armarios a la hora de juzgarnos?
           
-Pero, ¿en qué quedamos, los días son compañeros o baúles para guardar cosas?
            -Lo uno y lo otro. Cumplen esa doble función: estos buenos amigos guardan todo lo habido y por haber. ¿Pensamos que el Señor nos lleva minuciosamente controlados?: Un Comandante nos acompaña cada año. A su servicio hay doce Capitanes, uno para cada mes. Y cada Capitán dispone de treinta Sargentos.

            Resumiendo: Por cada año de nuestra vida hay pendientes de nosotros: un Comandante, doce Capitanes y trescientos sesenta y cinco Sargentos. Todo lo archivan. Hasta los pensamientos más ocultos quedan registrados. Inmenso ejército para vigilar nuestra vida, para archivar nuestros actos y pensamientos.
           
Al final, cada ejército se presenta ante el trono del Señor con el sujeto que va a ser juzgado.  Cada Coronel recibe de sus Comandantes los registros que estos reciben de sus Capitanes y Sargentos. Todo lo presentan al Sumo Juez, que observa al reo. El Juicio es inapelable.


   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 17 de junio de 2014

Compartimentos del cerebro.

Litesofía –entre lite y filo- 17 junio 2014-06-17
Alifafes –fragmento-

Cuando me bañaba esta mañana en la piscina de Inacua, saludé a un compañero: “¿Cómo estás?”, le dije. “Yo bien, ¿y tú?”, me contestó. Le confesé que me levanto con dolor de hombro. Se rio para decirme que a él unos días le duele la espalda y otros días los pies; pero que no hacía caso; que había visto que el dolor desaparecía solo. “Lo último es ir al médico a contarle tus alifafes y que te mande píldoras, que si alivian el dolor fastidian el estómago”, dijo al final. 

-Es que tengo ochenta años –seguí. Y él me dijo que era mayor que yo, que había cumplido ochenta y tres. “Nací en el año treinta del siglo pasado. Tú nacerías en el treinta y tres”.

-Efectivamente –le dije-, en tiempos de la República. Sentí alivio sabiendo que me las había con alguien mayor que yo. Recordé los versos de Campoamor: “Cuentan de un sabio que un día…”

Este recuerdo, sin duda, me llega de alguna parte del cerebro donde guardo mis objetos personales. El cerebro debe ser como un baúl donde vamos depositando cosas. Y el dueño echa mano sin darse cuenta, cuando algo necesita.

-O se ofrece misteriosamente él y te muestra lo que buscas. Hay una relación estrecha entre el cerebro y la persona que lo posee:  se entienden hasta sin hablar. Y esa puede ser la prueba: “Busco tal cosa”. “Aquí la tienes”. Porque fuera del cerebro estoy yo.

-Deben ser compartimentos del mismo cerebro, Julián. Lo que llamas “yo” debe ser una parte que reside más allá. Serán vecinos como las naciones del globo. Ninguna está fuera del planeta, siendo tan diversas unas de otras.

- Será eso… 


Francisco Tomás Ortuño, Murcia