domingo, 12 de enero de 2014

Diarios.

Litesofía –entre “lite” y “filo”-, 11 Enero 2.014
Diarios
Hay varias clases de Diarios. Cabe anotar el tiempo meteorológico, lo que se hace cada día, lo que se quiere alcanzar...
De cualquier forma, un Diario deja para el recuerdo, inmóvil, detenido, un instante del tiempo en procesión.
Momentos de nuestra vida grabados, como fotografías, para luego contemplar de nuevo, en sus acciones o en sus anhelos.
Es divertido y curioso: Cuando se escribe un Diario, late en el subconsciente un deseo de permanecer, un ansia de quedarse.
¿Es, quizás, la guerra contra el tiempo? ¿Esa lucha callada, sorda, que nos rebela contra la marcha inexorable de los días?

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 10 de enero de 2014

Servet y Galileo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 10 Enero 2014, viernes

Murcia, las nueve, donde ayer. Ya tendré tiempo de cambiar. Aquí, con calor de brasero eléctrico, se está muy bien.
Por vez primera, lo confieso, abro mi Taco calendario del dos mil catorce. Veo, sin asombro, que llevamos andados diez días del año y que quedan trescientos cincuenta y cinco por andar. “Largo camino”, dirá el altanero diez, que lleva de pedestal o peana un Pensamiento de Larra: “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”. Efectivamente, don Mariano.
Hoy celebran su Santo los que se llaman Nicanor, Guillermo, Aldo, Patronio y Domiciano.
Y nos cuenta la hoja, por detrás, que Miguel Servet descubrió la circulación de la sangre en el siglo XVI; pero sus coetáneos lo creyeron tan peligroso que lo ejecutaron en la hoguera.
-Algo parecido a lo que ocurrió a Galileo con sus descubrimientos siderales.
-Por suerte se salvaron unos libros y, casi cien años después, otro científico resucitó la idea de Servet: “La sangre circula por el cuerpo, y el corazón es el motor encargado de bombearla a través de las arterias”.
-¡Qué pena, Samuel, que estos descubridores no gozaran de sus hallazgos!

-Como les pasa a la legión de no nacidos por creer sus madres que no eran seres como los que llegaban a la meta. Ahí están esperando que el Señor los juzgue un día.
-¿Y de qué los va a juzgar? ¿Ellos qué se merecen de que los eliminaran en el camino?
-Son tantos que han formado una corporación, la mayor con diferencia, llamada de los no nacidos, para defender su causa.
-¿Y qué piden los pobres?
-Que los juzguen pronto, que si fueron creados para nacer y no alcanzaron su objetivo, no fue por ellos sino por la ignorancia de unos o la inquina de otros, que mejor no recordar. Seguro que Dios los tendrá en cuenta a la hora de repartir su Gloria. ¿Cómo va a dejar fuera a tantos seres que eran para nacer y alguien se lo impidió?

Unos que escuchaban exclamaron: “A mí me hicieron picadillo con escalpelos y bisturís cuando más confiado estaba, sin haber hecho nada para merecerlo.
-Y yo –dijo otro-, que celebraba mi próxima salida, cuando ya vislumbraba la luz al final del túnel, vienen unos desalmados y me trituran.
-A mí –terció otro- entraron a saco con hachas y sierras y del primer golpe me liquidaron.
-Y en el juicio, si lo hay, que no dudo que lo habrá, donde se pronuncien los “carreristas fallidos”, como se os llama, o los “hijos de madres sin piedad” como os llaman otros, ¿qué vais a pedir para vuestros asesinos?
Se sonrieron mirándose unos a otros, y respondieron:
-Lo tenemos bien pensado; estamos de acuerdo en pedir compasión por ellas. Al fin y al cabo son nuestras madres y las queremos como los que llegaron con vida al reino de los nacidos.
-Que sea pronto y favorable el juicio: No hay mal que por bien no venga.
Y se despidieron.
-¿Sabes una cosa, Samuel, que sí le encuentro parangón a la historia de los no nacidos con la de Servet y Galileo: Murieron unos y otros por ignorancia de los jueces que los juzgaron.


      Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 9 de enero de 2014

La Infanta.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 Enero 2.014

-Murcia, las ocho, día azul pero frío, como asustado.
-¿Has dicho asustado?
-Sí, como estará el Rey en la Zarzuela, que el pobre no levanta cabeza.
-Cuenta, cuenta, que los chismes no alimentan pero divierten.
-Pues que un Juez ha imputado a la infanta doña Cristina.
-¿Cómo se ha atrevido?
-Es que el Rey en un discurso dijo que los españoles deben ser iguales ante la Ley.
-Y bien que me parece, que, como padre, no debe castigar a unos hijos y perdonar a otros por la misma falta. ¿Y qué delito le atribuye el imputador?
-A la infeliz Infanta la ha perdido la avaricia, que, como sabes, es un pecado capital como la soberbia o la envidia. El demonio es malo y astuto: sabe dar donde más duele para ganar la batalla.
-No acabo de entender lo que dices.

-Escucha: la Infanta un día se casó con un tal Urdangarín, apuesto mozo que jugaba al balonmano. Tuvieron hijos y eran felices. Pero hete aquí que el demonio, como hizo con Eva en el Paraíso cuando le dijo: “¿Quieres ser más que Dios? ¡Come del fruto de ese árbol!”, se le apareció a Urdangarín y le dijo: “¿Te conformarás con lo que tienes siendo tu suegro el Rey?”.

Y le enseñó cómo hacerlo: “Irás a grandes empresarios y dirás: “Deme dinero y no lo diga a nadie, que el Rey le compensará”. Y él le dijo a su mujer: “Seremos ricos, Cristina, muy ricos; tendremos palacios y mansiones de lujo; viajaremos en yates propios por todos los mares del planeta”. La mujer, como Adán en el Paraíso, deslumbrada ante tamaña promesa, miró a sus hijos y cayó en la trampa.

Mas, ay, cuando más descuidados estaban, alguien que no era de la familia, se fijó en el tren de vida que llevaba la familia Urdangarín y la hija del monarca, y pensó: “¿De dónde sacan el dinero para mantener tantas casas y hacer tantos viajes?”. Y descubrió que su fortuna era ilegal; que engañaba a incautos poniendo a su suegro de tapadera.

Cuando tuvo pruebas suficientes, lo denunció. Y el caso se divulgó por todos los medios nacionales e internacionales. Nadie pasaba a creerlo, pero las pruebas eran tan evidentes, tan contundentes, que Urdangarín fue inculpado por robo continuado manifiesto.

-¿Y la infanta Cristina?

-Los amigos de la Casa Real intentaron separarla del follón que se había montado, pero el Juez dijo como Quevedo: “¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Y comprobando que tan culpables fueron Eva como Adán en el Paraíso; que tanto montaba Isabel como Fernando en Castilla; que donde uno firmaba, firmaba el otro aquí, y donde uno iba de viaje, iban los dos, sin dudarlo llamó a la Infanta a declarar.

¿Qué de sustos, sobresaltos y miedos en la familia! “¿Qué ha pasado aquí?”. “¿Cómo se imputa a la Infanta?”. Y, mientras tanto, el Demonio danzaba feliz. 

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 8 de enero de 2014

Cambios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 Enero 2.014
Cambios
            En las personas ocurre como en los atardeceres: no vemos el cambio de la luz a la oscuridad. Pero si nos encerramos en una habitación a media tarde y salimos unas horas después, apreciamos la diferencia. En las personas sucede lo mismo: Los años dejan huella de su paso por nosotros, nos guste o no nos guste.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 7 de enero de 2014

Premios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 enero 2.014
Premios
            ¿Premio o castigo? ¿Autoritarismo o tolerancia? Difícil decidir cuál es el mejor sistema de gobierno. Unas veces parece mejor uno, luego se piensa en el opuesto.
            ¿No será que en un Estado maduro se deba utilizar el diálogo y en otro más inmaduro, se deba utilizar la fuerza?

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

sábado, 21 de diciembre de 2013

Diferencias.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 diciembre 2.013, sábado, Sta. Yolanda
Diferencias
Entre los pueblos sigue habiendo diferencias. Hay religiones y lenguas diversas para pensar en una gran familia, en la familia humana.
Bien es verdad que hay rasgos comunes que los agrupa, que los distingue del resto, pero hablar del género humano como de una gran familia sigue siendo una utopía.

                                                                     Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 20 de diciembre de 2013

Optimismo.

Litesofía entre literatura y filosofía-, 20 diciembre 2.013
Optimismo
Está en nosotros cambiar el signo de las cosas? ¿Podemos hacer que lo feo sea hermoso; lo desagradable, agradable; lo violento, apacible? Estoy pensando como James y Sergi, toda una teoría psicológica; como Copérnico con los astros, o como Kant con el pensamiento. James pensó que podemos sentir como deseamos, como queremos. Yo pienso como él.
      Hay que llenarse de alegría. Ese es el secreto. Se lo inyectaría a mis nietos, a los amigos, a todo el mundo. Hay que llenarse de alegría. Es el caso de los optimistas, que todo lo ven de color de rosa: “Hoy tengo para mi un día nuevo; presiento que será hermoso, alegre; no podrá ser de otra forma”.
“Saldré de casa rebosante de felicidad, saludaré eufórico a cuantos vea, querré a cuantos me tropiece, sentiré alegría de respirar aire fresco, empezaré mi trabajo orgulloso. Seguro que el día será redondo para mí”.
Hay que llenarse de alegría, de ideas felices,, de momentos de triunfo para sentirse bien. El mundo y la vida es de los que piensan así. Yo quisiera encontrar la frase que  solo al enunciarla me cambiara, que solo al pronunciarla me llenara de contento.
Hay que buscar esa frase, ese talismán que nos transforme. Puede ser, por ejemplo: "Soy plenamente feliz". Puede ser otra parecida. Cuando la encuentres,  repítela, ámala. Toda tu persona sentirá sus efectos y todo tú irás cambiando a lo que ella dice.    

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia