viernes, 24 de mayo de 2013

Músicas.


          Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 Mayo 2.013
            MUSICAS
Los jóvenes y la música forman un solo cuerpo. ¿Qué sería hoy de la música sin jóvenes, o qué sería de los jóvenes sin la música? Orquestas actúan en terrazas y salas de fiesta; cientos de grupos pululan por el ancho mundo. En la cresta de la fama hay menos, y en llegar a esos puestos de privilegio, está la ilusión de los que viven de la canción.
            Los jóvenes de hoy no han conocido el mundo sin música. Desde los Beatles a Julio Iglesias y otros divos por el estilo, siempre han escuchado ruido, guitarras y canciones por todas partes. La música los ha formado y conformado..
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Aznar.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Mayo 2.013, jueves
Fragmento

-Ayer encendí la tele y estaba hablando Aznar, presidente que fue de España hace unos años.
-Y que dejó de serlo por el golpe del “Once Eme”. ¿Y qué decía ahora?
-Unos periodistas le preguntaban por el futuro de España: “¿Qué va a pasar, don José María? ¿Cómo ve la crisis que tenemos? ¿Usted qué medidas tomaría si fuera Presidente? ¿Se va a separar Cataluña?”. Y él, como un oráculo, decía que la situación era mala pero que él cuando fue Presidente dio trabajo y no hubo sobres con sobresueldos.
-Querría nadar y guardar la ropa.
-Pero entre líneas se dejaba ver a un Aznar deseoso de volver a la Política. “Pues mire usted…”, repetía con sonrisa que trataba de esconder, “yo creo que con mayoría absoluta se podía hacer más de lo que estamos viendo”. Y los periodistas, pillos ellos, seguían hurgando en las heridas y haciendo comparaciones. “Pues, mire usted, si me llamaran…, ¿quién sabe? Pero les toca a ellos dar el paso, no a mí”. Y en sus ojillos se traslucía el amor al cargo que tuvo.

Por los años finales del pasado siglo, yo dediqué muchos ratos a la Política. Fruto de ellos fue mi libro: “PP o PSOE, tú decides”. Con fecha 17 de octubre del 1.994, página 64, escribí: “Catalanismo.- En Barcelona no quieren hablar en castellano. En el País Vasco, tres cuartos de lo mismo. En el fondo, lo que no quieren es ser españoles. Para ellos su país es su país y basta, y su lengua el catalán o el vasco. Si pudieran tenían fronteras con el resto de España. ¿Qué nos importan los aragoneses, los andaluces o los extremeños?...”.

En la página 207 del mismo libro, se lee: “Murcia con Aznar:
-¿Has visto, Ana, qué recibimiento en Murcia? Más de 20.000 personas, qué éxito, Murcia es nuestra.
-Era impresionante ver tantas banderas y escuchar: “¡Aznar, Aznar, Presidente, Presidente!”. En la vida había visto nada igual.
-No pensaba decírte, Ana, lo que sentí allí. Dios me quiere para Presidente de todos los españoles. No sé cómo explicarte lo que me pasó: tuve la corazonada, la certeza, de que Dios me lo decía. Fue como una luz, como un relámpago. En medio de las aclamaciones, con la plaza llena hasta los topes, vi una luz que me lo decía. Siento escalofrío al recordarlo.
-Que sueñas con la Moncloa, querido…

Y ahora, a los veinte años, veo que todo sigue lo mismo, un Aznar soñando con ser Presidente y creyendo ser la solución a los problemas económicos y sociales de España. Pero… agua pasada no mueve molino, señor Aznar, la vida es irreversible y su turno ya pasó.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Ortopedia.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Mayo 2.013. Sta. Rita de Casia
ORTOPEDIA
            La protagonista era una joven como tú. En un accidente pierde el habla y todo recuerdo del pasado. Hasta le amputan una pierna por debajo de la rodilla. Poco a poco recupera la memoria, el habla y la habilidad para desenvolverse con una pierna ortopédica. Luego viene la moraleja, la segunda parte de la película. La chica se enamora de un joven apuesto y hace horas extra de recuperación sin que nadie se entere. Se da cuenta de que es su problema y que a ella toca resolver. Tanto empeño pone que llega a manejar su pierna ortopédica como si fuera propia, hasta el extremo de que monta a caballo, en bici, corre y juega sin que nadie adivine que es coja.
El médico le enseñó muy pronto que debía asumir su defecto con entereza: "Debes decirlo cuanto antes a tus nuevos amigos, como si tal cosa, y no esperar a que lo descubran ellos; así verás quién te acepta por ti; quien no te reciba por un trozo menos de pierna, no vale la pena en tu vida". Con estas ideas va por el mundo, y a las primeras llantinas y desilusiones siguen momentos de logros y de alegrías. Se casa y vive feliz. Tan feliz que quiere hacer felices a los demás como ella, y con tal fin se coloca en un Centro de mutilados para ayudarles a insertarse en la sociedad. Nadie mejor que ella para infundirles valor, alegría y ganas de vivir. Cuando les habla por vez primera no se creen que es coja. "Qué fácil habla el sano con el enfermo", dijo uno. Entonces le descubrió su tocón de madera y le hizo tocar para que se convenciera.
            Cuántos en la vida real pueden aprender de esta película que nuestros males, con buena voluntad, se pueden vencer; y que, en último extremo, aceptar la voluntad de quien dirige nuestra vida es lo mejor para nosotros. Que no debemos rebelarnos ante pequeños contratiempos, que el Señor, quizás, los pone para hacernos bien. Mi filosofía es la siguiente: "Esto creo que es bueno y lucho por alcanzarlo; si no lo consigo debo alegrarme: no era lo mejor para mi". Leí una vez un cuento sencillo pero profundo del uruguayo José Enrique Rodó: Un niño juega con un búcaro a sacar notas de música dándole con el dedo; luego lo llena de arena y el vaso compacto ya no suena como antes. El niño, que debía tener alma de filósofo, piensa un momento y, en lugar de romper la vasija que antes le proporcionaba bellos sonidos, coloca una flor de tallo largo en forma de maceta o pensil, y la pasea orgulloso por la casa como un trofeo conseguido en un combate colosal.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de mayo de 2013

Casualidad.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Mayo 2.013, martes
            CASUALIDAD
            La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya un amigo tuyo por su cuenta, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes a un señor que pasa dónde hay un museo, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el destino que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud. "¡Qué casualidad!", decimos cuando topamos con la solución de algo. "¡Qué casualidad, tocarme la lotería!".
            Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí,  que nos sacude con violencia, y que no podemos comprender.
            La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno. Juega a ofrecerse y a ocultarse. El hombre sabe que es un hecho cierto, que lo ha experimentado, pero se le escapa como el humo. No es materia de disección y análisis. Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma, aunque sepamos que existe. Yo pienso en alguien y en seguida me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona y que esa persona se encontrara allí.
            Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.
 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 20 de mayo de 2013

Gatos.


    Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 Mayo 2.013
            GATOS
            Si no lo hubiera visto no me lo habría creído, pero como lo observé en todos sus pormenores, no tengo más remedio que aceptar los hechos. Podría pasar por una historia de ficción, y hasta titularse: "Los gatos que se resistían a morir". El hecho ocurrió como sigue:
 La gata, a punto de parir, maullaba por el patio. Su panza parecía un balón;  la metimos en el coche y la llevamos con nosotros al chalé.
            Cerca del mediodía, oímos los inconfundibles maullidos de gatos recién nacidos. "¿Dónde están?", nos preguntamos. En seguida dimos con la madriguera. La gata había buscado un lugar seguro para dar a luz a sus cachorros: la gatera. No la podíamos ver ni menos tocar, mas los gemidos gatunos llegaban fuera con asombrosa nitidez.
            La siesta fue de órdago. Miguel y yo por nuestra cuenta, cuando los demás dormían, nos propusimos alcanzar los gatos. Con un escoplo y un martillo quisimos quitar la trampilla que daba a la gatera. ¿Es que podíamos? Ruidos y golpes de sepulturero en una tumba. "¿Echamos un cubo de agua desde arriba". Ni por esas. Los pobres animales sufrían resignados las avenidas, pero resistían el asedio con ejemplar heroísmo. "Otro cubo y nada". Seguimos con la piqueta. Por fin la losa se movió. "Ya son nuestros", dijimos triunfantes y sudorosos.
            Los gatitos, pegados a su madre, parecían frutos colgados de un árbol. Cuatro cachorros como lombrices chupaban del vientre de su madre. Con cuidado los colocamos en un cajón.
            La tragedia se cocía en nuestras mentes. Subimos un cubo con agua, al que arrojamos dos gatitos indefensos arrancados de su madre. Luego, lejos, fuera de la valla, hicimos un hoyo donde enterrarlos. A la vuelta de tan lúgubre faena, triste por dentro por más que quería disimular, exclamé suspirando: "Todo ha terminado".
            Al día siguiente, temprano, cuando desayunábamos, escuchamos unos maullidos lastimeros y nos miramos sorprendidos. Subimos al leñero. En el cajón permanecía la gata con sus dos cachorrillos pegados a sus castigadas ubrecillas. No era de allí de donde procedían los quejidos. Venían de más arriba, de fuera de la valla, justo de donde se habían enterrado a los otros la tarde anterior. Corrimos allí. Entre tierra y piedras gateaban dos minúsculos animales desenterrados. Sus maullidos llegaban al alma. Se resistían a morir, se aferraban a la vida con uñas y dientes. Casi con miedo, los cogimos del cuello como hacen las gatas con sus hijos, y los colocamos junto a sus hermanos. La gata los lamió y los limpió mientras que se ofrecía para darles el alimento.
            No podíamos creer lo que veíamos. ¿Qué había ocurrido? La tierra seguía aplastada como quedara el día anterior. No había señales. Yo dije fuerte para que me oyeran todos: La vida es un don que no procede de nosotros, y debemos respetarla.  
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 18 de mayo de 2013

Relevos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 Mayo 2.013, víspera valenciana
RELEVOS
El día último de cada mes es para mí un día de despedida. No sé si a ti te pasa lo mismo, pero en esa fecha veo a un amigo que se marcha. Igual me ocurre con los años. El último de diciembre es un día triste para mí. Iba a decir y digo -no me resisto a ello- que cada día por la noche es otro amigo que me deja.
¿Reparamos en estos compañeros? Un día tiene entidad propia, no es nunca como el vecino, es él y sólo él, no hay dos iguales. Pero a fuerza de vivir con ellos, los confundimos. Sí, cada veinticuatro horas hay un real relevo, un nuevo invitado.  Llega y quedamos indiferentes, sin despedir al que se va ni darle la bienvenida al que llega.
Podríamos decir luego: "Con el acompañante del veinte de enero me ocurrió tal cosa". Es una referencia para fijar nuestros hechos cotidianos, nuestra historia personal. Son como armarios. Cada día es un armario para guardar nuestras acciones. ¿Se servirá Dios luego de ellos para ver nuestro paso por la tierra? "Este vacío, este vacío, este sucio, este sin nada de valor". ¿Mirará el Señor estos armarios a la hora de juzgarnos?
            -Pero, ¿en qué quedamos, los días son compañeros o baúles para guardar cosas?
            -Lo uno y lo otro. Cumplen esa doble función: estos buenos amigos -ángeles celestiales-, guardan todo lo habido y por haber. ¿Pensamos que el Señor nos lleva minuciosamente controlados?: Un Comandante nos acompaña cada año. A su servicio hay doce Capitanes, uno para cada mes. Y cada Capitán dispone de treinta Sargentos.
            Resumiendo: Por cada año de nuestra vida hay pendientes de nosotros: un Comandante, doce Capitanes y trescientos sesenta y cinco Sargentos. Todo lo archivan. Hasta los pensamientos más ocultos quedan registrados. Inmenso ejército para vigilar nuestra vida, para archivar nuestros actos y pensamientos.
            Al final, cada ejército se presenta ante el trono del Señor con el sujeto que va a ser juzgado. El Coronel recibe de sus Comandantes los registros que estos reciben de sus Capitanes y Sargentos. Todo lo presenta al sumo Juez, que observa al reo. El Juicio es inapelable.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 17 de mayo de 2013

Baúl de recuerdos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 Mayo 2.013

Murcia, las siete, donde ayer. Mis amigas del tiempo dormirán felices: sus pronósticos se cumplen a rajatabla. En plena primavera hace un tiempo invernal: llueve, nieva y hace frío. ¿Qué está pasando?
-Si la atmósfera hablara, diría: “Nada de particular, humanos, que en todas las familias hay contratiempos; vosotros a lo vuestro, que no es poco atender, y a no meter las narices en casa ajena”.
-Ayer me bañaba en Inacua y saludé a un compañero: “¿Cómo estás?”, le dije. “Yo bien, ¿y tú?”, me contestó. Le confesé que me levanto con dolor de hombro. Se rio para decirme que a él unos días le duele una cosa y otros días otra, pero que no hace caso; que había visto que su propio cuerpo era su mejor aliado: el dolor desaparecía solo. “Lo último es ir al médico a contarle mis alifafes y que me mande píldoras, que si me alivian el dolor me fastidian el estómago”, dijo al final. 
-Es que este mes que viene cumplo ochenta años –seguí. Y él me confesó que era mayor que yo:
-Pues yo he cumplido ochenta y tres; nací en el año treinta del siglo pasado. Tú nacerías en el treinta y tres.
-Efectivamente –le dije-, en tiempos de la República. Sentí alivio sabiendo que me las había con alguien mayor que yo. Recordé los versos de Campoamor: “…viendo –que otro sabio iba cogiendo –las hierbas que él arrojó”.
Y recordé a Rosa, que iba a casarse y la idea monopolizaba su magín: “Buenos días, Rosa”, la saludó su vecina. Y ella le respondió: “Mañana me caso”. “He dicho buenos días”, siguió la vecina. Y Rosa, que solo pensaba en lo suyo, siguió: “Una vez tenía que ser”.

Este recuerdo sin duda me llega de alguna parte del cerebro en que guardo mis objetos personales. El cerebro debe ser como un baúl donde vamos depositando cosas. Y el dueño echa mano sin darse cuenta, si hay algo que necesita.
-O se ofrece generosamente y te muestra lo que buscas. Hay una relación estrecha entre el cerebro y la persona que lo posee, que se entienden hasta sin hablar. Y esa puede ser la prueba: “Busco tal cosa”. “Aquí la tienes”. Porque fuera del cerebro estoy yo.
-Deben ser compartimentos del mismo cerebro, Julián. Lo que llamas “yo” debe ser una parte que reside más allá. Serán vecinos como las naciones del globo. Ninguna está fuera del planeta, siendo tan diversas unas de otras.
-Eso explica que haya personas cultas pero poco inteligentes y al revés, personas inteligentes e incultas.
-¿Qué explicaría lo que manifiestas?
-Que una parte del cerebro sería para la cultura y otra distinta para la inteligencia. Que no es lo mismo ser una persona culta que ser inteligente. La primera puede recordar bien lo que ha visto u oído y la otra razonar mejor los problemas.
-Vienen a ser como la vista del alma: una ve poco y otra ve con claridad.
-Sí, sí, es cierto… 

Francisco Tomás Ortuño, Murcia