miércoles, 20 de febrero de 2013

Hastío.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 febrero 2.013
Fragmento
HASTIO
            Para leer hay que llevar un orden. Leer por leer, lo que venga a mano, es tener un estómago poco delicado. Es tanto como comer sin mirar lo que llevamos a la boca. Con un libro nuevo, lo primero es conocer al autor, época, tendencia, libros publicados, etc.; luego ver lo que nos cuenta y sacar nuestras propias conclusiones. Se dice que todo libro tiene algo bueno; pero los hay que abundan en lo malo, y no compensa lo bueno que ofrecen con lo malo que dan. De aquí que toda prevención a la hora de leer un libro sea poca.
            Cuando un libro nos entusiasma hasta el fin; cuando nos hace ser mejores, el libro es bueno, sin duda. Pero ocurre a veces que deseamos pasar hojas sin leer por acabar pronto, y no nos enteramos del mensaje. Así, el hastío nos invade y el desprecio por los libros nos acomete. Los buenos escritores, más que de una época son de todo tiempo; lo que dicen puede aplicarse a la humanidad; sus obras son clásicas, de siempre. Por desgracia, son los menos.
            ¿Surgen estas obras de la madurez de su autor o son el fruto casual que nace cuando no se espera? Pienso que las obras geniales se deben bastante al azar. Un relámpago, un fuego, un pensamiento febril, pueden alumbrar el felicísimo parto, cuando menos se espera.

martes, 19 de febrero de 2013

Correlaciones y miedos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 febrero 2.013
            CORRELACIONES  Y MIEDOS
            Los exámenes no dicen toda la verdad. Yo presencié el siguiente caso, y doy fe de que ocurrió así: Un joven esperaba su turno para examinarse ante un tribunal compuesto por tres señores serios, mudos, impenetrables. "Me sé todo el programa menos la lección treinta y dos, que trata de las correlaciones; no tendré tan mala suerte", nos dijo a varios que esperábamos turno como él. Lo llaman en su momento, saca una bola para desarrollar el tema y... ¡justo lo que estás pensando!: lección treinta y dos. Dio media vuelta y salió por donde había entrado. ¿No podía ser al revés: saberse sólo una y tener la suerte de sacar esa bola?

En otra ocasión, un compañero se puso blanco y no decía nada ante los miembros del tribunal. "¿Se encuentra mal?", le preguntaron. No hubo respuesta. "Tráigale un vaso con agua", dijeron al conserje. Se bebió el agua de un trago. Seguía blanco como el papel. Pasaron unos minutos más. "Se le ha agotado el tiempo", le indicaron amablemente. El examinando se levantó descompuesto, y se dirigió hacia un armario que había cerca. Lo tuvieron que acompañar para alcanzar la puerta.

lunes, 18 de febrero de 2013

Pavor.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 febrero 2.013
 
            PAVOR
            Me acuerdo del Colegio "San Andrés" de Murcia. Iba un equipo de sanitarios a hacer la preceptiva revisión médica a los niños. Esta se llevaba cabo en la biblioteca. Los pequeños, en la puerta, esperando su turno, estaban pálidos. Algunos a punto de desmayarse. Temían sobre todo a los pinchazos. Ante una jeringuilla sentían pavor, cosa que les ocurre a muchos que no son ya tan niños. Mi hija llevaba unos días preocupada con la vacuna. Apenas comía y dormía mal.
-¿Cuándo nos toca a los de quinto? -me preguntaba.
-Hoy no vais vosotros todavía -le respondía. Su rostro se iluminaba momentáneamente.
            Los sustos es mejor pasarlos pronto. Pueden generar úlceras de estómago, o cosas peores. Tener a una persona esperando tiempo algo que teme, es un suplicio refinado para acabar con ella. ¿No ocurre lo mismo a muchos con la muerte?; ¿no estarán tristes porque ven en ella un final tenebroso? ¿No tendremos una juventud pasota y rabiosamente rebelde porque su futuro es poco claro?; ¿procederá su malhumor del miedo, como en los niños que esperaban su turno en la puerta de la biblioteca?

Hay toses...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 febrero 2.013
Fragmento
-Hay toses, Julián, que salen disparadas con su ruido característico, y se pasan. Son toses normales. Pero las hay que no acaban, que se suceden y no terminan, y ves que los pulmones se agotan de aire. Estas toses asustan. Para estos casos, el cuerpo debía tener, como los coches, una rueda de recambio. Hasta que se pasara la tos impenitente, utilizar otro medio para que los pulmones siguieran respirando. Y una vez normalizada la situación, volver a la que había dejado.
-Lo mismo debía de ser para los alimentos que se van por lo vedado. Que si en vez de ir al estómago, toma el camino de los pulmones, te ahogas sin poder hacer nada. Lo que comes cambia de ruta y luego no sabes qué hacer para que vuelva y eche por donde debía haber echado. Hay niños que han muerto así.
-Y personas mayores, Cirilo, que más de cuatro han muerto por perder el camino los alimentos. ¿Qué te dije ayer de las ovejas que pastando por el cielo se alejaban del rebaño y no sabían volver? Que atraídas por la Tierra acababan siendo devoradas. Pues lo mismo: de lo que comes, alguna migaja se cuela por donde no debía, se desorienta, no sabe qué hacer sola y se agarra al tubo como un náufrago a una tabla salvadora.
-Dios debía haber repasado su obra mejor, Julián. ¿Qué hacen los fabricantes  de coches? Antes de sacarlos al mercado, los revisan. No los venden al albur de que alguna pieza funcione mal. En el cuerpo humano hay ciertos fallos imputables al que lo hizo. Si los hubiera examinado antes de dejarlos de su mano, no habría ahogos por no tener otro medio de salir del apuro, o disponer de otro tubo para los casos de tos. Y no sigo, pero hay más situaciones en que echas de menos un recambio temporal para trances ocasionales.

sábado, 16 de febrero de 2013

Pobres.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 febrero 2.013, Sábado.
            POBRES
            Estoy leyendo un libro sobre la vida de San Francisco: "Sabiduría de un pobre", de Eloi Leclerc. Francisco estuvo "desposado con la pobreza", y hasta fue despreciado de sus discípulos. "Francisco no es el hombre de Dios que tu crees", dijo Rufino a León. "¿Qué tengo yo que ver con el hermano Francisco", le respondió éste. La doctrina de San Francisco de Asís, es elevada: "Si a ser pobre te acostumbras, cuando no tienes nada, te sobra todo".

viernes, 15 de febrero de 2013

La frase me baila en la cabeza.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 febrero 2.013
DESCONFIAR
            La frase me baila en la cabeza. En una entrevista que hicieron a Monseñor…  decía que había aprendido una cosa de la gente: "Es buena pero no te puedes fiar de nadie". Es cierto. Yo lo he pensado también. Somos buenos en el fondo, pero poco de fiar en algunos momentos. Circunstancias particulares hacen obrar de forma que ni nosotros después pasamos a creerlo. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Ayer fueron al mismo Congreso de los Diputados...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 febrero 2.013.

Fragmento
-Ayer fueron al mismo Congreso de los Diputados a protestar estos vecinos por el desahucio, y el Presidente de la Sala, nervioso,  ordenó que los expulsaran.
-Yo, Julián, en favor de estos “desposeídos”, diría que ellos no se merecen nada. Cuando pidieron un préstamo, ilusionados, para comprar una vivienda, tenían un trabajo para responder. Si les cerraron la fábrica y se quedaron sin empleo, ¿qué se merecen ellos? ¿Es justo que los echen a la calle, con la familia, en pleno invierno? Habrá que distinguir entre los que no tienen otra vivienda y los que compraron su segundo o tercer piso para venderlo y ganar dinero.
-Tanto monta, monta tanto.
-Creo que no, Julián. Dadas las circunstancias que concurren con la funesta crisis que padecemos, no es lo mismo reclamar un piso que está vacío porque el dueño tiene otro, que pedir que salgan a los que viven sin tener a dónde ir.
-¿Y…?
-A los que pensaban ir pagando su vivienda con su trabajo y se quedaron de la noche a la mañana sin él y sin sueldo, como cogidos en una trampa, en una ratonera, les debía ayudar el Gobierno a salir de su apuro, con el compromiso formal de pagar cuando puedan.
-Hay que darle solución al problema de los desahucios, Julián. Lo último es decir: “¡A la calle!”, como si fueran perros o delincuentes. Hay que estudiar cada caso como en familia: El Banco, sin apremios; el Gobierno, con ayudas; el que pueda, que se vaya; y el que no tiene a donde ir, darle una moratoria y que se comprometa a pagar cuando tenga trabajo.