viernes, 1 de febrero de 2013

Perros.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 Febrero 2.013, Viernes
Fragmento
            PERROS
            Un domingo subimos la familia al convento. Encontramos un gato pequeño, huidizo, asustado; un gato muy especial: sólo tenía tres patas el pobre. Daba pena verlo dar saltos ridículos al no poder apoyar sus cuatro extremidades. No sabíamos cómo perdió su pata trasera; tuvo que ser por un coche. Le pusimos de nombre Gris, por el color de su pelo.
Mis hijos le colocaron una pata de palo sujeta con esparadrapo, pero el animal no se encontraba bien: sólo quería desprendérsela. “A lo mejor se acostumbra y le sirve de muleta”, decían mis hijos. La intención era buena.
Linda, la perra que teníamos, terminó por no hacerle caso; pero al principio todo era ladrarle. Sobre todo cuando lo acariciábamos delante de ella. Lo que nos decía que hasta los perros sienten celos. Porque estaba claro que lo de Linda eran celos.
Linda era inteligente. Le faltaba hablar para expresar lo que quería. Si íbamos al pueblo, conocía el pito del coche; si era la hora de dormir, bajaba sin rechistar a la cochera; si le mandábamos callar, se callaba. Por la mañana nos daba los buenos días con saltos y aullidos de júbilo; si nos íbamos sin ella, se quedaba quieta, inmóvil, orejas tiesas, mirando el camino, hasta que volviéramos. Le faltaba solo hablar, como digo.

jueves, 31 de enero de 2013

La barba


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 31 Enero 2.013
            LA BARBA
            Fragmento
En una ocasión me dejé la barba. Era verano. Los primeros días no salía de casa, temiendo que me vieran los amigos. En sus comienzos no parecía barba; más bien desidia.
En tal estado de incipiente crecimiento, tuve que ir a renovar mi carnet de conducir. El médico que me atendía me dijo bromeando:
            -¿Se está dejando usted la barba?
            -¿A usted qué le parece? -le respondí riendo.
            -Pues que debe afeitarse: le sienta peor que a un Cristo dos pistolas -terminó.
            Lo del Cristo me hizo gracia; lo comenté en casa. Sentí deseos de claudicar, pero proseguí con la broma. Por la noche, tropecé con unos compañeros.
            -¿Es barba? -me dijeron incrédulos.
            Me limité a sonreír.
            En Cartagena, cuando me vio mi hija, que pasaba unos días con sus tíos,  llegar a la piscina, donde se bañaba con su prima Ana, fue rotunda, sincera:
            -¡Qué feo estás, papá! Luego me pidió riendo que no me afeitara.
Mi sobrino Mariano, por su parte, dijo que parecía un chatarrero. Y el padre de Marisol, que no me conocía, viéndome subir por la escalera, se me quedó mirando; por fin se atrevió:
            -Qué, maestro, ¿de la siega?
            -Sí -le respondí-, buena siega este año por la Mancha. Mi sombrero, gafas oscuras, un pañuelo al cuello y barba de ocho días no eran para menos.
            Luego mi barba fue otra cosa. En su momento busqué modelos de barbas en libros. Di con Larra, del siglo XIX. "Ésta es mi barba", pensé. Mi mujer me la arregló. Salí a la terraza de casa; mi hijo Miguel se mondaba de risa, viendo la nueva forma que había tomado. Sólo por ese rato de sana alegría, valió la pena tenerla. Mi barba siguió en pie, más crecida, más cuidada y más despreocupada de la gente.
            Observé las reacciones que producía mi barba en los demás. Era curioso: me trataban con más deferencia, con más atención, con más respeto. Y las mujeres con más interés. Sin duda, psicológicamente, merecía un estudio aparte mi barba.   

miércoles, 30 de enero de 2013

Variantes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Enero 2.013, Miércoles,  Sta. Martina
Fragmentos
            VARIANTES
            "Juan escribe", suele decirse. Pero, ¿qué escribe Juan? Porque escribir es, hasta cierto punto, sencillo: basta con abrir un libro y copiar un texto. Escribir admite muchas variantes. Y las personas que escriben, según esas variantes, reciben nombres distintos: poeta, novelista, dramaturgo, cuentista, cronista, ensayista...
Yo no concedo la misma importancia a los que escriben. Copiar de un libro  no es igual que inventar una historia, pongo por caso, como Cervantes con su Quijote. Así que decir que “Juan escribe” es ambiguo para mí, poco explícito, hasta equívoco.
Si me dicen: "Juan ha escrito un libro de arqueología", ya me perfilan mejor la figura de Juan. Si me dicen: "Juan ha escrito un libro de filosofía", lo mismo. Mas, para conocer de verdad a Juan como escritor, para conocer la talla de Juan como escritor, tengo que conocer lo que ha escrito.
En lo que escribe se retrata Juan como escritor mejor que con sus títulos. El  corresponsal de prensa puede ser un magnífico escritor o no pasar de  escribidor de  casos que ocurren a su lado; un historiador puede ser un eximio escritor o quedarse en simple relator de sucesos que ha leído.
El escritor, en suma, es el que dice cosas inéditas y las dice bien. No sé si me explico. El novelista, el poeta, el ensayista, el filósofo, el médico que cuenta experiencias profesionales; el viajero que narra sus viajes y describe las costumbres de los pueblos y de las gentes que visita... pueden ser magníficos escritores o quedarse en simples escribidores.
Sin duda, todos los que escriben no son igualmente escritores para mí.

martes, 29 de enero de 2013

Grupos. Oraciones.


Litesofía –entre literatura y filosofía-,  29 Enero 2.013
Fragmentos
GRUPOS
            La fauna humana es variadísima. Cada persona es diferente. Siete mil millones de especies en el mundo. No me refiero al aspecto físico o externo, que salta a la vista, me refiero a la manera de ser, al carácter y al temperamento.
Hay grupos semejantes, que reaccionan de forma parecida ante los mismos estímulos; son los grupos que conocemos de Heyman-Le Senne, de Krestmer, de Young, de Hipócrates, etc.: nerviosos, sentimentales, coléricos, apasionados... Pero iguales, lo que se dice iguales, nadie es igual a otro.
            Hay personas que obran por que los vean. Me explico: personas que quieren que los demás los admiren. Se desviven por hacer cosas, no tanto por hacerlas como porque los demás hablen de ellos.
Esta forma de ser es positiva, ya que, por una razón u otra, conciben, engendran y obran. No soportan estas personas pasar desapercibidas: quieren ser enfocadas, que se hable de ellas. Y en ese afán, en esa locura de figurar, de destacar, se multiplican, llegan al límite de sus posibilidades.

            ORACIONES
            El estudio de las oraciones gramaticales es apasionante. Y tan complicado a veces que autoridades en la materia no se ponen de acuerdo. Hay matices en las mismas que hacen difícil precisar dónde encuadrarlas. De todas formas, saber si la oración es transitiva o intransitiva, si es impersonal o si es pasiva, es necesario a los profesionales de la enseñanza en el campo filológico.
            Veamos, por ejemplo, estas dos oraciones: "Se vende en la plaza" y "Se vende carne en la plaza". La primera es impersonal; la segunda es pasiva. Vamos a conocerlas. Las oraciones impersonales van en tercera persona del plural: dicen, cuentan..., o en tercera persona de singular con "se": se dice, se cuenta... Las oraciones pasivas: "la leña es cortada por el leñador", pueden ser de primera y de segunda. La anterior es de primera; si decimos sólo: "la leña es cortada"  es de segunda. Tanto las primeras como las segundas de pasiva pueden enunciarse con "se": "la leña se corta por el leñador" o "la leña se corta".
            En estas últimas -segundas de pasiva con "se"- hay ciertas similitudes con las oraciones impersonales con "se". La diferencia está en que las impersonales carecen de una palabra que pueda hacer de sujeto; o si se quiere, carecen de una palabra sin preposición que pueda ser sujeto. "Se vende en el mercado" es impersonal; "Se vende pan en el mercado" es pasiva.
No será correcto decir: "Se vende sacos de carbón" sino "Se venden sacos de carbón" por tratarse de oración pasiva con sujeto-sacos- concordando con el verbo en número y persona.   

lunes, 28 de enero de 2013

Invitados.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Enero 2.013
            INVITADOS
            Fragmento
            Hay pueblos donde mandan forasteros. Personas que llegaron, se afincaron,  y escalaron puestos hasta alcanzar el podio del dirigismo político, social y económico. Yo veo a estas personas, usurpando campos o territorios que no les corresponde; como viviendo de prestado, o fuera de lugar. Encuentro la situación extraña. Estas personas, para mí, no debían de estar donde están. O estar, pero callados, con el permiso de los indígenas, sin opción al estrellato.
 Es humillante para los nacidos dentro, que otras personas vengan de fuera a decirles lo que tienen que hacer. Una situación parecida a la que se produjera si en nuestra casa mandaran los vecinos, o si en España hubiera un gobierno inglés. Algo repugna de esta situación. No es normal que quienes debían sentirse agradecidos por la acogida que se les dispensa, sin voz ni voto en sus problemas, estén ahí, arriba, ordenando lo que hay que hacer. Sencillamente humillante.

domingo, 27 de enero de 2013

-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 enero 2.013, domingo.
Fragmento
-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!
-Y lo que no se dice, Antón. Cada casa tiene su problema con la dichosa crisis, que nos ha caído del cielo como una maldición.
-En cambio, he sabido que en Bancos suizos o “Paraísos fiscales”, hay cuentas millonarias de españoles. ¿Por qué se llevarían allí el dinero?
-Es claro: por defraudar a la Hacienda pública. Y en esa lista, ahora descubierta, hay nombres tan conocidos como…
-Como quiénes…
-Mejor no decirlos, Antón.
-Sería bueno que se conocieran.
-¿Qué quieres, otra Guerra Civil? No, déjalo así. Que haya paz aunque sepamos quiénes son los corruptos. Y con su pan se lo coman. Mejor será no caer en provocaciones y no ver, viendo, hasta que el horizonte se despeje, que no hay mal que cien años dure. Ya Jesús dijo: “Si te dan en una mejilla, pon la otra”. Y en este caso equivale a: “Si te va mal, aguanta; pero no te rebeles”. Vivimos en momentos críticos: o se rompe el dique y todo se va al traste, o se aguanta con más paciencia que Job, comiéndose la rabia, hasta que se vaya la nube que se cierne sobre nosotros.

sábado, 26 de enero de 2013

Saltar. Metralla. Viajes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 Enero 2.013, Sábado
Fragmentos
A mi amiga y compañera Isa Mira, intelectual incansable, para que no se enfade conmigo  

          SALTAR
            Hay deportes saludables, como la carrera, el salto, la natación. Pero libremente, sin imposiciones de tiempos ni materiales. Cada cual debe escoger con absoluta libertad, su momento, su lugar y sus condiciones. Lo que va bien a uno puede no ir bien a otro. Incluso lo que hoy conviene, puede no convenir mañana. Y esa medida la marca exclusivamente la naturaleza de cada uno.

            METRALLA
            En las relaciones humanas debemos ser muy prudentes. Sobre todo en el hablar. Debemos ser cautos en lo que decimos. Nuestras palabras pueden ser la metralla que se vuelva contra nosotros, aprovechadas por otros para injuriarnos o destruirnos. Los mismos amigos, por azares de la vida, se revolverán cuando menos lo pensemos. Por eso, cuánto vale la prudencia en el decir.
            La vida está complicada, los ánimos exaltados, los nervios a flor de piel. Vivimos peligrosamente juntos. Es fácil rozar con los demás; fácil y peligroso. En el encuentro surgirá la palabra, el grito, la ofensa, si no se pasa a la acción. Los nervios quedan sueltos y las pasiones descontroladas.
            Yo diría que debemos salir de casa con cuidado de no decir nada comprometido o innecesario. Con suma cautela de no ofender a nadie. Con prudencia. Respetando los territorios que no sean nuestros. En la vida es importante saber no pasar de ciertos límites.

            VIAJES
            Hace tiempo, años, me dí cuenta de la importancia de los viajes para los niños. Entonces se viajaba menos. Había menos coches, menos medios, menos interés quizás. Pensé que el viaje era necesario en la formación del niño, como una escuela viva para conocer mejor la sociedad. Lo escribiría en alguna parte. Ir un niño de doce años a otra población a gestionar un asunto, a comprar algo, a visitar a un amigo o simplemente a no hacer otra cosa que ir y regresar, implicaba salir del campo magnético de la familia, cargar con ciertas responsabilidades y vivir por su cuenta: comprar billete, conocer otro lugar, preguntar, volver, etc.
A la vuelta de los años, la gente ha comprendido, como yo entonces, que viajar es formativo para los jóvenes. Tan corriente es hoy viajar que nadie ya repara en que los adolescentes vayan y vuelvan de un lugar a otro. Hay coches, trenes, barcos, aviones, que cumplen diariamente la función de trasladar a las personas. Los que viven en la costa van al interior; los del centro van a las playas; los de España visitan Francia; los de Londres, París. El mundo ya ha perdido las distancias, y la gente viaja por placer unas veces, por saber otras, pero no cesa de viajar. En grupos o solos. Hombres o mujeres. O sea, que la idea que me vino a la cabeza un día, la intuición  que tuve de que viajar era conveniente, ha traspasado las fronteras de mi cerebro. Viajar por España hoy, por Europa o por el mundo, es como cambiar de habitación en la propia casa.