Litesofía –entre literatura y filosofía-, 31 mayo 2014
Murcia, las siete, en el comedor. Ayer llevé a mamá a Casillas con los nietos. Luego me vine como había ido.
-Con el coche, me figuro.
-Casillas no está lejos, pero no para venir andando. Las distancias, como los años, son relativas. Para unas cosas, seis kilómetros es poco; para otras, la misma distancia es mucho. En cuanto a los años, para un niño es muy mayor el de veinte años, y este es joven para sus padres. Recuerdo que los futbolistas me parecían viejos cuando yo era niño y ahora, teniendo la misma edad, me parecen criaturas.
Volví solo de Casillas porque tenía cita a las once con la podóloga. Y no es lo mismo “Volví solo” que “Solo volví”. Yo en este caso me lo pensaría para no confundir a nadie. Si digo: “He vuelto solo porque tenía una cita con la podóloga”, sin tilde en la primera “o”, o séase en la sílaba “so”, quiero significar que he dejado a mamá en Casillas; mientras que si digo: “He vuelto sólo –o sólo he vuelto- porque tenía que ver a la podóloga, con tilde, nadie pensará que vuelvo con mamá, sino que mi vuelta obedecía a una cita con la médica. En el primer caso, solo sin tilde, es adjetivo, y en el segundo es adverbio.
¿Por qué la Real Academia dice ahora en su Ortografía, página 269: “La palabra solo, tanto cuando es adverbio (Solo trabaja de lunes a viernes) como cuando es adjetivo (Está solo en casa todo el día) no debe llevar tilde, según las reglas generales de acentuación –bisílaba llana terminada en vocal-. ¿Por chulería? Porque ¡aquí mando yo! Si puede confundir, ¿por qué no mantener la tilde en “solo” cuando es adverbio y puede sustituirse por “solamente”?
Decía que fui a la podóloga. El pie es tan importante como otra parte del cuerpo.
-¿Y quién ha dicho lo contrario?
-Parece que le restamos importancia, pero que se lo pregunten a los que viven de ellos, como los futbolistas.
-O a los que no viven de ellos, que todos los necesitamos. ¿Cómo vas de un lugar a otro? Ahora hay muchos carritos de ruedas, que mucho han tardado en darse cuenta de que lo último es quedarse en casa.
-¿Y qué tenías en los pies para ir al médico?
-Iba a que me cortara las uñas.
-¡Hombre! ¡no sería sólo a que te cortara las uñas!
-Este “sólo”, señores académicos, es adverbio y debe llevar acento gráfico o tilde. Bueno sí, sólo a que me cortara las uñas de los pies. Mi mujer con su operación, no puede hacer fuerza y yo con mi tripa no llego.
-¿Y ha estudiado una carrera de medicina para cortar uñas?
-¿Tú comes lo mismo todos los días?
-No, ¿por qué?
-Unos días comes paella y otros cocido.
-¿Y…?
-Y el podólogo a unos les quita los callos, a otros las uñas y a otros los uñeros.
-Vale, vale, que no me parece serio.
-El cuerpo es un mosaico de piezas: el médico de la vista te pone gafas, el del oído, audífonos, y el de los pies…
Francisco Tomás Ortuño, Murcia