jueves, 27 de febrero de 2014

GPS.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 febrero 2014

Murcia, las siete y media, en mi retiro otra vez. Ayer fuimos Miguel y yo a Elche, gran ciudad alicantina.
-¿Qué se os había perdido en Elche? No me lo digas; a dar un paseo con el coche nuevo.
-Hemos ido en el Skoda Fabia, pero el motivo era otro. Miguel tenía que recoger su Título de Inglés en unas oficinas.
-Pues muy bien que lo veo. Elche es grande, casi tan grande como la capital. Hay otro Elche, de Albacete, que es más pequeño.
-¿Me lo vas a decir a mí? Allí pasé cuatro años de Maestro con mi tío Jesús Loncán, con Zoila, con Nicolás, con Pepe y con Antonio. ¡Qué buenos recuerdos guardo de este pueblo y de sus gentes.
-Es que tenías veinte años y los recuerdos de esa edad son siempre buenos.
-Escribí un soneto que dediqué a mi tío. Decía así: -Elche, pueblo escondido en una sierra –al abrigo de vientos destructores, -que sabe más de amor que de rencores, -que vive más con Dios que con la tierra… Y terminaba así: -Mas deja que te diga como amigo –que fuera de esa atmósfera que digo –también juega el demonio por lo bajo. 
Cuando se lo di a leer a don José Rodríguez, natural de Elche y compañero de profesión, debí tocar su fibra poética: a otro día me contestó con otro soneto. Fuimos más amigos desde aquel cruce de poesías y me invitaba algunas tardes  a ir a su cortijo a merendar y a bañarnos en su pìscina.

-¿Pero vas a hablar del otro Elche?
-¿Rl de las palmeras? Sí, claro. Hubiéramos tenido que preguntar por la calle Benlliure si no hubiéramos llevado un GPS.
-¿Un qué has dicho?
-Lo que te diga es poco. Un chisme que le dices: “Vamos a Elche, calle Mariano Benlliure, número quince”. Y te guía como un lazarillo a un ciego: “Ve hacia Alicante cuarenta kilómetros sin dejar la autopista; luego dobla a la derecha y en la rotonda que encuentres, coge la segunda salida”.
-¿Y si te pasas o te equivocas?
-Te pide rectificar: “No era este el camino; vuelve en el primer cambio de sentido y toma la Nacional 519 que te dije antes”.
-Si no lo veo no lo creo, como dijo Santo Tomás a los demás apóstoles.
-Eso me pasaba a mí y le pregunté a Miguel cómo podía saber tanto la maquinita.
-¿Y qué te dijo?
-Que a través de un satélite artificial de los muchos que vuelan por el espacio, y un teléfono. Ambos se comunican: uno pide información a cada instante y el otro se la facilita. Son como un espejo donde rebotan las preguntas y las respuestas.
-¡Qué cosas, Facundo! Si nuestros padres levantaran la cabeza, se morían del susto.
-Y lo que veremos, que esto no ha hecho más que empezar. Cada día trae cosas nuevas.
-Llegamos a la puerta de un edificio alto y oímos: “Has llegado a tu destino”. Iba a decir que solo le faltaba hablar, pero es precisamente lo que hizo.
-Aquí los sordos están en desventaja.
-¿Qué quieres decir?
-Que con signos, en el Congreso saben lo que están diciendo, pero aquí no van a utilizar este lenguaje.
-Es verdad, pero sobra que hayas reparado en esa falta para que mañana lo vendan  con lenguaje para sordos incluido.
-¿Has seguido el debate del Estado de la Nación? Con lo rápido que hablaban los diputados, podían comunicar con las manos lo que estaban diciendo,
-Verás como todo llega. ¿Se van a conformar los que no oyen a no ser en todo como los que oyen?
-Con los ciegos será lo mismop, ¿verdad, Luis?
-Exactamente lo mismo, Juan.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 26 de febrero de 2014

Mi ordenador se apaga.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 febrero 2014, miércoles, S. Dionisio

Murcia, las ocho de la mañana, en el comedor. Mi ordenador se apaga y no me dice los motivos. Si fuera una persona, le pedía explicaciones, pero a una máquina ¿qué le puedo decir? Cuando hace lo que le pido, bien poco por cierto, nos entendemos; cuando se apaga sin decir por qué, me desborda. Tengo que pedir ayuda a mis hijos: “¿Por qué se apaga cuando estaba escribiendo? ¿Qué he hecho para poderla ofender? ¿Cómo desagraviarla?

Porque el ordenador es como un niño caprichoso, que si le das donde no debes o le pides lo que no da, se ofende, se enfada y se enfurruña. A veces se apaga, que es como darte la espalda y no venir a razones por mucho que se lo pidas con mimos y halagos: “Venga, bonico, que no quería ofenderte, vuelve a escribir como antes”. Y si le coge de buenas, igual te hace caso; pero si no es su día, ya puedes arrodillarte que no se enciende ni con promesas millonarias.

Así lo tengo unos días, que se apaga cuando quiere y se enciende cuando le da la gana. Lina me dijo cómo tratarlo. Miguel también. Pero si me encuentro solo, como si quisiera fastidiarme, me lleva la contraria. “¿Qué te he hecho yo ahora?”, le suplico. “Si me lo dijeras, no lo haría. Ya sabes que los que nacimos el pasado siglo no podemos ser como los jóvenes, los de tu generación, que os entendéis hasta sin hablar. Los que escribimos con la máquina de escribir y con pluma y tintero, bastante hacemos con probar. Los niños que han nacido con vosotros, os conocen bien hasta con los ojos cerrados, pero los mayores no podemos. Somos de otro tiempo, de otros modos, de otro mundo. Compréndelo, ordenador, máquina insigne, ten piedad de los que nacimos antes”.

“Que si lo piensas mejor, no habéis venido al mundo sin nosotros. Parece que os molestamos, que apestamos, pero nosotros pusimos las bases a cuanto nació después. Una generación sin la anterior no existiría. Tenéis que comprenderlo. No digo que nos adoréis, pero los hijos deben amor y veneración a los mayores, no solo porque los trajeron al mundo sino porque crearon las bases de su tiempo. ¿Qué sería de los motores si antes no se hubiera descubierto la luz?

Vosotros venís al mundo en este siglo XXI y os encontráis multitud de cosas encantadoras, y pensáis que han existido siempre o que han nacido de la nada y caído por la chimenea. Y no es así. Todo se fraguó con el esfuerzo de vuestros antepasados. Vosotros sois los afortunados que vais a disfrutar del trabajo de vuestros padres y debéis estarles agradecidos. Bastaba que no pensarais trabajar un día y en viendo que era un mayor el que os pidiera trabajar, lo dejarais todo por atenderlo con cariño. “Perdone, no había visto que era usted el que lo pedía”. No, no pido sumisión y obediencia por ser vos quien sois. Pido la atención debida al ser que os trajo al mundo y os dio cuanto tenéis para disfrutar.

Mi ordenador parece escuchar. ¿Sabrá lo que estoy escribiendo? De pronto se ha encendido. Ahora me deja escribir. A mí estos aparatos me dan miedo. Como si tuvieran alma, me siento observado por un extraño que leyera tus pensamientos.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 25 de febrero de 2014

Confirmacion.

24 febrero 14

Murcia, las once. Solo en casa. Mamá se fue con Mª José y yo me sé a dónde fueron, que hoy es un día especial donde los haya.
-¿Qué tiene de especial este día, Adalberto?
-Esta tarde se confirman Gabriel y otros cincuenta compañeros del Colegio.
-¿Y qué tiene de raro que se confirmen Gabriel y sus compañeros?
-Que Miguel es el padrino.
-¿Y…?
-Que con Gabriel se confirmará su tío Miguel.
-Aún no comprendo tanto revuelo familiar.
-No conoces bien los entresijos de la casa. Si los vivieras tan de cerca como el que te habla, sabrías que algo se cuece dentro para hacerlo distinto. Mamá está nerviosa y contenta con la confirmación del nieto y del padrino. Ve notoriedad en que su hijo se acerque a Jesús por el sacramento de la Confirmación. Y tanto lo celebra que ha querido que su nuera se confiese esta mañana. Para mi mujer es una fiesta grande semejante acontecimiento.
-¿Y dónde va a celebrarse el sacramento?
-Esta tarde a las seis en el Colegio de Monteagudo. Luego iremos a la casa del confirmando a celebrarlo en la mesa.
-¿Y tú irás?
-¿Cómo va a faltar el abuelo?
-¿Pero tú estás confirmado?
-Lo dudo, Julián; los años cuarenta del siglo pasado no eran de pensar mucho en confirmaciones. Bastante había con los bautismos y las primeras comuniones. De mi bautismo me consta, pero no lo recuerdo; de mi primera comunión, sé que daban en la puerta de la iglesia un bollo y una onza de chocolate, y el que podía iba dos veces. Pero otra cosa de aquellos años no me acuerdo, si es que hubo algo más.
Con la guerra se destruyeron los libros de las sacristías donde había anotaciones de nacimientos, bautizos y bodas.
Fueron años de destrucción de iglesias y cuanto hubiera dentro. En esa debacle estarían mis datos que desaparecieon. Y yo no me acuerdo ni mis padres están para decirlo.
-Pues te confirmas otra vez…

 Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 24 de febrero de 2014

Votaciones.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 febrero 2014, lunes, San Modesto

Murcia, las nueve. El pasado sábado seleccionaron, entre cinco candidatos, a quien va a representar a España en Eurovisión. Ganó la cantante Ruth, murciana de nacimiento.
-¿Y cómo ganó Ruth a sus oponentes?
-Por votos. La suma de los votos, le dieron la victoria. Hoy en democracia, los asuntos se resuelven así: mil, dos mil, cinco mil, piensan que su canción es la mejor y no hay más que hablar. Para otros será otra canción, pero la mayoría, aunque sea por un voto, gana. En un Concurso de belleza lo mismo. O en un Concurso literario.
-Habría que matizar, que si gana una mayoría equivocada… En Política se decide por las urnas y muchos no saben lo que votan  o votan lo que les dice el vecino, que de todo hay.
-Ya está previsto, que las churras por las merinas, no cambia el resultado. Son normas que hay que acatar de antemano.
-En Rumanía, después de ser elegido el Presidente, hubo enfrentamientos en las calles, peleas y hasta tiros. Al final consiguieron que el nombrado se marchara, que debe tener mucha fuerza la poltrona, que el que llega se agarra a ella como una lapa.
-Es que si fue nombrado…
-Donde dijeron digo luego dijeron diego. Hubo nuevas votaciones y el nombrado antes, tuvo que salir por piernas.
-En Venezuela, muerto Chávez, se autoeligió Maduro, amigo suyo, para sucederle.
-¿Sin votaciones?
-Dijo que un pájaro le había revelado su nombramiento.
-¿Cómo un pájaro?
-Como lo oyes. Dijo que Chávez por el pájaro lo había decidido así.
-Veo mejor lo de los votos.
-Pues una guerra civil hay por no querer reconocerlo el tal Maduro, que para mí está más verde que las uvas en agosto.
-Si la votación fuera un método infalible, no habría más que hablar, pero…
-Infalible no hay más que Dios, Juliano. Otros en lugar de los votos quieren armas. “¿Qué votos ni qué gaitas? Aquí se hace lo que yo digo”. Y al que opina lo contrario se lo cargan.
-Ahora los etarras quieren rendirse entregando parte de su armamento, a cambio de que suelten a sus presos.Yo no me fiaría. Quieren engañar al Gobierno con falsos interventores internacionales, pero el Gobierno no ha picado y les ha dicho bien claro que se someten a sus condiciones o no hay diálogo. No cede al chantaje de unos criminales.
-Buen ojo se ha de tener, –y así llevarlo de abierto, -pues te hará lo falso cierto, -cuando se hable a una mujer…
-¿Qué dices de ojos y de mujeres?
-Me han saltado a la memoria unos versos que escribí en una ocasión, pero veo que no proceden aquí. Quería decir simplemente que los gobernantes deben tener ojos que miren al mismo tiempo a los cuatro puntos cardinales, y una inteligencia superior que adivine las intenciones de su adversario.
-Y no adversarios.
-Por eso mismo, para ocupar un cargo de responsabilidad, Celedonio,  lo primero que tenían que hacer es una prueba de inteligencia. El que no la superara con creces, ya podía tener más votos que Rajoy, que no servía para el cargo. Para Alcaldes, Presidentes de Comunidad, Mandamases o Reyes, lo primero que pensaran bien.
-Y que fueran buenos, Claudio, que he oído decir  que no hay peor enemigo que un listo malo.
-Con esas personas bien seleccionadas, no hacían falta ni votaciones ni gaitas. Inteligencia y bondad, dos cualidades necesarias y suficientes para mandar a un colectivo. Ni votos ni pajaritos con mensajes del más allá. ¿Cómo no lo verán así las demás personas?
-Porque no quieren verlo, Julián, y sabes que no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 23 de febrero de 2014

Coche nuevo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 febrero 2014
Coche nuevo
-¿Por fin  has estrenado el coche?
-Sí, es su primer viaje, que lo de antes fueron andaduras. En la autopista, lo puse a ciento cuarenta y tan tranquilo. Aunque está en el rodaje, quería marcha. Va mejor corriendo que si lo llevas del ramal diciéndole “so”.
-¿Qué quieres decir?
-A las caballerías se les dice “arre” cuando quieres que anden y “so” cuando les mandas parar. Su vocabulario es escaso, pero esas palabras las entienden. “Arre, burra” y el animal, alegre, se pone a correr; “so, mula”, y se detiene. Por eso, si el motor le permite ir a doscientos, agradece la velocidad.
-¿No sería mejor en los coches limitar la velocidad? ¿No permitir que pasaran de cien por hora?
-Yo lo pensé como tú, pero creo que habría los mismos accidentes. El coche puede ser de la velocidad que quieras y el conductor de la que deba. Si es novato, que vaya despacio; si experto a más velocidad. Pero que sea él el que decida.
-Es que hay tantos accidentes…
-La culpa no es del coche. Si este hablara diría: “Cómo no te la vas a pegar si conduces beodo? ¿Cómo vas a doscientos si no sabes ir a cien? ¿Cómo hablas por el móvil conduciendo? La culpa de los accidentes, Antón, es de quien conduce..
-Es que hay peligros por parte del coche: el reventón de una rueda, bloqueo de la dirección, el freno que no funciona…; por parte del conductor: sufrir un desmayo, ir a más velocidad que te marca la autopista, hablar por el móvil…;  por parte de otro: tú puedes conducir con los cinco sentidos puestos en lo que haces, pero no podrás evitar que un animal se cruce en tu camino o que otro coche  se estrelle contigo.
-Ante este peligro solo cabe rezar a San Cristóbal, patrón de los conductores. 
-Es que puedes ir por el monte, se cruza un ciervo y ¿qué haces? Con suerte te paras a dos metros, pero puede ocurrir que un volantazo te lleve al precipicio. Mi amigo dice que ante tantos peligros, prefiere los taxis y los autobuses, ¿tú qué dices?
-Que lleva razón, pero es tan bonito conducir… En la vida hay que correr riesgos. El que juega al fútbol podía decir lo mismo: “Me puedo romper una pierna”. El que vuela en avión: “¿Y si se estrella?”. La vida está llena de peligros y a nosotros toca lidiar. ¿Por qué tenía que librarse el coche?”.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

sábado, 22 de febrero de 2014

El paro.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 febrero 2014
Fragmento
-El gran problema que tenemos en España, Damián, es el paro: miles y millones de personas sin tener a dónde ir a trabajar.
-Es que si las minas no dan carbón, Modesto, ¿qué hacen los mineros picando en ellas?; si una empresa no produce como antes, ¿tendrá que reducir plantilla?; Si con máquinas se obtienen mejores resultados y a menor coste, ¿qué puede hacerse sino despedir obreros?
-Ese es el gran problema nacional, Damián, que no hay trabajo.
-¿Y qué puede hacerse con tantos parados?
-Hay que buscar una solución que no sea buscar trabajo donde no lo hay. ¿Cómo va a dar trabajo a gruistas una empresa, si no hay obras que pidan las grúas? ¿Cómo va a dar trabajo una empresa a quienes se ocupaban en examinar la calidad de los materiales en las obras, si no hay quien construya una casa o simplemente haga un remiendo? ¿Cómo va a dar trabajo a un pintor, si no no hay nada que pintar? ¿Cómo…? Lo que hay que ver es cómo ocupar a los parados en otras necesidades.
-Verdaderamente las máquinas, Damián, fueron una revolución: de pronto aparecieron y ocuparon puestos de trabajo que antes ocupaban los hombres.
-Vamos a ver, ¿cómo siguen trabajando los hombres por no dejarlos sin trabajo donde no hacen falta? ¿Se va a prescindir de las máquinas si hacen en menos tiempo y mejor lo que antes hacían los hombres? Lo sensato será sentarse a dialogar en una mesa y ver lo que procede sin que haya perjuicio para nadie. Si antes había un campanero en cada iglesia y ahora una máquina lo sustituye, ¿qué se puede hacer con el campanero sino darle otra ocupación en la iglesia para que siga con el sueldo?
-De sacristán, por ejemplo.
-Los Bancos creo que fueron los primeros en tener que reducir plantillas, porque las calculadoras rompieron moldes y sobraba personal. ¿Quién podía competir con los ordenadores nuevos? Nadie se explicaba que una máquina hiciera cuentas con tal rapidez ni que se llevara un libro  con su Debe y su Haber por cada cliente; pero el hecho es que estaba allí, aunque no lo creyeran. Había que despedir a empleados.
-¿Y cómo lo resolvieron, Damián?
-Los fueron jubilando con edades impensadas antes: a los cincuenta a sus casas. En las demás empresas se podía hacer lo mismo: a jubilarse pronto y a dejar puestos libres a los jóvenes.
-¿Y si aún así sobraba gente?
-Pues que se bajara a los cuarenta, Modesto, la edad de la jubilación. El caso era reducir el paro. Los tiempos nuevos demandan medidas nuevas. Y donde no se pueda, a desdoblar. Me refiero a la enseñanza por ejemplo: un profesor de mañana y otro de tarde.
-A lo mejor, Damián, así faltaba gente.
-Yo tendría en mente lo que haría un padre en su casa con familia numerosa. Lo último sería dar trabajo a la mitad y la otra mitad que no comiera. Sería más lógico y natural repartir entre todos lo que hubiera en tiempos de bonanza como en tiempos de penuria.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

viernes, 21 de febrero de 2014

Metralla. Viajes. Defraudar.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 febrero 2014
Fragmentos

METRALLA
            En las relaciones humanas debemos ser muy prudentes. Sobre todo en el hablar. Debemos ser cautos en lo que decimos. Nuestras palabras pueden ser  metralla que se vuelva contra nosotros, aprovechadas por otros para injuriarnos o destruirnos. Por eso, cuánto vale la prudencia en el decir.

            La vida está complicada, los ánimos exaltados, los nervios a flor de piel. Vivimos peligrosamente juntos. Es fácil rozar con los demás. En el encuentro surgirá la palabra, el grito, la ofensa, si no se pasa a la acción. Los nervios quedan sueltos y las pasiones descontroladas.

            Yo diría que debemos salir de casa con cuidado de no decir nada  innecesario. Con suma cautela de no ofender a nadie. Con prudencia. Respetando los territorios que no sean nuestros. En la vida es importante saber no pasar de ciertos límites.

VIAJES

            Hace tiempo, años, me dí cuenta de la importancia de los viajes para los jóvenes. Entonces se viajaba menos. Había menos medios, menos interés quizás. Pensé que el viaje era necesario en su formación, como una escuela viva para conocer mejor la sociedad. Lo escribiría en alguna parte. Ir un joven solo a otra población a comprar algo, a visitar a un amigo, o simplemente a ir y regresar, implicaba salir del campo magnético de la familia, vivir por su cuenta.

A la vuelta de los años, la gente ha comprendido, como yo entonces, que viajar es formativo. Tan corriente es hoy viajar que nadie ya repara en que los adolescentes vayan y vuelvan de un lugar a otro. Hay coches, trenes, barcos, aviones, que cumplen diariamente la función de trasladar a las personas. Los que viven en la costa van al interior; los del centro van a las playas; los de España visitan Francia; los de Londres, París. El mundo ya ha perdido las distancias, y la gente viaja por placer unas veces, por saber otras, pero no cesa de viajar. En grupos o solos. Hombres o mujeres. Viajar por España hoy, por Europa o por el mundo, es como cambiar de habitación en la propia casa.

DEFRAUDAR

-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!
-Y lo que no se dice, Antón. Cada casa tiene su problema con la dichosa crisis, que nos ha caído del cielo como una maldición.
-En cambio, he sabido que en Bancos suizos o “Paraísos fiscales”, hay cuentas millonarias de españoles. ¿Por qué se llevarían allí el dinero?
-Es claro: por defraudar a la Hacienda pública. Y en esa lista hay nombres tan conocidos como…
-Como quiénes…
-Mejor no decirlos, Antón.
-Sería bueno que se conocieran.
-¿Qué quieres, otra Guerra? No, déjalo así. Que haya paz aunque sepamos quiénes son corruptos, y con su pan se lo coman. Mejor será no caer en provocaciones y no ver, viendo, hasta que el horizonte se despeje, que no hay mal que cien años dure. Ya Jesús dijo: “Si te dan en una mejilla, pon la otra”. Y en este caso equivale a: “Si te va mal, aguanta; pero no te rebeles”. Vivimos en momentos críticos: o se rompe el dique y todo se va al traste, o se aguanta con más paciencia que Job, comiéndose la rabia, hasta que se vaya la nube que se cierne sobre nosotros.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 19 de febrero de 2014

Diplomacia. Voluntad. Dominarse.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 febrero 2014, miércoles, San Julián
Fragmentos:

Diplomacia
            En la vida hay que ser diplomáticos. La diplomacia en las relaciones humanas no es servilismo ni hipocresía. Es, más bien, el lubricante que mejora el rodamiento. Las personas diplomáticas quedan bien ante los demás. Pero ese quedar bien es fruto de una mente despierta, de prever las situaciones y de afrontarlas con tacto.
El hombre diplomático jamás se enfrenta airado a su enemigo. Sabe sonreír,   no pierde la calma, ni muestra sus intenciones. Quizás esté la clave de la diplomacia en esconder con siete llaves el yo íntimo, mostrando serenidad, alegría, aplomo, aunque esté lejos de sentirlos.

Voluntad
            Un hábito se crea con la repetición de actos. Si la actividad es agradable, el hábito no cuesta; si lo que hacemos desagrada, el hábito es más difícil de adquirir. Lo importante es guiarnos por la razón. Que ésta nos marque lo que debemos hacer, y luego ser inflexibles en su cumplimiento.
Escribir algo cada día crea hábito. Escuchar un curso de otro idioma, lo mismo. Si con ayuda de la voluntad cumplimos lo ordenado por la razón, nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos y, en definitiva, seremos felices. 
El hábito es constructivo si nuestros actos están conformes con la razón; en caso contrario, el hábito que se crea es negativo, como beber, fumar o jugar. El hábito de escribir es bueno. Pienso en Amiel, descubierto por Marañón. Cuántos ratos agradables pasaría con su diario, cuántos momentos felices.    

Dominarse
La gente se altera fácilmente, pierde los estribos, y grita. Es cosa de los nervios.  Qué importante es amarrar con fuerza las bridas de nuestras pasiones, ser dueños de nosotros mismos, saber dominarse. A veces cuesta, pero ganar es vencer. Guerra, pues, a perder los estribos.
            En los colegios tenía que enseñarse comportamiento social. Había de enseñarse a dominar los nervios desde pequeños. Saber reportarse, sonreír siempre, no perder los estribos, es de capital importancia en las relaciones humanas.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

martes, 18 de febrero de 2014

Adolescentes.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 febrero 2014, martes
ADOLESCENTES
Difícil trance para los niños y niñas es su adolescencia, su pubertad: Sueños, fabulaciones, tristezas, complejos… Mundo revuelto, confuso, complicado, el suyo. Es cuando más necesitan a sus padres.
Los padres que logran ser confidentes de sus hijos o de sus hijas, en los que encuentran sinceridad, son el mejor bálsamo o solución a sus problemas.
Los adolescentes necesitan de un amigo, de un compañero leal, de un consejero. Necesitan comprensión a sus tristezas, a sus amores, a sus preguntas.
El padre o la madre que grita al hijo adolescente, no puede ser amigo suyo, ni, menos su confidente. No lo ha comprendido. Este niño y esta niña cruzan un momento difícil de su vida que  y necesita, que suplica ayuda.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 17 de febrero de 2014

Yo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 febrero 2014, lunes, S. Silvino
YO
Yo pienso, yo escribo, pero ¿dónde me encuentro? Qué palabra tan corta y tan misteriosa. Cada persona tiene su yo diferente. ¿Cómo piensan?, ¿cómo sienten?, ¿cómo son? Yo existo, qué duda cabe. Veo que hay cosas fuera de mí, a mi alrededor; y dentro siento latir mi corazón, siento que respiro, que tengo huesos, músculos, venas... ¿Pero dónde estoy para ver, para sentir? En los pies seguro que no; en las manos tampoco; en la cabeza, sí, estoy en mi cabeza. Siento que se encuentro arriba, que reside en esa parte de mi cuerpo.
Pero, vamos a ver, yo siento también que pienso; yo pienso, yo siento. Yo me doy cuenta de que estoy aquí pensando, entre cosas, escribiendo. Y sé lo que hice ayer y antes de ayer. ¿Dónde estoy yo pensando que pienso?, ¿en la maraña de mi cerebro?; ¿desde dónde veo yo que ayer pensé y que lo haré mañana y que lo hago hoy?, ¿dónde está ese yo?
Pero, ¿a quién busca?, ¿es acaso otro yo dentro de mí? Si yo me busco es que ese yo primero existe aparte del otro yo que es buscado. Resulta, pues, que en mí hay tres yoes distintos. Uno superior, juez de mis actos; otro, ayudado por la voluntad, que busca hacer el bien; y un tercero, más íntimo, que encuentra dificultades para manifestarse como quisiera, como a él le gustaría.  Que en mí van tres, no tengo duda: dos que discuten y otro que juzga, dije ya en otra ocasión.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

sábado, 15 de febrero de 2014

Sorpresas.

Litesofia –entre literatura y filosofía-, 15 febrero 2014, sábado, S. Faustino
Sorpresas  -fragmento-
            Cada día es una hoja en blanco que tenemos que vivir. Hay que pasarlo para conocerlo. Pensamos que no va a traer nada nuevo, desconocido, pero nunca sabremos lo que tiene reservado en algún rincón, en un segundo determinado, hasta que no lo pasemos, hasta que  no lo veamos con perspectiva de  pasado.
Puede haber noticias agradables inesperadas, como eventos desagradables impensados: La vida es complicada en su aparente simplicidad, y cada acontecimiento tiene relación con hechos para nosotros desconocidos. Luego ocurren cosas que no nos explicamos, y, sin embargo, vemos a posteriori que por una serie lógica de imbricaciones de todo tipo, no han podido ser de otro modo.
            Es curioso, y hasta agradable, pensar que la vida nos reserva sorpresas; que vivimos pendientes de sucesos insospechados; que esperamos algo nuevo cada día, que vivimos esperando siempre una sorpresa. Aceptar como inevitable, tanto lo bueno como lo malo, no es mala filosofía. Es hasta divertido y consolador.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

viernes, 14 de febrero de 2014

San Valentín.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 febrero 2014, viernes

Fragmento

-Murcia, las nueve, San Valentín, “El día de los enamorados”.
-¡Vaya cuento filipino que se traen los grandes almacenes!
-Sí, que más que el día que dices es el de los comercios: Deme una corbata; a mí unos zapatos; yo quiero este perfume… Y los organizadores se rien viendo como caen en su trampa los cándidos clientes.
-No está mal que se dedique un día a manifestar el amor, cariño, afecto, ternura o devoción a otra persona. Peor sería lo contrario.
-Este amor valentino es solo de pareja. No incluye al amor filial ni fraterno. Esos tienen otra fecha.
-Hay restaurantes que hilan más fino, Celedonio, y celebran el amor y desamor; los que van y los que vuelven; bodas y rupturas.
-¿Celebran una unión?
-No, una separación.

-Yo, Martín , propondría a estos centros comerciales celebrar el “Día de los gatos”. No lo diré fuerte por si me copian.
-¿Por qué no quieres que te copien la idea, Braulio?
-Porque si tal ocurriera, mi mujer sería la primera en ir a comprar el lazo más lindo que vendieran.
-Que fuera el “Día de las mascotas”, que abarcaba a otros animales: perros, hánsters, peces, pájaros, serpientes, tortugas, etc.
-¿Cómo no lo habrán pensado, habiendo tantos bichos como casas.
-¡Hombre, no te pases!
-Antes no, Guillermo, pero hoy pocas viviendas no tienen mascota. Creo que pasará a la historia nuestro tiempo como el siglo de las mascotas. Los veterinarios pasaron de tener necesidad a ser personajes de leyenda: “Venga a la consulta el mes que viene, a ver si le puedo atender”.
-Esa época debe estar acabando: muchas son abandonadas en los viajes a su suerte.
-Doble equivocación: cuidarlos tanto y dejarlos en la estacada luego.
-Pero aún queda fuego para que existiera ese “Día de las mascotas”: Un collar de plata para mi Lulú; un abrigo de lana para mi Chuchito de veinte centímetros de largo por ocho de alzada; una jaula dorada para mi periquito, etc., etc.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia