viernes, 31 de enero de 2014

Sobriedad. Enfermos. Como es.

Litesofía –entre literatura y filosofía-. 31 enero 2.014, viernes, S. Juan Bosco
Fragmentos
SOBRIEDAD
Yo propondría vivir en sobriedad, con lo justo, sin pasarse. ¿Existirá una fórmula para medir lo necesario? Debía de probarse a vivir en sobriedad, empezando por las clases sociales altas. Vivir es un don del cielo, pero vivir sin lo necesario no es humano.
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ENFERMOS
            Tengo para mí que no hay personas malas, perversas, en el mundo. Hay, eso sí, personas enfermas. El que mata es un enfermo, el violento es un enfermo. El hombre sano jamás se suicida. La enfermedad se palpa en el trabajo, en la casa, en la calle. Hay enfermos por todas partes.
Centros para curar, sí; cárceles, no. Confundimos la maldad de las acciones con la enfermedad del sujeto. Un enfermo no obra con libertad, no es responsable, por tanto, de sus actos.
La tensión emocional, el tiempo, el calor, el viento… Somos enfermos que podemos echarnos bien poco a la cara los unos a los otros.
………………….
  COMO ES
            España es como un pueblo rural, tranquilo, de zarzuela. Querer otra cosa de ella es no conocer su realidad. Querer que sea como Suiza, como Suecia o Japón es no quererla bien, romper sus estructuras.
España es como es. Querer ser otra cosa es ir contra natura. ¿Quién que no sea un degenerado, maldice a su madre por ser pobre?, ¿quién que no sea un perturbado mental, la cambiaría por otro rango social, estirpe, linaje o laya?      

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 30 de enero de 2014

El dinero de los españoles.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 enero 2014, jueves

Fragmentos

Murcia, las nueve, aquí de nuevo. El cielo que veo a mi izquierda es azul y la ropa que hay tendida en la terraza de enfrente no se mueve apenas. Creo que encaja con lo que dijo ayer el informador del tiempo, servicio gratuito que tenemos los españoles.
-¿Dices en serio lo de gratuito? Tú pagas la información temporal como la leche que te tomas en el desayuno.
-Pero la leche, Fortunato, la compro con mi dinero y al pronosticador del tiempo no le pago.
-¿De quién es entonces el dinero del Estado, Amancio?
-De los españoles: Ese lo ponemos entre todos.
-Y el Estado con tu dinero paga esos servicios: cuida los parques y jardines, tiene las calles alumbradas, pone guardias para la seguridad ciudadana...
-Ya, ya, voy comprendiendo; pero, ¡qué cómodo será pagar con dinero de otro!, ¿verdad Fortunato?
-¿A qué dinero te refieres, Amancio?
-Al que tiene el Estado para pagar los servicios que tenemos: “Tú informa del tiempo; tú vigila las carreteras; tú enseña a leer y a escribir…”.
- Y el que administra ¿qué hace?
-Administrar, hombre, ¿o es que repartir servicios y pagarlos luego no es una ocupación?
-Pero lo que es trabajar…
-Pues a eso, fíjate bien, Fortunato, a repartir el dinero que damos, se ocupan más que a trabajar.  “A un panal de rica miel, -dos mil moscas acudieron, -y por golosas murieron -presas de patas en él”.
-Eso es una fábula.

……….

-Vamos a repartir este dineral que nos han dejado.
-¿Todo?
--Es que es de ellos, Jenaro.
-Bueno, vale, pongamos un jardinero aquí; una luz en esta calle; un guardia que vigile; un maestro que enseñe y un cura en la iglesia.
-No, no, la iglesia tiene que ser pobre. Son muchos a repartir y antes es Dios que los santos.
-La misión de repartir es sagrada y han confiado en nosotros,
-Cubramos mínimamente los servicios necesarios y el resto lo repartimos entre nosotros.
-Muy bien, de acuerdo. ¿Y por el bien que les proporcionamos, nos gastamos algo en nosotros, como un viaje familiar, algún capricho o algún regalo a la Señora?
-¡Qué bueno es el jefe!
-Y si no alcanza, se suben los impuestos.
-Empecemos por ponernos buenos sueldos, ya que nos preocupamos por que no les falte de nada.
-Bien dicho, Arturo, tomemos unas vacaciones primero y luego a descansar. 

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

miércoles, 29 de enero de 2014

Colegios. Episodios.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 enero 2014
 Fragmentos
Colegios
            El niño necesita de Escuelas grandes, casi ciudades ad hoc, donde se muestren actividades de todo tipo: música, lenguas modernas, dibujo, electricidad, carpintería, mecánica... una gama de trabajos y saberes donde esté representado el mundo del adulto.  
En la enseñanza media, los alumnos dejarían ese amplio campo de actividades para profundizar en saberes más concretos: ciencias, letras, agricultura, sanidad...
En la enseñanza superior, el objetivo sería dominar un tema a la perfección: historia, medicina, derecho, dibujo, botánica…
            Creo que la enseñanza debe ser amplísima en su base para ir reduciéndose conforme se avanza en edad. Primero, de todo pero elemental; después, menos pero con más intensidad. El niño debe tener la oportunidad de conocer mucho; él mismo se encargará de apartar lo que no sea suyo.
La enseñanza debe ser como como una pirámide: base amplia y cúspide reducida.
……………..                
Episodios
-Mi tos no me deja dormir, doctor.
-Con los cambios de tiempo, hay muchos catarros –me dijo.
-Mi mujer no puede dormir tampoco –seguí.
Me auscultó y me dijo que era solo de garganta.
Por la noche, seguía tosiendo. Fue entonces que pensé: “¿No sería la tos uno de los sucesos a que se refería el sacerdote en el altar cuando dijo: “Para estar unidos en lo bueno y en lo malo, os declaro marido y mujer”. ¿Pensábamos entonces que vendrían noches con toses recalcitrantes, ruidosas, impenitentes e incorregibles? Lo más seguro es que no.
Yo del cura –seguí pensando- llevaría una lista de episodios ordinarios que acontecen en la vida matrimonial, recogida de la experiencia de años de confesión, y antes de decir: “Os declaro marido y mujer”, les leía, despacio, la cartilla.
-¿Qué cartilla, Timoteo?
-La lista de casos o peripecias acontecibles, que en esos momentos no se piensan: “Si la tos de uno no deja dormir al otro; si uno sale ventosero y es difícil de aguantar; si ronca tan fuerte que ni con tapones en los oídos dejan de oírse los ronquidos; y mil cosas más. Que es muy fácil decir “Sí, quiero” en esos momentos, cuando todo es esperar a salir de la iglesia a que les tiren el arroz y les hagan las fotos.
Yo diría: “Señorita Tal, ¿tomas por esposo a este hombre para el resto de tu vida y lo soportarías con cuartos o sin ellos, tosa o no tosa, ronque o no ronque, huela bien o huela mal, etc., etc., hasta que se muera?”. Que supieran a lo que se exponían. Que luego no pudieran decir: “Si llego a saber esto no me caso”;  o “¿Por qué no me  advirtieron que esto podía pasar?”.
-Y que no pasara a mayores. Que lo de la tos es pecata minuta para lo que puede venir. Por ejemplo, que se emborrache a menudo y vuelva a casa gritando o pegando a la mujer; que no tenga trabajo ni lo busque y la mujer trabaje por los dos.
-Yo del cura que los casa les diría que lo que van a contraer no es un juego, sino lo más serio que van a hacer en su vida. Que el “Sí quiero” implica renunciar a una vida más cómoda; que los hijos que nacerán son de ambos por igual, y que deberán vivir por ellos y para ellos. ¡Cuántas cosas les diría!
Cuando oigo decir que una pareja se ha separado pienso que no debían haberse casado o que no conocían las reglas del juego, tal vez porque antes no le dijo nadie que una noche podía tener tos y no podría dormir, o que podía roncar, o que podía llegar la droga u otra enfermedad a la que debían hacer frente los dos juntos.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 28 de enero de 2014

El piano.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 enero 2014, martes, Sto.Tomás de Aquino
Fragmento
El piano
-Oigo un piano. Y si oigo un piano es señal evidente de que alguien lo toca.
-A no ser que se repita la historia de Maese Pérez el organista, de Gustavo Adolfo Bécquer.
-¿Te imaginas un piano tocando solo?
-¿Quién que fuera pianista no volvería a tocarlo, si pudiera, después de morir?
-¿No es una prueba de que nadie vuelve al reino que dejó? ¿Qué madre que muriera no volvería a abrazar a sus hijos?
-El misterio del Más Allá, tan bien guardado por Dios que no permite una señal por pequeña que sea.
-Ha habido excepciones: ¿No hubo apariciones de la Virgen? ¿No hubo curaciones milagrosas?
-Si en mí se obrara el milagro, pensaría que había sido un sueño. Con todo, hay situaciones que hacen dudar si lo ocurrido es natural o milagroso. Si tienes, por ejemplo, un viaje en avión, y por algo no puedes montar, y luego se estrella y mueren todos los viajeros, ¿no pensarías que alguien te salvó la vida  de un modo inexplicable? Pero, ¿qué digo? Si desde que nacemos somos un milagro viviente?: Cuanto nos ocurre es debido a otro que me lleva de la mano.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

lunes, 27 de enero de 2014

Juntar dinero.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 enero 2014, lunes
Fragmento

-Oí el otro día, Samuel, que un escritor tenía más de treinta doctorados,
-¿Cómo va a tener alguien tantos doctorados, Julián? No haría más que presentarse a tribunales.
-Hay personas para todo, Samuel. A unos les da por juntar dinero y a otros por estudiar.
-Los hay raros en la fauna humana, Javier. ¿Y para qué querrían tanto dinero? Serían enfermos de avaricia, porque no me explico que habiendo necesidad en otros países, pudieran vivir tranquilos.
-¿Dices en otros países? En el suyo propio. Y no tenían que buscar mucho; en su misma calle se encuentran. Si observaran verían que miran los contenedores por si encontraban algo que llevarse a la boca. Entre diez o doce de estos enfermos de avaricia, tienen más que el resto de los mortales del país.
-Yo tenía la solución para esos ricos, Samuel.
-¿Qué harías, Julián?
-Cerrar por ley sus cuentas del Banco y dejarlos más limpios que una patena. Un sueldo para comer, y se acabó lo que se daba.
-Pero si lo ganaron trabajando…
-¿Quién gana trabajando ese dinero, Samuel? No hay derecho a que unos no coman y otros guarden riquezas millonarias que heredaron de un pariente filipino. En los Títulos está justificado, si no perjudican a nadie: con su pan se lo coman; otros coleccionan estampas, sellos o monedas;  pero juntar quintales de oro en un Banco de Australia habiendo niños hambrientos, hasta ahí podíamos llegar.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

domingo, 26 de enero de 2014

El cine.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 enero 2014, domingo
Fragmentos
            El cine estaba lleno de niños y de padres. Era una venta disfrazada. Si quieres, una venta refinada.
Antes, los libreros exponían sus artículos en escaparates. Luego abordaron al cliente en su casa, en el hotel, en la oficina. Hasta fueron a los colegios, con obsequio incluido a los maestros.
Lo de ayer era más: un ambiente cómodo -el cine-, un público seleccionado –padres y niños-, y una película con mensaje:  "El niño es lo primero".
Y, ¡zas!, en el momento justo, luces en la sala y a ofrecer la mercancía. Señoritas elegantes abordaban a los papás con libros para vender y hojas para firmar.  
El cine se convirtió en un supermercado, donde los clientes, aturdidos, diría que hipnotizados, compraban libros.
……………….
            ¿Maestro con título? Sí, pero, sobre todo, con paciencia y amor. ¿Qué buscamos con el niño? Que sepa leer. Pues paciencia y amor. "Mamá". "Repite". “Mamá”. "Ahora yo: Mamá". "Dí conmigo": “Mamá”. "Yo primero: mamá". "Ahora te toca a ti". "Vamos a leer. Yo primero y tú después, como si fueras el eco: Mi pelota”, “mi pelota". “Mi pelota bota”. “Aquí dice que mi pelota bota”. Ríen los dos. "Vamos a dejarlo; mañana más".
……………….
            La atmósfera es un mar de aire. Nosotros vivimos en el fondo de ese mar. Y construimos casas pegadas a las rocas. No podemos construir fuera; sólo  en lo más profundo. Miramos hacia arriba. “¿Qué habrá más allá? Somos como peces que quisieran saber qué hay fuera del agua. En el intento perecerían.   

Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

jueves, 23 de enero de 2014

Aporía 2.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 enero 2014, jueves, S.Ildefonso
Aporías –A mi querido amigo Francisco Rubio

Murcia, las diez, en mi camarín. He vuelto a leer lo que escribí ayer sobre el tiempo. Quienes me hayan leído, habrán pensado que he perdido el juicio. Y es que hablar del tiempo se las trae. ¿Me quieres decir si no es para pensar que ayer dijera que el presente no existe? ¿Qué lo veo como una puerta por donde pasa el futuro?; ¿donde se juntan futuro con pasado?

Una línea no es un punto, ni una superficie; menos un cuerpo, con tres dimensiones. Una línea es solo longitudinal. Es la puerta por donde cruza lo que viene para ser pasado en adelante. Esa raya, que sería el presente, no tiene más dimensión que largura. Cuanto llega se convierte en pasado, en pretérito. En esa línea angostísima, estrechísima, que sirve de paso, estaría el presente.
Sin solución de continuidad, la vida que nos lleva pasa del futuro al pasado sin advertir el presente. Cierra los ojos y mira el planeta Tierra, que gira alrededor del Sol. ¿Ves algo más que futuro por llegar o que pasado que ya fue? ¿Hay en su camino un punto, solo un punto, que pueda ser presente? Si se detuviera, la Tierra se destruía.

Y ahora me pregunto: Si no hay presente, si el futuro no es todavía y el pasado se perdió por obsoleto y arcaico, ¿qué nos queda? ¿Será lo que vemos un sueño como dijo Calderón? ¿Será real lo que ven los sentidos o será pura ilusión? Yo sueño que escalé en Sierra Nevada, ¿es acaso real porque lo soñara?

De pronto vi la solución. Me vi en medio de una masa humana, formando parte de la vida que nos llevaba como en romería. Todo se transformaba en presente, para poder contemplar lentamente las bellezas que se mostraban a nuestra vista, para meditar sobre las mismas.

Pensé en un tren a mucha velocidad. Los viajeros dentro del convoy hablaban y veían pausadamente cuanto les rodeaba; y hasta miraban al exterior cuajado de estrellas y de mares, sin pensar en pasados ni futuros. Como el viajero del planeta, todo lo miraban en presente, en el momento que vivían.

¿Cabían las dos postura? Me detuve a pensar de nuevo. Vi que de dos maneras diferentes, y hasta opuestas, cabía enfocar el problema. Si yo me encontraba como observador objetivo de la vida, como el que la ve pasar  desde un balcón, era de una forma. Si yo estaba dentro, formaba parte de la misma, se veía de otra. Desde fuera veía la vida sin presente. Formando parte de ella, no había futuro ni pasado.

      Francisco Tomás Ortuño, Murcia


miércoles, 22 de enero de 2014

Aporía.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 enero 2014
Fragmento

Murcia, las nueve, en mi camarín. La vida ha vuelto a la normalidad de siempre. Fui a Inacua temprano, desayuné a la vuelta, etc., etc.. Los días que pasé fuera pasaron, y ahora a recordar momentos vividos… y a esperar acontecimientos nuevos.

Si te fijas, todo se reduce a recordar lo que pasó y a esperar lo que venga. No hay más. El presente es tan efímero, que para mí no existe. ¿Cómo hay quien dice que todo es presente? Yo no veo más que futuro o por llegar, y pasado o que fue. La vida no se detiene a descansar en el presente: apenas llega lo que viene, se marcha.

En lo pasado tiene que haber memoria para recordar que fue, que existió. El futuro, lo que no ha llegado aún y viene de camino, puede perderse, cambiarse o combinarse y dar lugar a otra cosa. Tú esperas a Juan y a lo mejor no llega por diversas circunstancias. Pero si llega se fija, se afianza, se asegura para siempre como era cuando cruzó el presente. Lo pasado no puede cambiar.

Las nueve campanadas me llegan del reloj de la torre. Cuando yo oigo las nueve campanadas, es que ya sonaron en el reloj de la torre. Si el sonido corre trescientos cuarenta metros cada segundo y la torre está de mí doscientos metros, resulta que cuando yo escucho las nueve campanadas han pasado cuarenta y dos centésimas de segundo; o sea, que son las nueve horas y cuarenta y dos centésimas de segundo.

-Pero ¿qué cálculos haces, si cuando lo dices han pasado otras centésimas más de tiempo? No puedes nunca saber la hora exacta si te guías por el reloj de la torre de la iglesia de San Antolín. Cuando tú oyes sus campanadas, allí ya es otra hora.

-¿Qué no será distinto en el avión que lleva a mi hijo a Panamá o que lo trae? Si me fuera posible oír aquí, en Murcia, la hora que suena en Panamá, ¡cuántos cálculos tendría que hacer para saber la hora panameña! Tendría que saber a qué velocidad iba el avión y si iba en una dirección o en otra. Porque si me acercaba a las campanas de Panamá que daban la hora, tendría que restar camino, y lo contrario si venía a España.

Aporía es la dificultad lógica que ofrece un problema. Ya conoces las de Zenón…

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia

martes, 21 de enero de 2014

Libertad.

  1. LIBERTAD
    Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 enero 2014, martes, Sta, Inés
    Libertad
                El mundo de los niños es singular. No tratarlo como tal es forzar su naturaleza infantil.. Cuando en la escuela hay silencio absoluto, impuesto por el maestro, pienso que los muelles están tensos, prestos a saltar. El silencio conseguido con el ¡chist! a cada instante, o la amenaza del castigo, habla de disciplina artificial; lo opuesto al silencio que nace del trabajo, de la misma quietud creadora.
                Si a los niños les mandas que estén calladoss, ya se obtiene un silencio artificial. Si les ordenas que estén sentados, o leyendo un libro, ya estás creando otro silencio artificial. El niño no puede estarse como le digamos los mayores. Su naturaleza se rebela. Si por miedo al castigo no se mueve, su quietud es forzada, antinatural y deformante.
                Dejemos libre al niño, que esté sentado o de pie, que juegue o que lea, solo o acompañado; veremos que pronto se ocupa en algo, pero en algo escogido por él mismo. Entonces se produce un silencio de taller, otro silencio. Esta es la disciplina que ha de buscarse, la que nace de la libertad y se desarrolla libremente, sin miedos ni tensiones.
                                                                                      Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

lunes, 20 de enero de 2014

Reposo.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 enero 2014, lunes
            Por el sueño podemos conocer la salud de una persona. Cuando se duerme mal, algo no va bien. Nadie puede vivir sin dormir. Es el descanso del organismo, del cerebro. Así de simple. Cuando dormimos bien nos mostramos alegres. Cuando nos sentimos irritados, crispados, coléricos, puede ser que estemos faltos de un sueño reparador.
A muchos que gritan o se excitan sin motivo aparente, yo les diría en confianza: "¡Vete a dormir!". Y es que el cuerpo debe segregar alguna hormona traviesa que enferma, y necesita del sueño para librarse de ella.
            Niños que duermen, niños felices; mayores que no duermen, mayores preocupados. El sueño guarda, sin duda, relación estrecha con la salud de la persona: forma parte de la misma como el comer o el respirar. Es el cuerpo como una máquina: después de cierto tiempo de trabajo, necesita reposar; de lo contrario, su mecanismo se resiente.
Unas máquinas necesitan menos horas de reposo que otras. A las personas les ocurre igual: Seguir sus ritmos de trabajo y de descanso, su marcha particular, es lo más prudente y lo más rentable. No cabe sino seguirlas según vayan pidiendo. Ni exigir más de lo que puedan dar ni abandonarlas en un irracional descanso prolongado.
            Según esta idea, que coincide con los ritmos biológicos, cada persona es distinta de las demás. Y cada persona debe ir por la vida a su ritmo. De lo contrario puede forzar su funcionamiento, puede estar perjudicándola o destruyéndola poco a poco.
¿Será tan importante lo que digo que tengamos la solución de la vejez en nuestras manos? ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué se destruye nuestro cuerpo? ¿No será que desde muy temprano le hacemos que funcione mal? Yo haría una prueba: Contratos de trabajo, no horarios por igual para todos los trabajadores.
El mismo Colegio puede ser perjudicial en este sentido. Habría que pensarse en otro tipo de escuelas, en otras estructuras sociales en las que cupiera acoplar los ritmos personales a los trabajos a realizar. Vivimos en un mundo sujeto a revisión, y este punto es tan importante que bien puede valer la pena de considerarlo en serio.

                                                                        Francisco Tomás Ortuño, Murcia

jueves, 16 de enero de 2014

Razón.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 16 enero 2014, jueves, San Fulgencio
Fragmentos
Razón
            La razón debe ser nuestra guía. Si hay desacuerdo entre la razón y los sentimientos, no dudemos en hacer lo que nos dicte la primera.
La razón marca caminos; sea ella nuestra mejor consejera. Por ella el hombre se diferencia de los demás animales.
Contra avaricia, lujuria, ira, soberbia y demás pecados capitales, debe imponerse la razón, ayudada por la voluntad. Aunque vencer sea difícil, heroico
muchas veces, en el triunfo está la felicidad.

            Día otoñal habemus. Mas lo de menos es que sea fresco o que fuera caluroso. Lo importante es que es un día irrepetible.  Un día que pasará a la historia como una estrella fugaz.
¿No causa pavor pensarlo? Un día que se perderá para siempre en el camino, en el polvo de los espacios. Un día, con vida de un día, que nos ha correspondido a nosotros, solo a nosotros, a los que somos  aquí y ahora.
Saludémoslo con alegría, hagámosle grata su vida corta para que tenga el mejor recuerdo. Un día, tan importante para él sus veinticuatro horas, y que dependa de nosotros su felicidad.
¿Hemos pensado que nosotros, todos, cada uno, somos también, como los días, únicos e irrepetibles en el tiempo? 

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia

miércoles, 15 de enero de 2014

Casualidades.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 enero 2014, miércoles, S. Cosme
Casualidades

Murcia, las ocho, en mi retiro. Voy a mi Taco Calendario, que me ayuda a empezar cuando las ideas duermen. “La imaginación es el ojo del alma”, dice su Pensamiento.
-Yo escribí ayer sobre las ideas en mi Soflama. Decía que van en la cabeza y salen como los pájaros de la jaula, si se les abre la puerta; como los toros de los toriles. Y decía que a veces escribes de un tema y te surge otro sobre la marcha. Era la “inspiración”, que llegaba cuando no la esperabas.
-Cuántas obras de la literatura nacerían así, de pronto, cuando el autor no pensaba escribir.
-¿Casualidad?
-Llámalo como quieras, pero nació sin ningún mérito: tropezó en su discurso, reparó en ella, la levantó y la siguió cuando echó a andar de nuevo. ¿Hubiera sido algo la idea sin el atento escritor que salió en su ayuda? No, ella hubiera seguido su camino y se hubiera perdido por la intrincada selva del cerebro.
-¿Mérito del autor? Tampoco. La idea iba en él, pero verla no fue crearla; vestirla no fue producirla. Podía haberla presentado a alguien que no sabía de su existencia: “Te presento a un amigo que nos conocimos ayer”. “¡Hola!, ¿pero es hijo tuyo?”. “No, qué va; lo saqué del maremágnum de lianas, bejucos, enredaderas y matas del bosque cerebral. Pero hijo no es: yo no lo he creado, él existía en mí sin saberlo yo.
-Sin él, yo no sería –protesta el ser rescatado-, él me ha alumbrado. Yo andaba perdido y él me ha sacado a la luz, me ha alumbrado.
-Pero yo no he sido su creador, él existía en mí. ¿Fue acaso Colón el creador de América? El continente existía cuando Colón dio con él y con sus gentes. ¿No sería vanidad desmedida por su parte  pensar que había creado las tierras que encontró? Y yo lo mismo: si encuentro casualmente el germen de una novela, no puedo decir que la creo. Cervantes un día topó con don Quijote, que deambulaba por su cabeza, reparó en él, lo siguió y contó luego lo que le vio hacer. ¿Quién creó a quién? Ninguno sin el otro se hubiera distinguido. Uno, que ya existía, nació por el otro, que lo descubrió; y este no lo hubiera rescatado de no haber existido antes.

-Complicado lo que traes hoy a tu Litesofía. Pienso que quieres transmitir que nadie ha inventado los libros que llevan su nombre pomposamente en el frontispicio.
-Exacto. No hubieran existido si antes no hubieran estado en la cabeza del que los sacó de su mundo.
-O sea que son fruto de la casualidad.
-Tú lo has dicho, tanto como nosotros al nacer. Si yo existo es porque mis padres se conocieron. ¿No es casualidad que entre tantos millones de hombres y mujeres se conocieran ellos para que yo naciera? ¿Buscaban ellos que yo, Yo, naciera? No, nací por casualidad. Mis padres no fueron mis creadores; quizás mis rescatadores de otro mundo que existía, donde yo estaba. Y el cerebro es copia de ese misterioso mundo donde existimos potencialmente y alguien por casualidad nos rescata.
-Vale, vale ya, Jenaro, que te pareces a Platón. ¿Qué dice la hoja del Taco?
-Interesante. Frases de éxito: muchas gracias, por favor, buenos días, te quiero, te felicito… Son oportunas y de efecto inmediato.
-Hasta mañana.

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia