jueves, 31 de enero de 2013

La barba


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 31 Enero 2.013
            LA BARBA
            Fragmento
En una ocasión me dejé la barba. Era verano. Los primeros días no salía de casa, temiendo que me vieran los amigos. En sus comienzos no parecía barba; más bien desidia.
En tal estado de incipiente crecimiento, tuve que ir a renovar mi carnet de conducir. El médico que me atendía me dijo bromeando:
            -¿Se está dejando usted la barba?
            -¿A usted qué le parece? -le respondí riendo.
            -Pues que debe afeitarse: le sienta peor que a un Cristo dos pistolas -terminó.
            Lo del Cristo me hizo gracia; lo comenté en casa. Sentí deseos de claudicar, pero proseguí con la broma. Por la noche, tropecé con unos compañeros.
            -¿Es barba? -me dijeron incrédulos.
            Me limité a sonreír.
            En Cartagena, cuando me vio mi hija, que pasaba unos días con sus tíos,  llegar a la piscina, donde se bañaba con su prima Ana, fue rotunda, sincera:
            -¡Qué feo estás, papá! Luego me pidió riendo que no me afeitara.
Mi sobrino Mariano, por su parte, dijo que parecía un chatarrero. Y el padre de Marisol, que no me conocía, viéndome subir por la escalera, se me quedó mirando; por fin se atrevió:
            -Qué, maestro, ¿de la siega?
            -Sí -le respondí-, buena siega este año por la Mancha. Mi sombrero, gafas oscuras, un pañuelo al cuello y barba de ocho días no eran para menos.
            Luego mi barba fue otra cosa. En su momento busqué modelos de barbas en libros. Di con Larra, del siglo XIX. "Ésta es mi barba", pensé. Mi mujer me la arregló. Salí a la terraza de casa; mi hijo Miguel se mondaba de risa, viendo la nueva forma que había tomado. Sólo por ese rato de sana alegría, valió la pena tenerla. Mi barba siguió en pie, más crecida, más cuidada y más despreocupada de la gente.
            Observé las reacciones que producía mi barba en los demás. Era curioso: me trataban con más deferencia, con más atención, con más respeto. Y las mujeres con más interés. Sin duda, psicológicamente, merecía un estudio aparte mi barba.   

miércoles, 30 de enero de 2013

Variantes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 Enero 2.013, Miércoles,  Sta. Martina
Fragmentos
            VARIANTES
            "Juan escribe", suele decirse. Pero, ¿qué escribe Juan? Porque escribir es, hasta cierto punto, sencillo: basta con abrir un libro y copiar un texto. Escribir admite muchas variantes. Y las personas que escriben, según esas variantes, reciben nombres distintos: poeta, novelista, dramaturgo, cuentista, cronista, ensayista...
Yo no concedo la misma importancia a los que escriben. Copiar de un libro  no es igual que inventar una historia, pongo por caso, como Cervantes con su Quijote. Así que decir que “Juan escribe” es ambiguo para mí, poco explícito, hasta equívoco.
Si me dicen: "Juan ha escrito un libro de arqueología", ya me perfilan mejor la figura de Juan. Si me dicen: "Juan ha escrito un libro de filosofía", lo mismo. Mas, para conocer de verdad a Juan como escritor, para conocer la talla de Juan como escritor, tengo que conocer lo que ha escrito.
En lo que escribe se retrata Juan como escritor mejor que con sus títulos. El  corresponsal de prensa puede ser un magnífico escritor o no pasar de  escribidor de  casos que ocurren a su lado; un historiador puede ser un eximio escritor o quedarse en simple relator de sucesos que ha leído.
El escritor, en suma, es el que dice cosas inéditas y las dice bien. No sé si me explico. El novelista, el poeta, el ensayista, el filósofo, el médico que cuenta experiencias profesionales; el viajero que narra sus viajes y describe las costumbres de los pueblos y de las gentes que visita... pueden ser magníficos escritores o quedarse en simples escribidores.
Sin duda, todos los que escriben no son igualmente escritores para mí.

martes, 29 de enero de 2013

Grupos. Oraciones.


Litesofía –entre literatura y filosofía-,  29 Enero 2.013
Fragmentos
GRUPOS
            La fauna humana es variadísima. Cada persona es diferente. Siete mil millones de especies en el mundo. No me refiero al aspecto físico o externo, que salta a la vista, me refiero a la manera de ser, al carácter y al temperamento.
Hay grupos semejantes, que reaccionan de forma parecida ante los mismos estímulos; son los grupos que conocemos de Heyman-Le Senne, de Krestmer, de Young, de Hipócrates, etc.: nerviosos, sentimentales, coléricos, apasionados... Pero iguales, lo que se dice iguales, nadie es igual a otro.
            Hay personas que obran por que los vean. Me explico: personas que quieren que los demás los admiren. Se desviven por hacer cosas, no tanto por hacerlas como porque los demás hablen de ellos.
Esta forma de ser es positiva, ya que, por una razón u otra, conciben, engendran y obran. No soportan estas personas pasar desapercibidas: quieren ser enfocadas, que se hable de ellas. Y en ese afán, en esa locura de figurar, de destacar, se multiplican, llegan al límite de sus posibilidades.

            ORACIONES
            El estudio de las oraciones gramaticales es apasionante. Y tan complicado a veces que autoridades en la materia no se ponen de acuerdo. Hay matices en las mismas que hacen difícil precisar dónde encuadrarlas. De todas formas, saber si la oración es transitiva o intransitiva, si es impersonal o si es pasiva, es necesario a los profesionales de la enseñanza en el campo filológico.
            Veamos, por ejemplo, estas dos oraciones: "Se vende en la plaza" y "Se vende carne en la plaza". La primera es impersonal; la segunda es pasiva. Vamos a conocerlas. Las oraciones impersonales van en tercera persona del plural: dicen, cuentan..., o en tercera persona de singular con "se": se dice, se cuenta... Las oraciones pasivas: "la leña es cortada por el leñador", pueden ser de primera y de segunda. La anterior es de primera; si decimos sólo: "la leña es cortada"  es de segunda. Tanto las primeras como las segundas de pasiva pueden enunciarse con "se": "la leña se corta por el leñador" o "la leña se corta".
            En estas últimas -segundas de pasiva con "se"- hay ciertas similitudes con las oraciones impersonales con "se". La diferencia está en que las impersonales carecen de una palabra que pueda hacer de sujeto; o si se quiere, carecen de una palabra sin preposición que pueda ser sujeto. "Se vende en el mercado" es impersonal; "Se vende pan en el mercado" es pasiva.
No será correcto decir: "Se vende sacos de carbón" sino "Se venden sacos de carbón" por tratarse de oración pasiva con sujeto-sacos- concordando con el verbo en número y persona.   

lunes, 28 de enero de 2013

Invitados.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 28 Enero 2.013
            INVITADOS
            Fragmento
            Hay pueblos donde mandan forasteros. Personas que llegaron, se afincaron,  y escalaron puestos hasta alcanzar el podio del dirigismo político, social y económico. Yo veo a estas personas, usurpando campos o territorios que no les corresponde; como viviendo de prestado, o fuera de lugar. Encuentro la situación extraña. Estas personas, para mí, no debían de estar donde están. O estar, pero callados, con el permiso de los indígenas, sin opción al estrellato.
 Es humillante para los nacidos dentro, que otras personas vengan de fuera a decirles lo que tienen que hacer. Una situación parecida a la que se produjera si en nuestra casa mandaran los vecinos, o si en España hubiera un gobierno inglés. Algo repugna de esta situación. No es normal que quienes debían sentirse agradecidos por la acogida que se les dispensa, sin voz ni voto en sus problemas, estén ahí, arriba, ordenando lo que hay que hacer. Sencillamente humillante.

domingo, 27 de enero de 2013

-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 enero 2.013, domingo.
Fragmento
-¡Qué situaciones tan difíciles, Claudio!
-Y lo que no se dice, Antón. Cada casa tiene su problema con la dichosa crisis, que nos ha caído del cielo como una maldición.
-En cambio, he sabido que en Bancos suizos o “Paraísos fiscales”, hay cuentas millonarias de españoles. ¿Por qué se llevarían allí el dinero?
-Es claro: por defraudar a la Hacienda pública. Y en esa lista, ahora descubierta, hay nombres tan conocidos como…
-Como quiénes…
-Mejor no decirlos, Antón.
-Sería bueno que se conocieran.
-¿Qué quieres, otra Guerra Civil? No, déjalo así. Que haya paz aunque sepamos quiénes son los corruptos. Y con su pan se lo coman. Mejor será no caer en provocaciones y no ver, viendo, hasta que el horizonte se despeje, que no hay mal que cien años dure. Ya Jesús dijo: “Si te dan en una mejilla, pon la otra”. Y en este caso equivale a: “Si te va mal, aguanta; pero no te rebeles”. Vivimos en momentos críticos: o se rompe el dique y todo se va al traste, o se aguanta con más paciencia que Job, comiéndose la rabia, hasta que se vaya la nube que se cierne sobre nosotros.

sábado, 26 de enero de 2013

Saltar. Metralla. Viajes.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 Enero 2.013, Sábado
Fragmentos
A mi amiga y compañera Isa Mira, intelectual incansable, para que no se enfade conmigo  

          SALTAR
            Hay deportes saludables, como la carrera, el salto, la natación. Pero libremente, sin imposiciones de tiempos ni materiales. Cada cual debe escoger con absoluta libertad, su momento, su lugar y sus condiciones. Lo que va bien a uno puede no ir bien a otro. Incluso lo que hoy conviene, puede no convenir mañana. Y esa medida la marca exclusivamente la naturaleza de cada uno.

            METRALLA
            En las relaciones humanas debemos ser muy prudentes. Sobre todo en el hablar. Debemos ser cautos en lo que decimos. Nuestras palabras pueden ser la metralla que se vuelva contra nosotros, aprovechadas por otros para injuriarnos o destruirnos. Los mismos amigos, por azares de la vida, se revolverán cuando menos lo pensemos. Por eso, cuánto vale la prudencia en el decir.
            La vida está complicada, los ánimos exaltados, los nervios a flor de piel. Vivimos peligrosamente juntos. Es fácil rozar con los demás; fácil y peligroso. En el encuentro surgirá la palabra, el grito, la ofensa, si no se pasa a la acción. Los nervios quedan sueltos y las pasiones descontroladas.
            Yo diría que debemos salir de casa con cuidado de no decir nada comprometido o innecesario. Con suma cautela de no ofender a nadie. Con prudencia. Respetando los territorios que no sean nuestros. En la vida es importante saber no pasar de ciertos límites.

            VIAJES
            Hace tiempo, años, me dí cuenta de la importancia de los viajes para los niños. Entonces se viajaba menos. Había menos coches, menos medios, menos interés quizás. Pensé que el viaje era necesario en la formación del niño, como una escuela viva para conocer mejor la sociedad. Lo escribiría en alguna parte. Ir un niño de doce años a otra población a gestionar un asunto, a comprar algo, a visitar a un amigo o simplemente a no hacer otra cosa que ir y regresar, implicaba salir del campo magnético de la familia, cargar con ciertas responsabilidades y vivir por su cuenta: comprar billete, conocer otro lugar, preguntar, volver, etc.
A la vuelta de los años, la gente ha comprendido, como yo entonces, que viajar es formativo para los jóvenes. Tan corriente es hoy viajar que nadie ya repara en que los adolescentes vayan y vuelvan de un lugar a otro. Hay coches, trenes, barcos, aviones, que cumplen diariamente la función de trasladar a las personas. Los que viven en la costa van al interior; los del centro van a las playas; los de España visitan Francia; los de Londres, París. El mundo ya ha perdido las distancias, y la gente viaja por placer unas veces, por saber otras, pero no cesa de viajar. En grupos o solos. Hombres o mujeres. O sea, que la idea que me vino a la cabeza un día, la intuición  que tuve de que viajar era conveniente, ha traspasado las fronteras de mi cerebro. Viajar por España hoy, por Europa o por el mundo, es como cambiar de habitación en la propia casa.

viernes, 25 de enero de 2013

Fricciones. Aceptar.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 25 Enero 2.13
            FRICCIONES
            La persona es más complicada de lo que a simple vista parece. Difícil conocer a qué obedecen sus acciones y sentimientos. Ahora está de un humor y luego de otro. Ahora obra de tal guisa y después de otra distinta. Factores determinantes de su conducta aparecen y desaparecen por circunstancias fortuitas, ajenas a su persona, de manera que ésta es incapaz de su control.
Una noticia puede crear reacciones en cadena. El gesto de otra persona puede remover el psiquismo de forma impresionante. Estamos sujetos en todo momento a los efectos de sensaciones corporales y espirituales. Si una persona es complicada, ¿qué será la pareja, en continuo roce?, ¿qué será la sociedad?

            ACEPTAR –A mi hija Lina, que me lee todos los días-.
            El "hágase tu voluntad" encierra toda una filosofía; una forma de entender la vida. Hay personas que navegan por el mundo sin metas, sin ilusiones. Les falta quizás concebir de este modo su existencia.  Si en la vida diaria nos sentimos llevados por "esa voluntad" que dirige nuestra vida, nuestros más pequeños actos y deseos, habremos comprendido la filosofía profunda del "hágase tu voluntad".
No es pesimista, ni fatalista. No es resignarse a vivir la vida como viene. No. Aceptar "la voluntad" es vivir cada día, cada momento, sintiendo a nuestro lado la mano firme y amiga de un ser superior que nos guía. Es reconocer que a pesar de creer que hacíamos lo mejor, estábamos equivocados. Es aferrarse con amor a "esa voluntad" y querer sus mandatos, sus decisiones, sus castigos o sus premios. Es hacerse niño y dejarse llevar.
La filosofía honda y trascendente del "hágase tu voluntad" es una forma de vivir sin miedo, seguro y confiado. Es sentirse acompañado por el más sabio y mejor amigo que pueda imaginarse. Es tener a nuestro lado siempre a quien todo lo sabe, a quien todo lo puede. Es vivir tranquilo, sin tensiones ni miedos, sin resentimientos ni envidias. Es aceptar como sabia la decisión de una "voluntad" que nos gobierna. Es hasta jugar a conocer nuestras propias limitaciones, comprobando si acertamos en nuestros propósitos.      

jueves, 24 de enero de 2013

Diplomacia. Voluntad. Dominarse.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 enero 2.013
Fragmentos
             DIPLOMACIA
            En la vida hay que ser diplomáticos. La diplomacia en las relaciones humanas no es servilismo ni hipocresía. Es, más bien, el lubricante que mejora el rodamiento. Las personas diplomáticas quedan bien ante los demás. Pero ese quedar bien es fruto de una mente despierta, de prever las situaciones y de afrontarlas con tacto.
El hombre diplomático jamás se enfrenta airado a su enemigo. Sabe sonreír,   no pierde la calma, ni muestra sus intenciones. Quizás esté la clave de la diplomacia en esconder con siete llaves el yo íntimo, mostrando serenidad, alegría, aplomo, aunque esté lejos de sentirlos.
             VOLUNTAD
            Un hábito se crea con la repetición de actos. Si la actividad es agradable, el hábito no cuesta; si lo que hacemos desagrada, el hábito es más difícil de adquirir. Lo importante es guiarnos por la razón. Que ésta nos marque lo que debemos hacer, y luego ser inflexibles en su cumplimiento.
Escribir algo cada día crea hábito. Escuchar un curso de otro idioma, lo mismo. Si con ayuda de la voluntad cumplimos lo ordenado por la razón, nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos y, en definitiva, seremos felices.  
El hábito es constructivo si nuestros actos están conformes con la razón; en caso contrario, el hábito que se crea es negativo, como beber, fumar o jugar. El hábito de escribir es bueno. Pienso en Amiel, descubierto por Marañón. Cuántos ratos agradables pasaría con su diario, cuántos momentos felices.    
             DOMINARSE
La gente se altera fácilmente, pierde los estribos y grita. Es cosa de los nervios.
            Qué importante es amarrar con fuerza las bridas de nuestras pasiones, ser dueños de nosotros mismos, saber dominarse. A veces cuesta, pero ganar es vencer. Guerra, pues, a perder los estribos.

miércoles, 23 de enero de 2013

Adolescentes


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 enero 13, miércoles.
 ADOLESCENTES
 Difícil trance para los niños es su adolescencia: Sueños, fabulaciones, amoríos, tristezas, soledades, complejos… Mundo revuelto, confuso,  complicado.
 Es en ese momento cuando los niños necesitan más a sus padres, saber de su amor, de su amistad, de su comprensión.
El padre que llega a ser el confidente de su hijo, en quien éste encuentra sinceridad, se convierte en la mejor solución a sus problemas.
Necesita más que nunca de un amigo, de un compañero leal, de un consejero. Necesita comprensión de sus rarezas, comprensión de sus tristezas, de sus amores, de sus soledades y de sus llantos.
El padre que grita al hijo en estas situaciones, no puede ser amigo suyo, ni confidente. No lo ha comprendido. Hay que saber que este niño está cruzando un momento difícil de su vida y que quiere ayuda.

martes, 22 de enero de 2013

Yo


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 22 Enero 2.013, Miércoles
YO
¿Quién soy yo?, ¿dónde me encuentro? Yo, qué palabra tan corta y tan misteriosa. Cada persona tiene su yo diferente. ¿Cómo piensan?, ¿cómo sienten?, ¿cómo son? Yo existo, qué duda cabe. Veo que hay cosas fuera, a mi alrededor. Dentro de mí siento latir mi corazón, siento que respiro, que tengo huesos, músculos, venas... ¿Pero dónde estoy para sentir? En los pies seguro que no; en las manos tampoco; en la cabeza, sí, estoy en mi cabeza. Siento que me encuentro arriba, que resido en esa parte de mi cuerpo.
Pero, vamos a ver, yo siento también que pienso; yo pienso, yo siento. Yo me doy cuenta de que estoy aquí pensando, entre cosas, escribiendo. Y sé lo que hice ayer y antes de ayer. ¿Dónde estoy yo pensando que pienso?, ¿en la maraña de mi cerebro?; ¿desde dónde veo yo que ayer pensé y que lo haré mañana y que lo hago hoy?, ¿dónde está ese yo?
Pero, ¿a quién busca?, ¿es acaso otro yo dentro de mí? Si yo me busco es que ese yo primero existe aparte del otro yo que es buscado. Resulta, pues, que en mí hay tres yoes distintos. Uno superior, juez de mis actos; otro, ayudado por la voluntad, que busca hacer el bien; y un tercero, más íntimo, que encuentra dificultades para manifestarse como quisiera, como a él le gustaría.  Que en mí van tres, no tengo duda: dos que discuten y uno que juzga.

lunes, 21 de enero de 2013

Sorpresas.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 enero 2.013, lunes, Santa Inés
Cada día es como una hoja en blanco. Hay que pasarlo para conocerlo. Pensamos que no va a traer nada nuevo, pero nunca sabremos cierto lo que tiene reservado en un rincón, en un segundo, hasta que no lo veamos con perspectiva de  pasado.
Puede haber noticias agradables inesperadas, como eventos desagradables que no se esperan. La vida es complicada en su aparente simplicidad. Y cada acontecimiento tiene relación con hechos para nosotros desconocidos. Luego ocurren cosas que no nos explicamos, y sin embargo vemos a posteriori que por una serie lógica de implicaciones de todo tipo, no han podido ser de otro modo.
Es curioso, y hasta agradable, pensar que la vida nos reserva sorpresas; que vivimos pendientes de acontecimientos insospechados; que esperamos algo nuevo cada día. Es como vivir esperando siempre la sorpresa del momento. Aceptar como inevitable, tanto lo bueno como lo malo, no es mala filosofía. Hasta divertido y consolador.

domingo, 20 de enero de 2013

Ayer pasé mi Litesofía a los hijos y amigos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 20 enero 2.013
Fragmento

Ayer pasé mi Litesofía a los hijos y amigos. Iba otra vez de la corrupción. Y es que no se habla de otra cosa. Pero ya vale, que lo poco agrada y lo mucho cansa. Hoy prometo no hablar de Política. Hubo unos cómicos en la tele que decían siempre: “Hoy no hablamos de Política” y luego no hablaban de otra cosa.

Mandé también a mis contactos un e-mail con todas las canciones habidas y por haber en el mundo de la música.
-¿Cómo es eso?
-Te ofrece el abecedario de la A a la Z. Pinchas en una y te muestra la lista de cantantes que en el mundo hay cuyo nombre empieza por esa letra. Vuelves a pinchar en otra, y ahora te ofrece las canciones de este cantante sin omitir una. Dile la que prefieres y ahí la tienes, con voz y letra. ¡Una maravilla! ¿Dónde se guardarán tantas notas?

Y aparte las canciones, hay una relación de dos mil películas; sí, has oído bien, dos mil películas del mercado nacional e internacional. Como van ordenadas por orden alfabético, es fácil dar con la que quieres. Solo tienes que tocar el título para que empieces a ver la película de dos horas cómodamente sentado delante del ordenador. Se dice pronto, pero saber que los fotogramas de dos mil películas están allí encerrados, esperando que los llames, es sobrecogedor o a mí me lo parece.

¿Y ver la calle que quieras de cualquier ciudad del mundo?
-¿También?
-También, Teocisto, como te cuento. Dicen que es por vía satélite, pero ¿qué más da? Lo cierto es, lo he comprobado, que escribes: “España, Murcia, Calle Federico Balart” y te aparece la calle con tu casa en primer plano. ¿No es misterioso?
-Es que es por satélite.
-Me da lo mismo; a mí no me descifra el enigma. Luego puse: “España, Murcia, Jumilla, Santa Ana” Y allí que te muestra el convento de frailes rodeado de pinos. Lo tienes que creer porque lo ves, pero no me pidas que lo explique.
-Así hay muchas cosas, Genaro, que muchos presumen saber lo que son cuando de ellas no saben nada.
-Y lo mismo de Japón, China o Madagascar?
-De todo el mundo mundial y de todos los rincones que en el mundo son.
-Como es por vía satélite…
-No me extrañaría que un día apareciera en la pantalla otro planeta con gente queriendo comunicarse con nosotros.

-¿Quién eres?
-Soy de la galaxia Omega.
-¿Cómo hablas español?
-Se configuran automáticamente nuestras lenguas, como ocurre en el Parlamento con los catalanes y los hispanohablantes.
-¿Cuándo venis a la Tierra?
-Preparamos viaje para este verano.

-¿Tú te crees que no puede ser?
-Me lo creo todo. De esta nueva Era todo es creíble. Vamos a suponer que igual que puedes ver cualquier rincón del planeta, pudieras ver otro planeta galáctico o extragaláctico, poblado de seres inteligentes. Sería bueno que nos dijeran cómo viven, si son pacíficos o guerreros, si trabajan…

-¿Sois monárquicos o republicanos?
-Esa fase la superamos hace milenios. Aquí no nos gobierna nadie. Todos miramos por todos y por la Tierra que nos mantiene. Nos regimos por el pensamiento positivo, que rechaza cualquier tipo de agresión.
-¿Creéis en Dios?
-¿Cómo no? Creemos en Dios, que nos creó para vivir felices con Él hasta que cada cual decida no seguir.

-Sería interesante cambiar impresiones con seres extragalácticos, Genaro.   

sábado, 19 de enero de 2013

Ayer me entretuve con la corrupción de los políticos.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 19 Enero 2.013, Sábado
Fragmento

Ayer me entretuve con la corrupción de los políticos. Y es que no pasa día que no cojan a alguno escapando de la Justicia como conejo de monte huyendo de un cazador. Te dije en su defensa que la culpa fue del tren, que iba a toda velocidad y sin control.
-Un tren que va haciendo mal por donde pasa.
-Efectivamente. Yo escribí también un Cuento sobre el mismo tema: Eran varias familias ricas que pusieron a un Administrador para que administrara sus bienes. Como dejaron totalmente la administración de sus bienes en el Administrador… ¿cómo se llamaba?, ¿Aniceto?, no sé, pero es lo mismo, llegó un momento en que éste, sin vigilancia, pidió préstamos bancarios, hizo compras millonarias, despilfarró el dinero en viajes y juergas, hasta que los propietarios se vieron en la indigencia. “¿Qué había pasado?”, se preguntaron. Entonces cayeron en la cuenta de que el dichoso Administrador los había arruinado.
-La culpa fue también de ellos.
-Más que de nadie. ¿Tú crees que en una casa que pongan a una mujer para limpiar, van a dejar que esta limpiadora administre los bienes de la casa? Es que no cabe en cabeza humana. ¿Es que si contratas a una persona para que lleve tus cuentas, no le pondrías un sueldo a su trabajo? ¿Cabe que esa persona te pagara a ti el sueldo que quisiera y no al revés? ¿Cabe que el tal administrador, contratado para aliviarte en tu trabajo, te dijera lo que debes hacer en tu casa y lo que debes enseñar a tus hijos? Es inconcebible.
-El Gobierno de la Nación es así.
-De ahí parten los males que padecemos, Anacleto, no le des vueltas. Una Nación debe ser como una familia y los políticos son administradores a su servicio.
-Es que en la familia nacional hay muchas opiniones y no es fácil ponerse de acuerdo.
-Para eso existe un Congreso de Diputados, Armando. La Democracia es sin duda el mejor sistema de gobierno que se ha inventado. Cualquier asunto, materia, cuestión, propósito o negocio se lleva a la Cámara y a votar. Un voto más gana a los otros. Esa es la gran fuerza de la Democracia.

viernes, 18 de enero de 2013

Por la tele vamos conociendo casos de corrupción...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 18 enero 2013, Viernes
Fragmento

Por la tele vamos conociendo casos de corrupción en la Política. Raro es el día que no salen nombres nuevos de Murcia, Andalucía, Cataluña, Extremadura…, del Partido Popular o del PSOE, que no hayan mangado o birlado millones de euros de las Arcas del tesoro para sus Cuentas particulares.
-Si se conocen, a la cárcel con ellos y que devuelvan lo robado.
-No es tan fácil, Julián. Tienen miedo a que “tiren de la manta”. Y es que hay tanto pringue en el camino que, más o menos, antes o después, de una u otra forma, otros cayeron igual. Ya tocó Cervantes este tema en el Quijote.
-¿Qué tiene que ver el Quijote con la Política?
-Es que este libro lo tiene todo, si se sabe buscar. En el Capítulo XXXIII de la Primera Parte, se cuenta la historia del “Curioso Impertinente”: Anselmo y Lotario eran buenos amigos. Un día Anselmo conoció a Camila, guapa y buena moza, y se casaron.
-¿Y…?
-Anselmo pensó que tenía que probar que su mujer era buena. Y pidió a su amigo Lotario que la cortejara.
-Amigo Lotario, ayúdame a probar que Camila es buena y me quiere, que no pueden con ella ni dádivas ni requiebros.
-Yo no hago eso, búscate a otro.
Pero tanto le insistió que, simulando un viaje, dejó a su amigo en su casa. Y mira por dónde, Lotario que no quería al principio, con la proximidad y la soledad que Anselmo les proporcionaba, fue poco a poco sucumbiendo a los encantos de Camila, de forma que dieron con su lealtad en tierra. Que es de vidrio la mujer –y se debe de cuidar –porque se puede romper.
-¿Y qué tiene que ver el Cuento del Quijote con los políticos?
-Mucho, Julián, tú no sabes lo que fueron esos años de la transición. Los ministerios se inundaron de euros y la tentación era grande. Pienso que la culpa no fue de los políticos. La culpa fue del “tren” que caminaba a toda marcha sin control. ¿Tú qué hubieras hecho si tan fácil te lo ponían?

Naturalezas


Litesofía –entre “lite” y “sofía”-, 17 Enero 2013, Jueves, San Antón
NATURALEZAS
Los niños llevan su plan de vida con ellos cuando nacen,  y nadie los conoce - ni los padres, ni ellos mismos- hasta que se manifiestan. Cada niño es diferente: lleva consigo un potencial de inteligencia, un modo de ser, de pensar, de sentir, de amar, un sello personal único, que lo distingue de los demás.
En el Colegio se quiere adoctrinar a los niños, como si ello fuera posible. Ni el artista más hábil acertaría a proporcionar a cada uno lo que necesita. O se quedaba corto o se pasaba. Y es que ofrece tantos aspectos diversos por atender como figuras un calidoscopio. Es la naturaleza de cada cual la que debe crecer a su ritmo, a su aire. Querer que los niños lleven el mismo paso es absurdo.
            Yo propugno un tipo de enseñanza más acorde con la Naturaleza de cada cual: Una enseñanza general de todo para todos los niños, en la que cada uno tome lo que esté capacitado para tomar, ni más, que no es posible, ni menos, que es injusto.
            Hoy se quiere mandar demasiado en la naturaleza de cada persona, cuando es lo más sagrado que se posee.

miércoles, 16 de enero de 2013

Enfermos


LITESOFÍA –entre literatura y filosofía-, 16 enero 12, Miércoles, San Fulgencio
            ENFERMOS
            Tengo para mí que no hay personas malas en el mundo, perversas. Hay, eso sí, personas enfermas, en el sentido de incompletas, no acabadas, carentes de plenitud en su naturaleza.
El que mata es un enfermo, sin duda; el que viola es un enfermo, como el soberbio, el violento o el envidioso. El hombre sano,  íntegro, pleno, acabado, jamás se suicidaría.
La enfermedad se palpa en el trabajo, en la casa, en la calle, con mayor o menor virulencia. Hay enfermos por doquier.
Centros para curar, sí; cárceles, no. Confundimos fácilmente la maldad de las acciones con la enfermedad del sujeto que las padece.
Para que haya “acto humano”, punible, condenable, se necesita conocimiento, libertad y voluntad. Un enfermo no obra con libertad, no es responsable, por tanto, de sus actos.
No me hables de personas depravadas, crueles; háblame, pues, de enfermos o esclavos del dolor, de la tensión emocional, del calor, del viento o de imponderables.

sábado, 12 de enero de 2013

Me gustaría...

Me gustaría...
cantarte en esta tarde
una bella melodía
cómo me gustaría...
velar tu sueño
mientras te mece María,
formar un trío de voces
con Elena y con Sofía,
y en nuestro canto adorable
que nos mires y sonrías.
Cómo me gustaría.
(Navidad 2007.
Pascuala Pastor Martínez)

jueves, 10 de enero de 2013

Sobriedad


SOBRIEDAD
Yo propondría vivir en sobriedad, con lo justo y necesario, sin pasarse. ¿No existirá una fórmula para medir lo que necesitamos?
Debía de probarse a vivir en sobriedad, empezando por las clases sociales altas. Vivir es un don del cielo, pero vivir sin lo necesario no es humano.
F.Tomás Ortuño
Murcia

miércoles, 9 de enero de 2013

Cada oveja...


CADA OVEJA…


Érase una gata encantadora que vivía muy feliz con sus papás. Tan linda era que las mismas diosas del Olimpo la hubiesen envidiado; y las estrellas del cielo, y las sirenas del mar. Ella, como un encanto más, no lo sabía; o, al menos, no aparentaba saberlo.
    
Un día salió de casa nuestra gata y un hermoso perro le salió al camino. Se miraron, rieron y hablaron mucho. El perro la pidió en matrimonio, y ella aceptó dichosa, estremecida de gozo, creyendo vislumbrar el horizonte azul y rosa de una primavera feliz. Y se casaron...

     Pero, ay, la niebla de sus bellas ilusiones se disipó enseguida: el perro era bueno, muy bueno y hermoso; pero ella era gata y no podía soportar los ladridos de su compañero. Tenía collares y lazos muy bonitos y hasta cojines para dormir. Pero todas las noches, cuando nadie la veía, salía a su jardín y, con los ojos perdidos, lloraba y lloraba.

                        FIN

domingo, 6 de enero de 2013

Orden


ORDEN

 Todos los días pueden ser largos si se ocupan bien. 
¿Habrá algo más importante que llenar un día? 
Un día es mucho tiempo para dejarlo perder. 
Hay que ordenarse ante un día nuevo, sin estrenar, y ser creadores de nuestro tiempo.

Francisco Tomás Ortuño

sábado, 5 de enero de 2013

Cuento "Los deberes"


LOS DEBERES

Mi Cuento “Los Deberes” lo dedico a mi hijo Pascual-Jesús TOMAS PASTOR

A Sergio lo que menos se le daban eran las matemáticas. Jamás llegó a saber lo que significaban las equis entre los números, ni números pequeños sobre otros más grandes. Bueno, para Sergio aquello era chino. Hasta le sabía a chirigota lo de “Equis es igual a menos b más menos raíz cuadrada de b al cuadrado menos cuatro a c partido por dos a”; o aquello otro: “Cuadrado del primero, más cuadrado del segundo, más triplo del cuadrado del primero por segundo, más triplo del primero por cuadrado del segundo”. Se reía de la ocurrencia como si se tratara de un chiste. Pero Sergio llevaba siempre los problemas resueltos y sus notas eran de notable para arriba. Es decir, que Sergio pasaba por alumno brillante sin apenas conocer las cuatro operaciones aritméticas.
Claro que el padre de Sergio era un esclavo de su hijo: todos los días se dedicaba a hacer problemas, traducciones de francés, mapas, análisis…, hasta altas horas de la madrugada. Sergio se acostaba tarde, cansado de acompañar a su padre, tras haberle explicado lo que tenía que hacer, y no sin antes recordarle: “Déjalo todo en mi cartera”.
Al día siguiente, vuelta a empezar. Salir del colegio y ponerse con los deberes todo era uno. El padre salía del trabajo y se encerraba con él a buscar palabras en el diccionario, a dictarle biografías, a resolver ejercicios de lenguaje, problemas de matemáticas, a traducir del libro de francés, a analizar oraciones compuestas…
Se excusaba antes con los amigos por no quedarse un ratito a charlar con ellos: “Hoy no me encuentro bien”, “tengo una visita”. Bien es cierto que no encontraba resistencia alguna por parte de los otros, que, al igual, mostraban gran preocupación y prisa por marcharse.
Sergio no jugaba, no dormía, no hablaba, no se divertía. No disponía de tiempo para nada. Sergio se puso pálido. La anemia lo devoraba: ojos hundidos, tez sin color, debilidad total. El médico le mandó unas inyecciones, reposo y una dieta rica en calcio y en vitaminas. Sergio no fue al colegio una temporada. Los compañeros le llevaban los deberes a su casa. No podía quedarse atrás. Cuando volvió al colegio se ganó otra buena nota y palabras de elogio por su buena aplicación.

Su amigo Pedro tenía más suerte: le pusieron para él solito un profesor particular. Este le resolvía los mil y un problemas que traía para hacer en casa. Venía muy temprano: a las mismas cinco. Por lo que Pedro no podía entretenerse. Salía del colegio y corría para no ganarse una regañina: “Hoy has tardado más que de costumbre; luego terminaremos a media noche”.
El padre de Sergio lo sabía y, en el fondo, envidiaba al padre de Pedro. Pero él no podía permitirse semejante lujo. Sin duda que el profesor particular era caro, pero “los que sacan buenas notas triunfan en la vida”, solía decir el padre de Pedro. Para él, que sacara buenas notas era fundamental, supiera más o supiera menos. “No quiero suficientes. Ya sabes, de notables para arriba. El expediente académico luego es lo que cuenta”.
Bueno, Pedro con el “profe” como le llamaba, no tenía problemas. Todos los días llevaba hechos sus trabajos y las notas eran brillantes. Con todo, no llegaba a ver claro a sus once años que una cantidad disminuyera si la multiplicaba por otra menor que la unidad. Y, vamos, los quebrados es que no sabía por dónde cogerlos.

La ola de “deberes” se extendió por la geografía hispana. Las clases particulares pasaron de ser un lujo de pocos a un artículo de primera necesidad. Aunque no se comiera, aunque se entrampara la familia, había que sacrificarse. Los “deberes” del colegio no admitían paños calientes.  “Puedas o no puedas, hazlo por tus hijos”, se decía en la calle. Las Academias proliferaron: “Clases de todo”, “Solución a tus estudios”, “Se dan matemáticas de primero”, “Clases de física”, “Francés”, “Estudiante de derecho da clases de latín”, “Para aliviar mi paro, doy clases de Primaria, Bachillerato, F.P., o lo que sea”, “Parvulario “El Gorrión”, de siete de la mañana a once de la noche”, “Guardaniños en festivos para que los padres se lo pasen bomba”, “Clases para disléxicos” –la dislexia, se puso de moda-. 

La voz de alarma tuvo que darla don Hilarión, el médico. No pudo permanecer callado más tiempo, aunque su consulta se resintiera. Su ética profesional le hizo exclamar: ¡¡¡Basta!!! cuando le llevaron a Irene, la hija de don Justo.
En la casa de don Justo las cosas no iban mejor: Antoñito le pedía sin la más mínima misericordia:
-Papá, ¿qué quiere decir Monsieur?
-¿Y “tu veux une table” –se oía por detrás.
-Déjame que termine con Aurelio –se defendía el padre.
-¿Cuándo vas a estar conmigo, papá? –decía otro.
-Coge turno, tú vas detrás de Luis.
Y es que don Justo tenía seis hijos, que lo atosigaban con deberes. El más pequeño le pedía que escribiera números del uno al mil, que hiciera quince sumas, quince restas llevando, copiar diez veces la tabla de multiplicar y escribir cinco hojas de copiado. Como era el más pequeño no llevaba mucho trabajo.
Don Justo, cuando había terminado con los otros cinco, suspiraba aliviado, porque pensaba que pronto iría a descansar. El mayor era el que más tiempo le llevaba; y es que el profesor no tenía compasión de él, porque, vamos, ¿cómo se le ocurría ponerle copiar el libro todos los días del prólogo al epílogo? Este hombre acababa con su paciencia y con las papelerías habidas y por haber. Y por si fuera poco, le mandaba resolver cien problemas de álgebra y que hiciera una redacción de lo que había hecho durante el día. ¿Sería una burla? “Pero, ¿qué quiere este hombre que hagas aparte de llenar hojas, de acostarte tarde y de levantarte a las seis de la mañana?”.
Miguel Angel no se resignaba a ir detrás de Irene. Ya eran muchos los días que escuchaba las risas de su hermana por ir ella primero.
-Papá, ¿a cómo venden los tomates en la esquina?
Don Justo no daba abasto. Las preguntas, como dardos, lo acribillaban por todas partes. Unas las contestaba, otras las dejaba para después.
-¿Para qué quieres saber el precio de los tomates?
-Mira este problema: “Pregunta el precio de los tomates y halla el valor de un camión que transporta tres toneladas y cinco quintales métricos de ese producto”.
-Pues deja ese problema, hijo, que la compra en la casa la hace tu madre –bromeaba de vez en cuando.
-Eso es que la “seño” quiere saber dónde venden más baratos los tomates, ja, ja, ja.
-Oye, tío, que mi seño no es ninguna muerta de hambre.

Cuando terminaban, rendidos, iban a dormir. Al día siguiente, temprano, se levantaban para empezar de nuevo. Cuando sonaban las nueve en el reloj de la iglesia, todo estaba preparado para volver al “cole” los pequeños y al trabajo el padre, con sueño y los nervios destrozados.
Un día Irene sucumbió, no pudo más. Era débil por naturaleza y no aguantó la paliza de las últimas jornadas. Se desplomó, vamos. Y es cuando la llevaron a don Hilarión el médico. ¡Cómo la encontraría que empezó a gritar: “¡No hay derecho, esto es inaudito, intolerable!”. Los presentes se asustaron. No comprendían al doctor, que seguía dando gritos de un lado para otro.
Y es que don Hilarión sabía que Luis, un niño de ocho años recién cumplidos, detestaba el colegio porque lo castigaban con escribir cien veces la lección, o sin recreo, si no llevaba los deberes hechos. Hablarle del colegio y ponerse a temblar era todo lo mismo. Era pánico.
Un día le dijo el niño en la visita: “¡Qué suerte tienen los pájaros, tan libres, sin cole y sin deberes!”. Y que Carlos, de doce años, no quería comer, devolvía cuanto le daban y tenía la mirada triste por lo mismo. Y que Julio, de siete... Conocía tantas historias de niños que iban a su consulta, que tuvo que estallar.
La situación era verdaderamente alarmante: las madres no podían salir con sus maridos, los maridos no podían hablar con los amigos, los hijos no podían jugar... Todo un caos que comprometía, sibilinamente, sin ruido apenas, las estructuras sociales y familiares más sólidas.
Don Hilarión luchó a brazo partido contra los deberes escolares, que, según él, atentaban contra la sociedad, contra la familia y contra la misma vida. Hizo una campaña abierta y valiente. Consiguió que le escucharan en el Ayuntamiento, en la Dirección Provincial y en el propio Ministerio.
Reunió a los padres, a profesores, a médicos y a niños. A cuantos competía el problema. Tras largas discusiones, opiniones, razones y deliberaciones, acordaron:
PRIMERO: Que los profesores debían de enseñar sólo en el colegio, con la consiguiente prohibición de deberes para casa.
SEGUNDO: Los niños debían de realizar trabajos escolares sólo en el colegio.
TERCERO: Los padres tenían derecho a descansar en casa tras su jornada de trabajo.
CUARTO: Los niños debían jugar.
QUINTO: Los niños necesitaban dormir.

Desde aquella fecha memorable, los padres fueron felices, los niños crecieron sanos, las familias se unieron y el mundo se apuntó un tanto en la guerra de los nervios.

                   FIN